Himeneo, que habia asistido á las bodas de Ifis, partió desde ellas á las de Orfeo; pero fue con mal agüero, pues de alli á poco perdió este dos veces á Eurídice; una cuando murió mordida de una serpiente, y otra cuando la sacaba de los infiernos. Orfeo con este suceso quedó tan asombrado, como aquel á quien la vista del Cancerbero deja convertido en piedra. Despues de esto, como para alivio de sus penas cantase al son de su lira en un monte muchas y varias transformaciones, vinieron á él y le rodearon todos los árboles de aquella montaña, y entre ellos el pino en que habia sido convertido Atis, y el ciprés en que habia sido transformado Cipariso.
FÁBULA PRIMERA.
EURÍDICE MUERE DE LA MORDEDURA DE UNA SERPIENTE.
Desde las bodas de Ifis partió el Dios Himeneo por los aires cubierto con un vestido amarillo, y llegó á las playas de Tracia, en donde fue inútilmente invocado por Orfeo[142] para que asistiese á sus bodas. El asistió efectivamente á ellas; pero ni profirió la cantinela nupcial, ni fue con buen semblante ni con feliz agüero. La antorcha que tenia en las manos no ardia ni se encendia, aunque se le aplicaba el fuego, ni hacia otra cosa que rechinar y apagarse, despidiendo un humo que hacia salir las lágrimas de los ojos. El suceso fue mas triste que los anuncios; porque mientras la recien casada[143] andaba discurriendo por un florido prado, acompañada de una tropa de Náyades, la acarreó la muerte la mordedura que la hizo una serpiente en un talon.
(100) Corriendo Eurídice por un prado con otras ninfas
es mordida por una serpiente y muere.
FÁBULA II.
BAJADA DE ORFEO Á LOS INFIERNOS.
Despues de haber llorado Orfeo la pérdida de su esposa, y haber llenado los aires de ayes y lamentos, para hacerlos tambien resonar en la region de las sombras, formó por último el atrevido designio de bajar á los infiernos por la cueva y entrada que está en el monte Ténaro;[144] y caminando por entre una multitud de leves sombras de las almas de los que habian logrado el honor de la sepultura, se presentó ante Proserpina y Pluton, que son los que reinan en aquella triste region, é hiriendo las cuerdas armoniosas de su lira, las acompañó con la cancion siguiente: