—Es usted muy bueno, señor Máximo—me dijo con voz un poco conmovida...

—Trato de serlo al menos.

—Es usted un verdadero amigo.

—Sí.

—¿Pero un amigo cómo?

—Verdadero, como usted lo ha dicho.

—Un amigo... que me ama...

—Sin duda.

—¿Mucho?

—Seguramente.