Por consecuencia de esta visita, la reina «envió veinte mil maravedís en florines, los cuales trujo Diego Prieto», vecino de Palos, «e los dió con una carta» a Garci-Fernández, que se los entregaría a Colón «para que se vistiese honestamente y mercase una bestezuela e pareciese ante S. A., e quel dicho Cristóbal Colón recibió los dichos veinte mil maravedís e partió ante S. A...»
También Martín Alonso les escribió a los reyes en favor de Colón y de sus proyectos.
Lo que no está comprobado es que le diera dinero para ir a la Corte, aunque el piloto tenía bien lo que había menester en su casa. El fiscal interrogó sobre este asunto a varias personas, y a excepción de Martín Núñez, que lo había oído, de Antonio Hernández Colmenero, sobrino de los Pinzones, que lo sabía igualmente de referencias, y de Arias Pérez, hijo de Martín Alonso, que contestó saberlo «por que se halló a todo», los demás afirmaron que ignoraban el contenido de la pregunta.
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Las condiciones exigidas por Colón a los Reyes Católicos respecto a las mercedes, honores y privilegios que habían de concederle en el caso de que encontrara lo que prometía, no fueron aceptadas, y el futuro almirante abandonó el real sitio de Santa Fe.
Luis de Santángel y el cardenal Mendoza le manifestaron a la reina cuán sensible les parecía que no se hubiera llegado con él a una inteligencia, porque si los descubrimientos no se realizaran, nada habría que darle, y, en el caso contrario, todas sus reclamaciones serían de muy poco valor en comparación con las ventajas y las honras que alcanzarían España, sus monarcas y el catolicismo.
Doña Isabel se dió por convencida, y de orden suya se partió en busca de don Cristóbal, para que regresara a Santa Fe, donde las capitulaciones serían, desde luego, suscritas en los términos que tenía demandados.
Y lo fueron el 17 de abril de 1492. Se le hace a Colón almirante de las islas que por su mano e industria se descubrieren y ganaren, pudiendo transmitir el cargo a sus herederos y sucesores, de uno en otro, perpetuamente, con las preeminencias y prerrogativas a él anejas; se le nombra virrey y gobernador de dichas islas y tierras, para cuyo buen regimiento será elegida una persona, de tres que proponga por cada oficio; le corresponderá la décima parte de las perlas y piedras preciosas, oro, plata, especias y cuanto se hallase, comprase, trocase o conquistase dentro de los límites de su almirantazgo; conocerá como juez en los pleitos que pudieran surgir sobre tales objetos; y en las empresas que se acometieran para su trato y negociación tendrá derecho a la octava parte de los beneficios, contribuyendo con la octava de los gastos de las armadas.
El título de almirante, virrey y gobernador a favor de Colón fué expedido en Granada, en 30 de abril del mismo año.