—En cuanto a eso, no sé qué decirte... ¡Es un carácter tan misterioso!... Dicen que en su tiempo tuvo idea de entrar en el convento... Pero eso tal vez fuera a falta de cosa mejor.
—¿Y tú tía?
—Mi tía se encuentra muy bien con su lectriz... Así es que por su parte no debes aguardar muchos entusiasmos... pero no tiene ninguna autoridad legal sobre Beatriz, quien depende en ese punto únicamente de su tutor, cierto antiguo amigo de su padre, amigo por añadidura muy indiferente... De modo que concluirá por decir amén a lo que a ella se le antoje.
Hubo un corto silencio.
—¿Crees—preguntó Jacques—que Beatriz querrá a mi hija, que se portará bien con ella?
—¿Por qué suponer lo contrario?
—¡Es verdad!... ¿De manera que tu tía me permite que lleve la niña a los Genets?
—No sólo lo permite, lo desea.
De nuevo quedaron en silencio.
—Y bien, querido maestro, ¿es cuanto deseas que yo te diga?