[11] A fines del siglo XVIII se encontró en Siberia entre el hielo, conservada por la acción del frío, la momia de un mamuth, cuya especie ha desaparecido.

Existe allí un pueblo, descendiente como el resto de la humanidad, de las hordas que se salvaron del nuevo diluvio en las altas mesetas del Himalaya, pueblo tan de suyo pacífico, que apenas conserva nociones del arte militar, aunque cuenta con una legión de sabios pletóricos de erudición, devorados por la sed de las investigaciones.

Todos ellos acogen con júbilo aquel tesoro de la edad prehistórica, y a porfía tratan de reconstituir los valiosos objetos que han de figurar en preferente sitio en el Museo Arqueológico. Algunos están hechos pedazos, deteriorados otros, incompletos los demás; pero no faltarán hábiles restauradores que los compongan, dando a los remiendos hasta la pátina antediluviana.

Por fin llega el deseado día en que los representantes de la sabiduría oficial dan a luz el luminoso informe confiado a su reconocida competencia o indiscutible autoridad, y presentan, reconstituidos y restaurados ante el más selecto de los auditorios, los preciosos y sin par ejemplares de un hombre, un caballo y diversos objetos de la más remota antigüedad.

«En primer lugar —dice el ponente de la comisión informadora—, han llamado nuestra atención la cabeza y el brazo derecho de una estatua de piedra. La expresión majestuosa de aquella, la actitud enérgica del segundo, extendido hacia el cielo, han confirmado plenamente nuestra primera impresión, de que nos encontrábamos en presencia de un ídolo. Y si no, juzgad vosotros.»

(Enseña los dos fragmentos de la estatua de don Sancho. El auditorio da muestras de aprobación.)

«Siendo este un ídolo —prosigue— hay motivos para creer que ese mueble pintado de blanco, símbolo de la pureza, y con rayas azules, color del cielo, es el altar.»

(Y señala el puesto de agua restaurado.)

«Y que era altar destinado a los sacrificios, lo atestigua esta plancha de metal blanco, que cubre el ara, para recoger la sangre de las víctimas con pulcritud y sin detrimento de la madera.»