Mientras Yole contaba este desgraciado suceso, Alcmena, llorando igualmente, limpiaba con sus manos las lágrimas que derramaba Yole, y un nuevo suceso les templó toda su tristeza, porque Yolao, hermano de Yole, entró en el cuarto en que estaban casi vuelto niño, á quien apuntaba el bozo en las mejillas, y restituido el rostro al estado en que le habia tenido en sus primeros años.[100]
Hebe, hija de Juno, le habia concedido este beneficio, obligada de los ruegos de su marido; y como estuviese resuelta á hacer juramento de que en adelante no haria á ninguno otra semejante gracia, no se lo permitió Temis, diciéndola en tono de vaticinio lo siguiente:[101] „Ten entendido, ó Diosa, que la ciudad de Tebas ya empieza á encenderse en guerras de discordias: Capaneo no podrá ser vencido sino por los rayos de Júpiter: los dos hermanos[102] se acometerán y darán muerte á un mismo tiempo: abriéndose la tierra se tragará al vaticinador Anfiarao,[103] que bajará vivo á ver sus manes: su hijo[104] vengará la muerte de su padre con la de su madre, en cuyo hecho será á un mismo tiempo piadoso y delincuente;[105] y atónito con sus propios males, privado del juicio, y desterrado de su casa, será agitado con la presencia de las Furias y con la sombra y figura de su misma madre, hasta que su muger[106] le pida el fatal collar de oro que le habia prometido, y hasta que yendo á recobrarle de la que antes habia tenido y abandonado, le den muerte sus cuñados, hijos de Fegeo, por cuya causa, y para vengarla Calirroe, su segunda muger, pedirá con instancias al gran Júpiter que aumente los años á sus dos tiernos hijos, y este, movido de sus ruegos, se apropiará la gracia y habilidad de su nuera é hijastra Hebe, y convertirá de repente en varones perfectos á los niños hijos de Alcmeon para la referida venganza.”[107]
Despues que Temis, présaga de lo futuro, acabó de proferir el anterior vaticinio, todos los Dioses movian entre sí varias conversaciones, y murmuraban ¿por qué no habian de tener los demas la potestad de trocar las edades como la tenia Hebe? La Aurora se quejaba de que eran muchos los años de su marido,[108] y necesitaba remozarse. Céres se entristecia al ver que se envejecia su amado Jasion.[109] Vulcano quisiera ver remozado á su hijo Erictonio, y Venus á Anquises. En fin cada uno de los Dioses tenia de quien cuidar, y la tumultuosa sedicion crecia con el favor de los que tomaban partido por los quejosos, hasta que Júpiter se explicó en estos términos: „Si algun respeto me teneis, ¿adonde os precipitais? ¿Está acaso alguno persuadido que puede frustrar la disposicion de los hados? Por el destino se ha remozado Yolao, y los hijos de Calirroe por los hados, y no por ambicion ni por la fuerza deben ser transformados en hombres desde la edad de niños. Para que vosotros lleveis esto con mas conformidad, sabed que yo tambien estoy sujeto á los hados; y si tuviera facultad para trocar sus disposiciones, no estaria Eaco mi hijo consumido de vejez, y Radamanto disfrutaria de la perfecta flor de su edad con mi hijo Minos,[110] que se ve hoy despreciado por el funesto peso de los años, los cuales son causa de que no reine con el órden que antes.” Las razones de Júpiter convencieron á los Dioses, é interrumpieron sus quejas, viendo cargados y oprimidos de la vejez á Radamanto, Eaco y Minos, el cual en su edad florida habia sido espanto de las grandes naciones, que temblaban de solo su nombre. Ahora debilitado con la vejez, le causa miedo y rezelo Mileto,[111] ensoberbecido con el vigor y fortaleza de la juventud, y con ser hijo de Apolo; y aunque rezeloso de que se le pueda rebelar y quitarle el reino, no se atreve á desterrarle de él.
FÁBULA VII.
BIBLIS TRANSFORMADA EN FUENTE.
Espantado, ó Mileto, de un sueño, te retiras voluntariamente, y surcando el mar Egeo en una ligera nave, entras en el Asia, donde, despues de haber edificado una ciudad, á la que pones tu nombre, conoces á la bella Ciane,[112] hija de Meandro, de quien tuviste un hijo llamado Cauno y una hija llamada Biblis, mellizos, y de singular hermosura. Biblis puede servir de egemplo y escarmiento para que las doncellas no tengan otras pasiones que las lícitas, pues encendida y abrasada en el amor de su hermano Cauno, traspasó los límites del cariño fraternal; no le amaba como hermana á hermano, ni se contenia en el modo con que debia amarle. Es cierto que ella no conoció al principio que era fuego de amor su vehemente inclinacion á Cauno, y creia que no pecaba en besarle y abrazarle repetidas veces: engañada mucho tiempo con la falaz sombra de piedad,[113] poco á poco crecia su amor, y ya no visitaba al hermano sin presentarse bien engalanada, deseando con vivas ansias ser tenida por hermosa; y si alli habia alguna que la llevase ventaja, tenia envidia.
