Pero el Padre omnipotente recorre el grande ámbito del cielo, y registra si hay alguna cosa maltratada de la violencia del fuego que amenace ruina; y viendo que todas estaban en su vigor, vuelve la vista á la tierra, y á los trabajos de los hombres.[134] Sin embargo tiene particular cuidado de su Arcadia;[135] renueva sus fuentes y rios, que no se atrevian aun á correr. Hace que la tierra produzca yerbas; viste los árboles de hojas, y manda que reverdezcan las selvas destruidas. Miéntras discurre por acá y acullá, fixó su atencion en la doncella Nonacrina,[136] y el amor que le causó su vista, le penetró hasta los huesos. Esta hermosa Ninfa no se ocupaba en hilar, ni en componerse los cabellos, sino que despues que recogia con un cíngulo sus vestidos, y con una blanca cinta sus desaliñados cabellos, echaba mano unas veces del ligero venablo, y otras del arco; era compañera de Diana, y no tuvo otra Menalo,[137] que mas agradase á Trivia,[138] pero ningun poder hay durable.
(27) Júpiter toma la figura de Diana para
hacerse querer de la Ninfa Calisto.
Ya habia pasado el sol del medio dia, quando ella entra en un espeso bosque, al que ningun contratiempo habia destruido. En él se quita de los hombros la aljaba, afloxa el flexîble arco, y se recuesta en el suelo entapizado de yerba, sirviéndola de almohada la pintada aljaba. Viéndola Júpiter cansada, y sin guarda: „mi muger, dice, seguramente ignorará este hurto, y si lo supiere, poco importa, son burlas, ¡oh! ¡son burlas de mucho precio!” Toma inmediatamente la figura y vestido de Diana; la dice: „Ó doncella, única parte de mis compañeras, ¿en qué collados has cazado hoy?” Ella, levantándose prontamente, „Dios te guarde, dixo, Deidad, á mi parecer, mayor que Júpiter, aun quando él me esté escuchando.” Oyelo, y se rie, alegrándose de que le prefiera á sí mismo; la da ósculos poco castos, y ménos dignos de una vírgen. Quando se disponia á contar en qué selva habia cazado, se lo impide abrazándola, y no se descubre, sino intentando un delito. Se resiste ella, y se defiende con quantos medios puede una muger. ¡Oxalá lo hubieras visto, hija de Saturno,[139] pues serias mas compasiva! Defiéndese en efecto; ¿pero qué muchacha ó mortal podrá vencer á Júpiter? Sube este al cielo despues de su victoria. Calixto aborrece aquel bosque y aquella selva, testigo de su delito, de donde al retirarse, casi se olvidó de recoger la aljaba con las flechas y el arco que habia colgado de un árbol.
(28) Las Ninfas descubren á Diana la
preñez de Calixto.
FÁBULA V.
CALIXTO ARROJADA DE LA COMPAÑIA DE DIANA.
He aquí á Diana, acompañada de su coro, que entra por el alto Menalo, orgullosa con las fieras que habia cazado; ve á Calixto, y la llama; pero ella huye, temiendo que Júpiter estuviese aun transformado en Diana; mas despues que conoció que las Ninfas andaban igualmente, se acerca á ellas persuadida á que no habia engaño. ¡Ah! ¡quán difícil es que no salga á la cara un delito! No se atreve á levantar los ojos del suelo; no va al lado de la Diosa, ni la primera de todas sus compañeras, como ántes solia; al contrario, guarda un profundo silencio, y con el rubor da señales de su pudor perdido. Diana, á no ser vírgen, hubiera conocido su culpa por muchos indicios; pero aseguran que las Ninfas la conociéron. Ya la Luna iba caminando á llenar por la nona vez su plateado rostro,[140] quando la Diosa cazadora, fatigada del calor de su hermano,[141] entró en un fresco bosque, del que baxaba un resonante arroyo, y corria por las golpeadas arenas. Despues que alabó aquel sitio, tocó con el pie la superficie de las aguas; y alabándolas igualmente, no hay testigo, dice, que nos vea: bañémonos en sus cristalinas corrientes. Se cubre Parrasia[142] de rubor: las demas Ninfas se desnudan, y ella sola busca dilaciones. Desnúdanla al verla dudosa, y su delito quedó luego patente. Atónita ella, y queriendo tapar el vientre con las manos, sal de aquí, la dixo Diana, y no contamines estas sagradas aguas; y la mandó apartarse de su compañía.