Repentinamente, mostrole con el índice la esfera del reloj. La señora de Latour-Mesnil vio que eran las tres; una sonrisa nerviosa crispaba los labios de Juana. Tomose del brazo de su madre y se paseó sin pronunciar una palabra. Suspiraba profundamente de tiempo en tiempo.

Después de algunos momentos:

—Probablemente ya todo habrá concluido—dijo—, porque para esas cosas son muy exactos, y duran poco tiempo, según dicen... pero lo que hay de terrible es que no sabremos nada hasta de aquí a dos o tres horas. He hecho una cosa, que quién sabe si la aprobará usted... pero, ¿a quién podía dirigirme para tener noticias? Me era imposible esperar hasta mañana, porque el señor de Maurescamp, naturalmente, no me escribirá... Por eso, le he rogado a Luis, el viejo sirviente del señor de Lerne, que me envíe un despacho, así que todo haya terminado.

La señora de Latour-Mesnil, anonadada, no contestó sino por un movimiento indeciso.

En ese momento sintieron el timbre del vestíbulo que daba a la habitación del conserje. Como la puerta del hotel había permanecido rigurosamente cerrada toda la mañana, aquel anuncio de una visita parecioles singular.

—¡Ya!—murmuró Juana, acercándose vivamente a una ventana que se abría sobre el patio—. ¡Ya! ¡es imposible!

Corrió la cortina y reconoció en el personaje que subía la escalera de la galería, a un maestro de esgrima, o más bien a un preboste nombrado Lavarede, que tenía por costumbre venir al palacio tres veces a la semana para tirar las armas con el señor de Maurescamp. Muy celoso de su habilidad en la esgrima, a pesar de frecuentar asiduamente la sala de armas, ejercitábase también en su casa, tal vez para no hacer sabedor al público de todos los secretos de su manejo.

La aparición de aquel hombre, en medio de los pensamientos que preocupaban a Juana y a su madre, las llenó de admiración y alarma. Interrogábanse en voz baja con inquietud, cuando un sirviente se presentó a la puerta del salón, y dijo:

—Señora, es el señor de Lavarede, el maestro de armas, que no sabía que el señor barón estuviese de viaje, y pregunta si el señor barón estará muchos días ausente, y si podrá volver pasado mañana.

—Decid que no sé, que se le hará prevenir.