El Lucífero su padre estuvo aquella noche oscuro y desconocido; porque como no podia bajar del cielo en aquel triste momento, cubrió su rostro con densas nubes. Alcione entre tanto, ignorante de tan calamitosa desgracia de su esposo, estaba contando las noches de su ausencia; y esperando vanamente su vuelta, preparaba los vestidos con que habia de engalanarse cuando volviese, y las joyas con que ella habia de adornarse en aquel suspirado momento. Ofrecia inciensos á todos los Dioses, y principalmente en los templos de Juno, y se postraba ante las aras por su marido que ya no existia, y rogaba por su salud y su vuelta, y porque la prefiriese siempre y no se enamorase de otra; pero de tantos votos y súplicas esta última era sola la que se podia verificar. La Diosa, no queriendo ya que se le rogase mas por la salud de un difunto, ni se ofreciesen por él sacrificios en sus aras, llamó á Iris, y la dijo: „Iris, fidelísima embajadora mia, marcha al punto al palacio del Dios del sueño, y dile de mi parte que envie á Alcione un sueño que la represente la imágen de su marido que ha padecido naufragio, y la haga entender esta verdad.” Apenas dijo esto, Iris, vestida de mil colores, y señalando en el cielo su corvo[224] arco, se encaminó como se lo habia ordenado al palacio del Sueño, que estaba oculto entre unos peñascos.
En el pais de los Cimerios[225] hay una cueva dilatada en la concavidad de una montaña, en donde el perezoso Sueño tiene su palacio y habitacion: jamas penetran en ella los rayos del sol, ni cuando nace, ni cuando está en lo mas alto, ni cuando se pone: la tierra exhala unas densas nieblas mezcladas de oscuridad, y la escasa luz de aquel sitio es como la del crepúsculo: jamas los gallos anuncian alli la vuelta de la Aurora: jamas los perros, guardas fieles de una casa, ni los ánsares, mas sagaces todavía que estos, interrumpen con su ladrar ni graznidos el tranquilo reposo que alli reina. Ni la fiera, ni los ganados, ni las ramas agitadas del viento, ni las voces de los hombres hacen ruido alguno: aquella es propiamente la mansion del mudo silencio. De lo mas bajo del peñasco sale un arroyo, que alguno diria ser el Leteo, cuya corriente, causando un dulce murmullo en las piedrecillas, convida á dormir. Á la puerta de la cueva se crian fecundas adormideras[226] y otras muchas yerbas, de las cuales la noche extrae el jugo soporífero, y lo esparce por el orbe oscuro de la tierra. En toda la casa hay puerta alguna cuyo quicial rechine al abrirla ó cerrarla, ni tampoco hay ningun guarda á su entrada. En medio de ella hay una alta cama, cuya armadura es de ébano, sus colchones de plumas, todo negro como la ropa que la cubria: en ella yacia el Dios del sueño con sus miembros como desfallecidos y desmayados. Al rededor de la cama estaban postrados una multitud de vanos sueños, que saben remedar todo género de figuras, y que son tantos en número como aristas tiene la mies, hojas las selvas, y la playa granos de arena. Al entrar Iris en esta cueva apartó con las manos los sueños que estorbaban su paso, y se acerca á la cama del Dios: iluminóse la estancia con el resplandor de su vestido, que hiriendo los pesados y soñolientos ojos de aquel, se los hizo abrir, aunque con dificultad, y levantar la vista un poco, volviéndose al momento á quedar medio dormido; pero por último despertó algo, y levantando la cabeza, y tocándose el pecho con la trémula barba, y apoyado sobre el hombro izquierdo, le preguntó á Iris (pues desde luego la conoció) cual era la causa de su venida. Ella entonces le dijo: „¡Ó Sueño! que eres el mas agradable de todos los Dioses: ¡ó Sueño! descanso de las fatigas, tranquilidad del ánimo, enemigo del desasosiego, que halagas y reparas para que continúen el trabajo los miembros fatigados con las diarias tareas, dispon que los sueños que remedan á la perfeccion las verdaderas figuras, vayan á Trachinia, y presentándose á Alcione bajo la imágen del Rey Ceix su esposo, le representen su naufragio. Juno es quien lo ordena, y me ha encargado esta diligencia.” Despues que Iris desempeñó el precepto de Juno se retiró, porque no podia tolerar mas la eficacia soporífera ni los vapores soñolientos de aquella casa, y sintiéndose acometida del sueño, se apresuró y volvió por el mismo arco en que poco antes habia venido. Entonces el Dios, de entre la multitud de los sueños que rodeaban su cama, escogió á Morfeo, artífice é imitador de las figuras.