Cuida sobre todo de no dejar creer á tu amante que está seguro sin rival; sin la rivalidad, poco dura el amor. Vea sobre tu lecho indicios de otro poseedor de tu belleza, y marcado tu cuello con lascivas señales, y vea principalmente los regalos que otro te hubiese enviado. Si nada te lleva, háblale de las novedades que se venden en la Via sacra. Cuando le hayas sacado bastante, para que no todo sea dar, pídele prestado lo que nunca le habrás de volver. Ayude tu lengua á lo que se proponga tu mente; halágale para mejor perderle; el mortífero veneno se encubre con dulce miel. Si sigues mis lecciones, fruto de una larga experiencia, y no dejas que mis palabras se las lleve el viento, llegará dia en que me dirás «vive desahogadamente.» ¡Cuántas veces despues que yo muera pedirás al cielo que descansen en paz mis huesos!»

Así decia, cuando me delató mi sombra. No sé cómo pude contener mis manos para no arrancarle su blanco y escaso pelo, sus ojos llorosos de vino, y sus rugosas mejillas. ¡Sin casa ni hogar, exclamé, dente los Dioses una miserable vejez, largos inviernos y perpétua sed!

NOTAS AL PIE:

[6] Viene del griego y significa tener sed.

[7] La Aurora.

ELEGIA NOVENA.
ARGUMENTO.

Gracioso paralelo entre la guerra y el amor.

Todo amante es soldado, y Cupido tiene su campo: sí, Atico, créeme, todo amante es soldado.

La edad que conviene para la guerra es la propia para Vénus. ¡Malhaya un soldado viejo! ¡Malhaya un amante anciano! La edad que quiere un general en un bravo soldado, es la que pide una jóven beldad en el poseedor de sus encantos. Uno y otro vigilan; ambos duermen en tierra; ambos hacen centinela: el uno á la puerta de casa su querida, el otro en la de su general.

¡Cuánto camino tiene que hacer el soldado! El amante, cuando su querida está desterrada, la seguirá intrépido hasta el fin del mundo. Atravesará las montañas más altas y los rios más engruesados por las tempestades; cruzará las amontonadas nieves. ¿Conviene pasar los mares? No pretestará los vientos desencadenados; no buscará el tiempo propicio para la navegacion. ¿Qué otro que un soldado ó un amante despreciará la frescura de las noches y los torrentes de lluvia mezclados de nieve? El uno es enviado delante del enemigo como explorador; el otro tiene los ojos fijos en su rival, como en un enemigo. Aquel sitia las ciudades amenazadoras, este la casa de su inflexible dama: más ó menos grandes, ambos baten las puertas para irse á fondo.