Por su parte, el señor de Maurescamp fue de nuevo hacia la verja, salió del patio y tomó el camino del pueblo, paseándose en él a pasos cortos.

¡Cosa singular! dentro de una hora iba a jugar su vida en las peores condiciones; y aquel pensamiento, por serio que fuese, había sido dominado completamente por ese otro. ¿Qué contestaría su mujer?

En realidad, este hombre, de una energía puramente física, no había podido resistir a las ansiedades que le habían torturado en silencio desde algunos días atrás. Su moral se hallaba afectada por el asombro que le causaba aquel odio sombrío, aquella venganza premeditada, sabia, implacable, con que era perseguido. Habituado a mirar a las mujeres como a juguetes de niño, estaba estupefacto y hasta aterrorizado al encontrar en uno de esos seres débiles y despreciables, una profundidad de miras y una fuerza de voluntad, contra las cuales todas sus fuerzas personales, vigor físico, fortuna, situación social, autoridad de esposo, no tenían ninguna salvaguardia y estaban reducidos a la nada.

Tal vez habría pagado mucho en aquel momento de desaliento, por una palabra de bondad, de interés, y hasta de compasión, de aquella mujer tan despreciada en otro tiempo... Tal vez esperaba encontrarla en aquella contestación esperada...

Al cabo de algunos instantes el muchacho reapareció, saliendo del castillo, completamente tranquilizado con el desenlace de su primera entrevista, con el señor de Maurescamp, ni aun intentó ocultar nuevamente el mensaje de que era portador. Pasaba sonriendo y saludando.

—¡Ah!—dijo el barón deteniéndolo—, ¿Tienes una contestación? muéstramela. Yo sé de lo que se trata y tal vez tengo algo que añadir.

Poníale al mismo tiempo una moneda de plata en la mano.

Tomó la carta, y como el sobre estaba todavía húmedo no tuvo que romperlo, halló dentro el billete de de Sontis que la señora de Maurescamp devolvía, habiendo puesto después de las palabras del capitán, esta breve contestación:

«Le ruego que no se incomode.»

El señor de Maurescamp, después de leer esto, dobló el billete, púsolo en el sobre y lo entregó al muchacho, alejándose en seguida.