—Pues bien; voy a decirte la verdad toda. Ha sabido mi situación, se ha enterado de todo, y ahora estoy ya libre y respiro, gracias a él. Ha pagado todas mis trampas; ha liberado mis...
—Sí, lo sé, no lo digas. ¿Y ahora?
—Que dependo de él, que dependemos de él, que vivo a sus expensas, que vives tú misma a sus expensas.
—Es decir, ¿que me has vendido ya?
—No, nos ha comprado.
—¿De modo que, quieras que no, soy ya suya?
—¡No, no exige eso; no pide nada, no exige nada!
—¡Qué generoso!
—¡Julia!
—Sí, sí, lo he comprendido todo. Dile que, por mí, puede venir cuando quiera.