Compró una caja de cerillas y las dedicó a la Virgen.
Diariamente, aprovechando la ausencia de los fieles, encendía una ante la sagrada imagen.
Consumida la centésima cerilla, guardó la caja. ¿Había de perder el cartón?
Y aun se acusaba a sí propio de derrochador.
¡Desperdició los cabos de las cerillas! Con ellos, apurándolos menos, y unas ruedecitas de cartón, hubiera podido hacer cien mariposas de lamparilla.
CUATRO SIGLOS DE BUEN GOBIERNO
CUENTO DE LA EDAD MODERNA