[227] Ninguno con mas destreza que él remeda y representa cuando se le manda el modo de andar, la fisonomía, el eco y sonido de la voz, los vestidos y las palabras que son mas usadas del que quiere figurar; pero este sueño solo imita y representa á los hombres; mas el otro, á quien los Dioses llaman Icelo, y los hombres Fobetor, se reviste de la figura de fiera, de ave, de serpiente, y de los demas seres del reino animal. Hay otro de tercera especie, llamado Fantaso, que se transforma en tierra, en peñasco, en agua, en madero, y en cualquiera cosa inanimada. Estos tres sueños solo frecuentan de noche los palacios de los Reyes, de los Grandes y Generales, y representan sus figuras; los demas sirven para la plebe. De estos no hizo caso el Dios anciano, y de aquellos tres hermanos eligió á Morfeo para que desempeñase el encargo y mandato de Juno que le habia intimado Iris, y al punto volvió á dejar caer su cabeza cargada de sueño, y se cubrió con la ropa de la cama.
Morfeo vuela por la oscuridad sin que sus alas hiciesen ruido alguno, y en pocos instantes llegó á Trachinia, y depuestas las alas, tomó la figura de Ceix, y se presentó ante la cama en que dormia Alcione, descolorido como un difunto, sin vestido alguno, y destilando agua su barba y cabellos. Entonces recostándose sobre el lecho, y con lágrimas que le caian por las mejillas dijo de este modo: „¿Conoces á tu Ceix, desgraciada esposa mia? ¿Se ha desfigurado mi rostro con la muerte? Mírame, y me conocerás fácilmente; pero en lugar de tu marido hallarás solo su sombra. Tus votos, ó Alcione, y tus sacrificios de nada me sirvieron: he muerto; no te prometas ni esperes vanamente volverme á ver. El austro llovedor se enfureció contra la nave en el mar Egeo; levantó una deshecha tempestad, y la sumergió con un fuerte torbellino: yo clamaba invocando y repitiendo en vano tu nombre, y en esta actitud inundaron y cubrieron mi boca las olas. No son estas noticias dadas por un autor sospechoso, ni estás oyendo vagos rumores: yo mismo que estoy presente te anuncio mi desgracia y mi naufragio. Levántate prontamente; abandónate al llanto; vístete de luto, y no permitas que mi sombra baje al tártaro, morada de las almas, sin haber sido llorada.” Morfeo dijo todo esto imitando la voz de Ceix, de modo que Alcione creia que era él: tambien remedó su llanto y todas sus acciones y disposicion. Alcione entre sueño empezó á gemir, llorar y á extender los brazos, y en vez del cuerpo de su marido abrazó el aire sutil, y empezó á exclamar: „Detente, ¿dónde te vas? ambos partiremos juntos.” Turbada con la voz que habia oido, y con la figura que habia visto de su marido, despertó sobresaltada, y á la luz que habian entrado los criados que acudieron á sus voces, registró mirando á todas partes si estaba alli el que poco antes habia visto, y no hallándole en parage alguno, empezó á sacudir y golpear con la mano el rostro y pecho, á rasgar sus vestidos, y á arrancarse los cabellos, diciendo á su aya, que la preguntaba la causa de su llanto: „Ya no hay ni tienes á Alcione; ya no existe; feneció con su querido Ceix; no te empeñes en consolarme: murió ahogado en el mar, y acabo de verlo, le conocí, y al irle á coger las manos para detenerle, y que no se fuese, se me desvaneció como sombra, y sombra bien propia, expresiva y verdadera de mi idolatrado esposo, aunque no tenia aquella alegría de semblante que antes, sino que le ví