En vano implora el favor de su padre y hermana; en vano llama á los supremos Dioses. Despues de tan sensible afrenta, queda pasmada, trémula é inmóvil, así como la tímida oveja, que herida por un viejo lobo, aunque se vea desasida de su boca, le parece que aun no está segura; ó como la débil paloma, que viendo sus plumas salpicadas de su sangre, teme aun las crueles uñas que la habian preso. Vuelta ya en sí, se entrega á los transportes del mas cruel despecho: se arranca los cabellos, se hiere el pecho, y prorumpiendo en un torrente de lágrimas: „¿Qué has hecho, bárbaro? exclama, levantando al cielo las manos. ¿Qué exêcrable crímen has cometido, cruel? ¡Qué! ¿no pudieron ablandarte ni las lágrimas de mi padre, ni sus ruegos, ni el interes de mi hermana, ni los respetables derechos del matrimonio, ni la inocencia de una doncella que te fue confiada? Todo, todo lo has atropellado. Yo me he hecho adúltera contra mi desgraciada hermana, y tú marido de entrambas. No merecia yo tan cruel tratamiento. ¿Por qué no llevas al cabo tus maldades? ¿Por qué ¡ó pérfido! no me quitas esta vida, para que no falte ningun delito? ¡Oxalá lo hubieras hecho antes de cometer tan detestable crímen! Así á lo menos tuviera el consuelo de baxar inocente á la mansion de las sombras.
„Mas si los Dioses han visto una accion tan perversa; si supone algo su poderío; si no feneció todo conmigo, yo espero vengarme de tu atrevimiento. Yo misma publicaré tu delito aun á costa de mi pudor. Si llego á verme libre, toda la tierra lo oirá de mi boca; y si quedo encerrada en medio de este bosque, haré resonar los árboles y rocas con mis gritos y quejas. Á lo menos el cielo y los Dioses, si hay alguno que lo habite, me oirán y vengarán.” Estas voces encendieron la cólera del tirano; el cobarde temió los efectos de las amenazas de Filomela, y estimulado de una y otra causa, asiendo por los cabellos á la desdichada Princesa, la ató los brazos atras, y desenvainó la espada de que iba ceñido.
Á su vista concibió Filomela la esperanza de su muerte, y le presentó su hermosísima garganta: mas quando invocaba el socorro de su padre, y se esforzaba á gritar, el bárbaro la sacó la lengua con unas tenazas, y se la cortó á raiz con el afilado acero. Al caer su lengua en el suelo, parecia que aun murmuraba y se quejaba; y como salta la cola de una culebra, que ha sido separada del resto del cuerpo, así palpitaba y hacia varios movimientos, qual si buscara los vestigios de su señora. Se dice (cosa que parece increible) que despues de una accion tan bárbara, sació aun este monstruo muchas veces su pasion en el estropeado cuerpo.
Despues de tantos delitos, tuvo la osadía de presentarse á su esposa, quien luego que le vió pregunta por su hermana; pero el pérfido, exhalando fingidos suspiros, la dice que habia muerto, y las lágrimas que con arte derramaba autorizaron su impostura. Progne, rasgando entonces los vestidos magníficos con que estaba adornada, y desnudándose de ellos, se vistió de luto, erigió un cenotafio,[179] y tributó á su hermana, aun no difunta, todos los sufragios debidos á los manes. La lloró; pero ¡ah! sus lágrimas debian correr por una causa mas digna de llanto que la misma muerte.
FILOMELA NOTICIA Á SU HERMANA EL DELITO DE TEREO.
Habíase ya pasado un año sin que Filomela hallara medio de noticiar á su hermana su desgracia. La era imposible burlar la vigilancia de sus guardias; los muros de su prision eran demasiado eminentes para poder esperar salir de ella: no tenia lengua con que explicarse; pero el dolor es ingenioso, y proporciona mil arbitrios al desgraciado. Filomela trazó en una tela clara la historia de su desgracia, y por la mezcla de los hilos encarnados con los blancos, dió á conocer á Progne el atentado de Tereo, y el estado á que la habia reducido. Luego que acabó la obra se la entregó á uno de sus guardias, rogándole por señas que se la entregara á la Reyna. Este, sin penetrar el designio de Filomela, la llevó á Progne, consorte del cruel tirano: desenvuélvela esta, y lee en ella la deplorable historia de su hermana. Este triste descubrimiento la reduxo (cosa extraña en una muger) á un profundo silencio. El sentimiento la impidió la articulacion; é intentando prorumpir en exêcraciones contra su marido, la faltaban palabras con que hacerlo. En lugar de entregarse á un llanto desmesurado, solo piensa en su venganza.
FÁBULA VI.
FILOMELA SALE DE LA PRISION.
Celebraban por entonces las mugeres de Tracia en honor de Baco las fiestas que se renovaban cada tres años.[180] Habiendo llegado la noche consagrada á estos misterios, y quando el monte Rodope resonaba con el estrépito de los tambores é instrumentos de metal, salió la Reyna de su palacio con los adornos mismos de las demas Bacantes, coronada de pámpanos: llevaba sobre el hombro izquierdo una piel de pantera, y el ligero tirso en la mano. Rodeada de una multitud de compañeras, corria por medio de las selvas, causando espanto, y agitada de todo el furor que inspira la ira; en una palabra, imitaba fielmente, Baco, á tus sequaces. En fin, habiendo llegado al desviado castillo en que Filomela estaba encerrada, llena el ayre con sus gritos; y despues de haber hecho resonar por todas partes el misterioso nombre de Evoe,[181] hace pedazos las puertas, saca á su hermana de aquel funesto lugar; la viste de Bacante, y cubriéndola el rostro con hojas de yedra, la lleva atónita al palacio de su marido.