De idéntica fecha es una provisión para que los vecinos de Palos le suministren dos carabelas y la gente necesaria para las tripulaciones. Por faltas que habían cometido estaban obligados a facilitarlas, durante dos meses, cuando se les ordenara.
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El 23 de mayo, Colón, acompañado por fray Juan, se presentó con esta cédula a los alcaldes y regidores de aquel pueblo. El 20 de junio, los reyes, viéndola incumplida, dictaron sobrecartas para que el contino Juan de Peñalosa obligase a la entrega de las carabelas, que habían de ser escogidas por don Cristóbal. A fin de asegurar la observancia de estos preceptos, le escribieron al conde de Cifuentes que pusiera a disposición de Juan de Cepeda, trinchante de la casa real, la fortaleza de Palos.
No encontraba el gran marino quien quisiera acompañarle en su viaje, y tuvo necesidad de suplicarles a los reyes que concedieran libertad a los presidiarios que se embarcasen con él. Y así fué acordado. «Diz que es necesario dar seguro a las personas que con él fuesen..., e por su parte nos fué suplicado que se lo mandásemos dar..., e Nos tuvímoslo por bien. E por la presente damos seguro a todas e cualesquier personas que fueren en las dichas carabelas con el dicho Cristóbal Colón..., para que no les sea fecho mal ni daño, ni desaguisado alguno en sus personas ni bienes, ni en cosa alguna de lo suyo por razón de ningún delito que hayan fecho ni cometido fasta el día de la fecha desta nuestra Carta e durante el tiempo que fueren o estuvieren allá con la venida a sus casas e dos meses después.» A pesar de esta cédula, los presidiarios se negaron a embarcarse.
Los reyes no le habían dado a Colón, con destino a los gastos de la Armada, mas que un cuento de maravedís que les prestó Luis de Santángel. Martín Alonso le proporcionó medio cuento, o se lo facilitaron entre él y sus hermanos Vicente y Francisco.
Los Pinzones sustituyeron por otras aceptables las naves embargadas. Y como se aprestaran a acompañar a don Cristóbal en su viaje, y lo hicieron público en Palos y en los pueblos limítrofes, se concluyeron las imposibilidades para el reclutamiento de tripulaciones, y apenas hubo quien se negara a formar parte de ellas; antes por el contrario, lo deseaban todos o casi todos.
Oigamos, acerca de estos hechos, a personas que los presenciaron y a historiadores contemporáneos de ellos.
En los pleitos habidos entre don Diego Colón y la Corona, varios testigos declaran que «Martín Alonso traía tanta diligencia en allegar la gente e animalla como si para él e para sus hijos hobiera de ser lo que se descubriese. A unos decía que saldrían de miseria; a otros, que hallarían casas con tejas de oro; a quién, brindaba con buena ventura; teniendo para cada cual halago y dinero, e con esto e con llevar confianza en él, se fué mucha gente de las villas».
Fray Bartolomé de las Casas, en su Historia apologética de las Indias, refiere que Colón, una vez firmadas las capitulaciones con los reyes, marchó de Santa Fe a Palos, por haber allí «buenos y cursados hombres de la mar» y que en aquel puerto se entendió con los hermanos Pinzones, y especialmente con Martín Alonso, «que era el principal y más rico y honrado, a los cuales casi todos los de la villa se acostaban e acogían, por ser más ricos y más emparentados». Añade las Casas que, según sus noticias, Martín Alonso le había prestado a Colón medio cuento de maravedís.
Noventa hombres deseaba don Cristóbal para lanzarse a la mar, y Martín le hizo con más de ciento veinte, la mayoría de Palos, algunos de Moguer, Huelva, Niebla y Ayamonte, y unos pocos, los menos, de otras regiones.