descolorido, desnudo, y con el cabello destilando agua todavía. Sí; este es el mismo sitio donde estuvo el infeliz:” y miraba si en él habia dejado alguna huella ú otra señal, y entonces soltando las riendas á su dolor, hablando con su esposo, á quien aun imaginaba presente, se quejaba de este modo: „Ó desgraciado Ceix, tu naufragio era lo que yo temia, y lo que me anunciaba el corazon, y por eso te rogaba tan encarecidamente que no te apartases de mi compañía, ni te entregases á la inconstancia de los vientos; pero ya que ibas á perecer ¡ojalá me hubieras llevado contigo! ¡Ay! ¡y cuán bien me hubiera estado el ir en tu compañía, pues no hubiera vivido apartada de tí un momento, y hubiéramos muerto juntos! Ahora muero sin tí, y aunque ausente soy despojo de las olas en que fuiste sumergido, y sin embargo de estar lejos, el mismo mar es el sepulcro de mi cadaver. La memoria de tu naufragio no será mas cruel que el mar y las olas que te anegaron, si tuviera gusto en alargar mas mi vida y sobrevivir á tu desgracia; pero no sobreviviré ni me apartaré de tí, y te seré compañera en la muerte, y si en el sepulcro y la urna no se uniesen nuestros huesos, á lo menos estarán unidos nuestros nombres en el epitafio.” El dolor no la dejó proseguir, pues cuando iba á pronunciar las palabras eran interrumpidas con el llanto[228] y con los gemidos en que la hacia prorumpir la afliccion de su corazon.
Luego que amaneció salió fuera de su palacio dirigiéndose á la playa, buscando afligida el sitio desde el cual habia estado mirando la partida de su marido: en él se detuvo; y observándole detenidamente, decia: „Desde aqui se hizo á la vela; aqui fue en esta misma playa donde al partirse me dió los últimos abrazos;” y cuando estaba mirando y remirando todas estas cosas, tendió su vista hácia el mar, y á larga distancia vió nadando sobre el agua una cosa que parecia un cadaver. Al principio no podia distinguirse lo que era; pero acercándose con las olas, llegó á conocerse que era un cuerpo, y aunque ignoraba quien fuese, se conmovió y asustó considerándole de algun náufrago, y como si se condoliese de un desconocido dijo: „¡Ó infeliz, cualquiera que seas, é infeliz de tu esposa si eres por ventura casado!” El cuerpo se fue acercando poco á poco, con las olas, y cuanto mas lo mira Alcione, tanto mas se aumenta su turbacion. En fin cuando ya estaba cerca de la playa y á distancia que pudiese ser conocido, le miró con mas atencion; y viendo que era su marido, exclamó: „Él es, él es;” y al mismo tiempo se hiere el rostro, arranca sus cabellos, rasga sus vestidos, y extendiendo hácia Ceix sus trémulas manos, dice: „¡Asi, carísimo esposo, asi, infeliz, vuelves á mí para acrecentar mi dolor!” y arrebatada del mas fiero sentimiento, dió un gran salto que parecia vuelo, y efectivamente lo era, y se puso sobre una especie de muelle que servia para que en él se quebrara y amansara la impetuosidad de las olas, y desde alli convertida en ave, é hiriendo el aire con las alas que la acababan de nacer, iba volando sobre la superficie de las aguas, y al mismo tiempo en lugar de lamentos su boca convertida en pico proferia un sonido triste y lastimoso. Mas luego que llegó á tocar el cuerpo de Ceix lo abrazó con sus recientes alas, y empezó á besarle con el duro pico. Aquellos que habian acudido á la ribera, observando que el cadaver se incorporaba algo, dudaban si seria porque hubiese sentido las caricias de su esposa, ó si el ímpetu de las olas le habia hecho tomar aquel movimiento; pero fue porque las habia sentido, y porque apiadándose de ellos los Dioses, los convirtieron en aves. Desde esta transformacion se conservan el mismo mutuo amor; y durante los siete dias[229] que la hembra está en huevos en el nido, sostenido sobre la superficie del agua, el mar está tranquilo y navegable; y Eolo, en obsequio de sus nietos,[230] tiene los vientos encerrados para que no salgan á alborotar los mares.