(98) Biblis, buscando á su hermano,
es transformada en fuente.
Sin embargo no conocia aun el estado de su corazon, y no formaba ningun deseo; pero interiormente se quemaba: ya le llama señor; ya aborrece el nombre de pariente; ya quiere mas que Cauno la llame Biblis que hermana. No obstante despierta no se atreve á poner en su ánimo esperanzas obscenas; pero dormida se le representa muchas veces lo que ama; y tambien le parece que tiene al lado á su hermano, y se avergüenza de esto, aunque yace dormida. Despedido el sueño calla por algun rato, y despues vuelve á recordar lo que ha soñado; y dudosa en el partido que debe tomar, habla entre sí de este modo: „¡Infeliz de mí! ¿Qué quiere decir lo que he soñado esta noche? Si yo no quisiera que se verificase, ¿cómo ó por qué me acometen estos sueños? Es cierto que Cauno parece bello aun á los ojos de sus enemigos. Él me gusta, y lo amaria apasionadamente si no fuera mi hermano, porque le contemplaria digno de mi tálamo; pero me perjudica el ser yo su hermana. Solo pueden adoptarse y tener entrada en mi corazon estas ideas como cosa de un sueño; pero tal que nunca llegue á verificarse, ni yo á intentarlo. En esta forma y por via de sueño repítase muchas veces en mi imaginacion la dulzura de él, pues en él no hay testigo alguno, y sí un agradable placer. ¡Ó Venus! ¡Ó alado Cupido! ¡Cuán suave seria para mí semejante sueño! ¡Qué complacencia tan grande tendria! ¡Cómo me rendiria y se rendirian mis medulas á la dulzura de él! ¡Qué impreso se quedaria en mi memoria! ¡cuán breve su duracion! y ¡cuán ligera y pequeña la noche, como envidiosa de mi placer! ¡Ó, si no fueras mi hermano, y pudiera casarme contigo, qué bien pudiera ser nuera de tu padre! ¡Y qué bien, ó Cauno, podrias ser yerno del mio! ¡Ó si los Dioses dispusiesen que todas las cosas nos fuesen á los dos comunes fuera de los padres y abuelos! Yo desearia que tú fueses de mas generosa estirpe que yo, y que no tuviésemos unos mismos progenitores. Ignoro pues cual será la dichosa que se case contigo, pues para mí por desgracia tengo los mismos padres que tú, no puedes ser otra cosa que mi hermano, y tendremos los dos solo aquello que nos estorba y perjudica. Pero ¿por ventura han sido vanos y no significan algo mis sueños? ¿Qué eficacia tienen estos? ¿No suelen ser anuncio de la verdad? Mejor órden hay entre los Dioses, pues ellos se casaron con sus hermanas. Saturno tuvo por muger á su hermana Opis, el Océano á Tetis y Júpiter á Juno; pero siendo estos derechos y privilegios de las Deidades, ¿de qué me sirve el comparar los usos humanos con los celestiales, y los enlaces de los hombres con los de los Dioses? El partido que debo tomar es ó expeler de mi corazon este ilícito amor, ó, si esto no puedo conseguir, desear la muerte, dejarme en efecto morir, y que me pongan amortajada en el féretro, en el cual recibiré algunos ósculos de mi hermano. Pero aunque yo me decida á no abandonar el amor que me abrasa, para llevarle al complemento se necesita la voluntad de los dos. Enhorabuena que esté pronta la mia; pero la suya se resistirá, imaginándolo una maldad. Los hijos de Eolo no se detuvieron en casarse con sus hermanas; pero ¿de donde me han venido á mí estas noticias? ¿Por qué me valgo de estos egemplos? ¿Adónde voy á parar? Apartaos de mí, llamas obscenas, y no ame yo á mi hermano de otro modo que el que conviene y es lícito á una hermana. Pero si él se hubiera enamorado primero de mí, ¿acaso tendria yo inconveniente en ser indulgente y condescendiente á su amor? Luego si yo no llevaria á mal que él se me descubriese, y no despreciaria sus solicitudes, me hallo autorizada para descubrirme á él, y manifestarle las mias. ¿Mas cómo podré hablar y confesarle mi amor? Este me precisará á ello; sí, podré hacerlo; y si me detuviese el pudor, un billete misterioso será el medio para declararle mi pasion.” Resolvióse pues á ello, y esta determinacion aquietó su ánimo vacilante. Incorporóse pues un poco; y apoyándose sobre el codo siniestro, dijo: „Vea