EPÍGRAMA
DE P. OVIDIO NASON,
SOBRE SUS AMORES.
Nosotros que éramos poco há en número de cinco libros, somos ahora solo tres: Ovidio, nuestro padre, así lo ha preferido. Si no experimentais gusto alguno al leernos, la disminucion de dos libros aliviará vuestro enfado.
LOS TRADUCTORES.
No hay español medianamente instruido, siquiera no posea la lengua del Lacio, que no conozca á Ovidio por sus célebres Metamórfosis, vertidas al castellano desde antiguo por Antonio Perez Sigler, Felipe Mey y otros; vulgar se ha hecho ya el conocimiento del mismo eminente poeta por su famoso Arte de amar, cuya última edicion española ha publicado recientemente el editor del presente libro; á quien registre nuestras bibliotecas no ha de ser difícil saborear en la propia lengua de Castilla la traduccion que D. Sebastian de Albarado tituló Heroyda Ovidiana y hasta las Epístolas amatorias, causa, segun se dice, de la desgracia y destierro de su autor, que tiempo há fueron traducidas por Diego Megía; pero los Amores, obra la más expontáneamente producida por el génio poético del voluptuoso Ovidio, los Amores, que reflejan fielmente la manera más íntima de ser y de pensar, no solo de su autor, sino de la juventud romana de su época; los Amores, que marcan el grado de la corrupcion de costumbres de la corte de Augusto, digna, por más de un concepto, de profundo estudio; esos Amores son poco conocidos en el mundo literario, y jamás hasta ahora, que sepamos, han sido traducidos á la lengua castellana.
¿Es menguado, acaso, el mérito de las elegías amorosas del autor de las Metamórfosis?
De ningun modo: Ovidio habia nacido poeta; y á pesar suyo, á pesar de la promesa de no componer más versos, hecha á su padre al pedirle perdon, diciendo: «Parce mihi, nunquam versificabo, pater!», los versos, como el anterior, brotaban naturalmente de su mente, como el agua desbordada de manantial fecundo, hasta el punto de confesar él mismo: «Quid quid tentabam scribere, versus erat.» Poeta por naturaleza, entre todos los géneros de poesía, el que mejor se adaptaba á su génio é inclinaciones, era sin duda el amoroso.
En vano se propone escribir un poema en doce cantos, para celebrar al jigante de cien manos Gyges, hijo del cielo y de la tierra; su musa es el amor: «hoc quoque jussit amor!»
Ahora bien; ¿dónde más en su centro pudo encontrarse el génio poético de Ovidio que al cantar sus propios amores?