FÁBULA VI.
HESPERIA HUYE DE ESACO.
Entre los que fueron testigos de aquel espectáculo habia un hombre anciano que alabó el amor y fidelidad de los dos esposos. Otro que estaba cercano á él, ó acaso el mismo, dijo: „Si lo permitió la suerte, este tambien que mirais surcar el mar, y traer las piernas encogidas (enseñándoles el mergo, cuyo cuello es espacioso, y que por alli pasó casualmente), es de familia Real; y si quereis subir hasta sus antepasados por su órden, hallareis que desciende de Ilo y de Asaraco, y de Ganimedes arrebatado por Júpiter, del viejo Laomedonte y de Príamo,[231] en cuyo tiempo fue destruida Troya, y que fue hermano[232] del famoso Hector; el cual, si no hubiera sido transformado en la flor de la juventud, acaso no hubiera sido inferior á Hector por sus famosas hazañas, aunque este era hijo de Hécuba, hija de Dimantes, y aquel, que se llamaba Esaco, de una Ninfa campestre llamada Alexirroe, que lo parió á escondidas en el monte Ida. Este tal Esaco no gustaba de las ciudades, y retirado del magnífico palacio, frecuentaba los secretos montes y los retirados campos, y no asistia sino alguna que otra vez á la corte de su padre: no obstante nada se le notaba de rusticidad en sus costumbres, ni su corazon era insensible al amor. Cierto dia, despues de haberla buscado por todas las selvas, halló y vió á la hermosa Hesperia, hija del rio Cebreno,[233] que en la ribera de él estaba enjugándose al sol los cabellos, que tenia tendidos sobre sus hombros. Luego que le vió echó á huir la Ninfa, como la espantada cierva huye de un lobo, ó como un ánade apartado del lago, que ve al gavilan que va á arrojarse sobre él. Esaco, á quien el amor dió alas (como el miedo parecia haberlas dado á la Ninfa), la persigue con ligereza; pero una víbora que se ocultaba en la yerba la pica en un pie,[234] y esparciéndose el veneno en su cuerpo, dejó á un tiempo de correr y vivir. Desesperado Esaco de un accidente tan funesto, abraza tiernamente á la Ninfa, que acababa de exhalar el último aliento, y exclama: „Pésame, pésame de haberte perseguido; pero yo no rezelaba esto, ni á tanta costa tuya pretendia la victoria. Querida Ninfa, nosotros dos te hemos quitado la vida. La víbora te hirió, y yo he sido la causa principal. Yo seria mas delincuente que ella si con mi muerte no vengara la tuya.” Despues que dijo estas palabras se arrojó al mar desde un alto peñasco. Tetis, apiadándose de él, lo recibió con suavidad y blandura; lo cubrió de plumas en tanto que fluctuaba sobre el mar, y de este modo le impidió morir, aunque él no deseaba sobrevivir á su amada Hesperia. Indignado contra la mano favorable que le protege, se queja de la crueldad del destino que le obliga á vivir. Con las nuevas alas se levanta en el aire, despues se arroja con impetuosidad para precipitarse; pero sus plumas interrumpen el ímpetu de la caida. Esaco se enfurece, se sumerge en lo profundo, buscando en vano medios con que darse la muerte que huye de él. El amor le pone flaco: las canillas y cuello se alargan: la cabeza la tiene distante del cuerpo: ama las aguas; y como se sumerge sin cesar, le ha quedado el nombre de mergo.[235]
NOTAS
[1] Fue uno de los cuatro hijos de Pandion, Rey de Atenas, y hermano de Progne y Filomela.
[2] Era el hado que mientras tuviese aquel cabello no podia perder el reino.