Mas Pegaso apoyó la cabeza en el hombro de Belerofonte, y no hubo manera de inducirle a emprender el vuelo.

—Bien; pues—dijo Belerofonte, acariciando al aéreo caballo—estarás conmigo mientras quieras. Vámonos sin tardar a decir al rey Iobates que la Quimera ha sido destruída.

Belerofonte abrazó a aquel niño tan bueno, y le prometió volver a verle, y se puso en marcha; pero, años después, aquel niño voló sobre el caballo aéreo mucho más alto que nunca lo hiciera Belerofonte, e hizo cosas mucho más honrosas que la victoria de su amigo sobre la Quimera. Porque, siendo tan tierno y delicado, llegó a ser un poderoso poeta.

CUMBRE PELADA

Eustaquio Bright contó la leyenda de Belerofonte con tanto fervor y animación como si realmente hubiese ido a galope sobre un caballo con alas.

Al terminar se llenó de alegría, al comprender, por el rostro radiante de sus oyentes, lo mucho que les había interesado.

Todos los ojos bailaban, excepto los de Primavera: en los ojos de la chiquilla positivamente había lágrimas, porque se daba cuenta de que había algo en la leyenda que los demás aún no tenían edad de comprender.