Cauno lo que ha de hacer, pues yo resuelvo descubrirle mi loca pasion. Pero ¡ay de mí! ¿adonde me precipito? ¿Qué fuego es este que se alimenta de mi imaginacion?” Tomando en la diestra la pluma, y en la siniestra la tabla encerada,[114] empezó á disponer con su mano trémula las voces y palabras que detenidamente meditaba. Al empezar ya duda; escribe, y condena lo escrito; vuelve á escribir, y lo borra;[115] muda, tilda y aprueba; unas veces omite, otras vuelve á poner lo omitido. En fin no sabe lo que quiere ni lo que aprueba, y todo lo que iba á escribir la desagrada, asomándosela al rostro el color del pudor[116] mezclado con el de la osadía. Tenia ya escrito hermana, y desaprobó y borró esta voz, y por último se resolvió á escribir lo siguiente: „Tu amante te envia la salud que ella no tendrá si tú no se la das, pues se avergüenza de manifestar su nombre. Si me preguntas lo que quiero, desearia podértelo decir sin manifestar quien soy, y que no supieses que soy Biblis antes de haberme asegurado la esperanza de conseguir mis deseos. Mi languidez,[117] mis ojos muchas veces húmedos, mis suspiros nacidos de una causa oculta en mi interior, mis repetidos abrazos y besos, que si los notaste no podian parecer de hermana, pudieron serte indicios de que mi pecho estaba poseido de tu amor. No obstante, aunque mi corazon estaba gravemente herido, aunque el fogoso furor estaba dentro de mí, hice[118] todos los esfuerzos que pude (los Dioses me son testigos) para tranquilizarme. ¡Ay triste! peleé mucho tiempo para huir de las violentas armas de Cupido: padecí mucho mas de lo que puedes imaginarte en la resistencia de una jóven. En fin he quedado rendida, y me veo obligada á confesarlo, y á pedirte condesciendas á mis tímidos deseos. Tú solo puedes conservar ó perder á esta amante. Elige cual de estas dos cosas quieres egecutar. No te ruega esto tu enemiga, sino la que estando muy emparentada contigo, solicita estarlo aun mas, y unirse con unos vínculos mas estrechos que los de la sangre. Quédese para los ancianos el examen de las leyes, y el inquirir qué sea ó no lo lícito y lo honesto: y qué es lo que aquellas permiten ó prohiben: el inconsiderado amor es propio de nuestros años. Todavía ignoramos lo que sea lícito; creemos que todo lo es, y en esto imitamos los egemplos de los grandes Dioses: á nosotros no nos pondrán impedimento ni el cruel padre, ni el temor ni la reverencia de la fama: no nos dejamos asustar de vanas fantasmas. Ocultaremos nuestro amor bajo el nombre de hermanos. Yo tengo libertad de hablar contigo en secreto y en público, y como hermanos nos son permitidos los ósculos y los abrazos. ¡Qué poco falta para que seamos felices! Apiádate de la que te confiesa su amor, y de la que no lo hiciera si no fuera precisada del último extremo á que ha llegado su amoroso ardor. Y no quieras que se escriba en mi triste sepulcro la causa de mi muerte.”[119]
Habia ya llenado todo el billete, y aun tuvo que poner á la márgen las últimas palabras. Inmediatamente envolvió y cerró lo que delincuentemente habia escrito, sellándolo con su anillo,[120] al que para ello humedeció con sus lágrimas, porque la lengua se le habia quedado absolutamente sin saliva. Vergonzosa llamó á uno de sus criados, y despues de haberle halagado le dijo: „Lleva, ó fidelísimo, este billete á mi... y despues de largo rato añadió hermano.” Al darle al criado se le cayó de las manos. Turbóse con el agüero;[121] pero sin embargo lo envió. Valiéndose el criado del tiempo y ocasion oportuna, llega y entrega el cerrado billete. Luego que Cauno leyó los primeros renglones fue tan grande su sorpresa, que le sobrecogió, y sin querer continuar en la lectura le arrojó con ira, y conteniendo con dificultad sus ímpetus de dar de bofetadas al criado, que estaba temblando, le dijo: „Perverso apoyador de una maldad prohibida y execrable, retírate al punto de mi presencia, pues si con quitarte la vida no ofendiera mi propio pudor,[122] aqui mismo pagarías tu atrevimiento muriendo á mis manos.”