Aproximóse la baronesa a su tocador, humedeció su frente y mejillas, por la emoción enrojecidas, y volvió a sentarse, con una falsa sonrisa en los labios, cuando Beatriz entró.

—Señora...

—¡Escúchame, hija mía!... Esta pasada noche reflexionaba... pensaba en ti... pensaba que yo era para ti todo lo que debo ser... todo lo que quiero ser... Soy una anciana enferma... Esa es mi excusa... Tus cuidados, tus buenos oficios me son preciosos, no lo oculto... sería para mí contrariedad muy grande verme privada de ellos.

—Pero, señora, yo absolutamente pienso...

—Sé lo que vas a decir... no piensas abandonarme, y eso me encanta... Sin embargo, si defecto hay en el mundo que me sea antipático y del cual trate de preservarme con el mayor cuidado, es el egoísmo... y la noche pasada me preguntaba a mí propia si el valor extremo que concedo a tu compañía no argüía un poco de aquella pasión con respecto a ti... Así, pues, hija mía, me ha parecido conveniente decirte que de ninguna manera pretendo confiscar tu vida en mi provecho... Eres bonita, hija mía, y a pesar de la adversidad que con tanta injusticia te ha herido, no es imposible, ni mucho menos, que algún pretendiente aspire uno u otro día a tu mano...

—Señora, aseguro a usted...

—¿Que esta circunstancia no se ha presentado todavía, vas a decirme?... ¡Sea! pero puede ofrecerse de un momento a otro... Aquí, como en París, recibo mucha gente, y nada tendría de particular, que el día menos pensado saliese al paso un hombre de gusto y de corazón... (espéralo sentada, se dijo para sí la baronesa). En fin, lo que en resumen quiero decirte es que, si el caso llega, no obstante el sacrificio que tu ausencia fuese para mí, ten la seguridad de que yo nunca sería un obstáculo... Muy al contrario, en mí hallarás el más decidido apoyo... Permitiéndome poner una sola condición, que te parecerá, creo, muy natural... Y es que me prometas no comprometerte a nada sin prevenirme de antemano.

—Señora, ése es mi deber, y puede usted estar segura de que jamás faltaré a él.

—¡Bueno, hija mía! permíteme un beso.

Beatriz se levantó y le presentó la frente.