—¿Y se convencieron?
—Se encogieron de hombros.
—¿Y te volviste?
—No. Tropecé con un rebaño conducido por lobos y quise persuadir a las ovejas de que eligiesen otros pastores.
—¿Y bien?
—Nada, que prefirieron seguir siendo comidas.
—Ya sabes que nunca he tenido fe en el sentido práctico de tus clientes; pero jamás creí que llegase hasta tal punto la insensatez humana.
—Más que insensatez descubrí en el fondo de todo grande apatía intelectual. Gentes son las que encontré, que por ahorrarse el trabajo de pensar, dieran de buen grado al maestro de escuela que tenían, y aun todas las universidades de añadidura.
—Conozco el género. Son los hombres más difíciles de convertir: los holgazanes contumaces del entendimiento.