ENEAS Y ANQUISES.

No obstante, el destino no permitió que con la ruina de los muros pereciese enteramente la esperanza de la reparacion de Troya. El piadoso Eneas sacó sobre sus hombros á los Dioses penates y tutelares, y en su padre llevó otra nueva deidad, que era para él una carga venerable. Con la precipitacion solo pudo escoger, entre tantas riquezas como dejaba, á su anciano padre y á su hijo Ascanio. Habiendo salido prófugo del puerto de Antandros, pequeña ciudad de Frigia, con su flota, y aprovechándose de un viento favorable, deja á un lado las playas abominables de Tracia, y la tierra que aun estaba manchada con la sangre de Polidoro, y entra con próspero viento, rodeado de sus compañeros, en Delos, ciudad consagrada á Apolo. Anio, sacerdote de este Dios, y Rey de la isla, le recibió favorablemente en el templo y en su palacio; le enseña la ciudad, los dedicados templos, y los dos árboles que en otro tiempo sirvieron de apoyo á Latona, y se asió de ellos cuando parió á Apolo y á Diana. Despues de haber hecho un solemne sacrificio, en el que quemaron incienso, derramaron vino sobre él, y consumieron al fuego, segun solemne rito, las entrañas y fibras de los animales sacrificados, se entraron en el Real palacio, y sentados á la mesa, ricamente preparada, les sirvieron en ella los abundantes dones de Céres y de Baco. En la conversacion de mesa el anciano y piadoso Anquises dijo á Anio: „Sacerdote ilustre de Febo, ó yo estoy engañado, y no me acuerdo muy bien, ó tenias un hijo y cuatro hijas cuando vine la primera vez á esta ciudad.” Á lo que Anio afligido, sacudiéndose la cabeza que tenia vendada con el blanco velo sacerdotal, respondió: „No te engañas, ó heroico y venerable anciano; verdad es que viste padre de cinco hijos á quien ahora (tanta es la inconstancia de las cosas humanas) ves casi sin ninguno; porque ¿de qué me sirve uno solo que tengo ausente, llamado Andros, en la isla denominada de su nombre, en la cual está reinando por mí? Apolo le concedió el don de comprender lo futuro, y Baco distinguió á mis hijas con otros dones nunca oidos, porque todas las cosas que tocaban se convertian en trigo, vino y aceite, y esto les servia para enriquecerse. Luego que Agamenon, destruidor de los muros de Troya, supo que mis hijas poseian este don (para que entiendas, querido Anquises, que á mí tambien me tocó alguna parte en vuestras desgracias), usando de la fuerza de las armas, me las tomó y arrebató con violencia de mi propio seno, para que con el uso de su don abasteciesen á todo el egército de los griegos. Habiendo hallado medio para escaparse cada una por donde pudo, las dos aportaron á la isla de Eubea, y las otras dos á la de Andros, donde reinaba su hermano. Inmediatamente una tropa de hombres armados entró en sus estados, y le amenazaron con su destruccion si no entregaba á sus hermanas. El amor que Andros les tenia cedió por último al temor que le causaba el egército enemigo, y las entregó á los griegos: un temor tan bien fundado puede servirle de disculpa: no tenia á su lado para defender sus nuevos estados ni á Eneas ni á Hector, á estos dos fuertes guerreros que durante diez años han resistido á todo el poder de la Grecia. Ya se preparaban cadenas para aherrojar á mis hijas como á unas esclavas, cuando levantando los brazos aun libres al cielo, exclamaron: „¡Ó padre Baco, socórrenos, y no nos abandones en el apuro en que nos vemos por causa del don que de tí recibimos!” Su súplica fue oida; y el Dios que les otorgó el don, que acababan de invocar, las socorrió, si se puede llamar socorro el perderlas para siempre de un modo maravilloso. Nunca he podido saber de qué modo perdieron la figura, ni aun ahora lo puedo decir. Todo lo que yo sé es que tomaron plumas, y que fueron transformadas en palomas, aves consagradas á Venus tu esposa.”

Anio y sus huéspedes, despues que con estos y otros tales razonamientos acabaron la cena, dejaron la mesa, y se fueron á dormir. Levantáronse al amanecer del dia siguiente, y fueron á consultar el oráculo de Apolo, el cual respondió que buscasen á la antigua madre[71] y los reinos que con Troya tenian enlace. El Rey Anio los despidió, dándoles algunos dones y regalos; á Anquises un cetro; á Ascanio su nieto una clámide y una aljaba, y á Eneas un gran vaso, que el tebano Terses le habia enviado de regalo desde las regiones de Beocia en agradecimiento de haber sido hospedado por él en su palacio. Este vaso habia sido fabricado por Alcon, natural de Milas, el que habia cincelado en él una larga serie de cosas, que eran las siguientes: una ciudad con siete puertas, las cuales servian de nombre, que demostraba ser la de Tebas. En las avenidas de la ciudad estaban delineadas exequias, túmulos, hogueras encendidas, mugeres con la cabellera suelta y el pecho descubierto, señal de su duelo y afliccion; Ninfas deshechas en lágrimas; fuentes secas; árboles lánguidos y desnudos de hojas, y ganados que pacian sobre estériles rocas. En medio de Tebas se veian esculpidas las generosas hijas de Orion; una entregando su pecho varonil y su cuello al cuchillo; otras atravesados sus cuerpos con espadas, y todas en accion de ser sacrificadas por la salud de su patria, conducidas por la ciudad con pompa y aparato fúnebre, y quemadas en la hoguera, que para ello se veia en el sitio y parage mas público: tambien se veia esculpido en el mismo vaso cómo de las cenizas de estas valerosas mugeres, para que no pereciese el linage de ellas, se formaron y salieron dos gallardos jóvenes, á quienes la fama da el nombre de Coronas, y estos mismos hacian los honores de la pompa fúnebre. En suma, sobre las muchas cosas que estaban grabadas en el referido vaso, cerraban su labor unos ramos dorados de verde acanto, que le hacian muy vistoso, y de una extremidad desigual y resplandeciente. Los troyanos por su parte no dieron menores dones á Anio, á quien regalaron una naveta para el incienso, una copa y una brillante corona de oro esmaltada de piedras preciosas. Habiéndose partido de alli los troyanos, acordándose de que traian su orígen de Teucro,[72] dirigieron su rumbo y aportaron á Creta; pero no pudiendo sufrir mucho tiempo el aire pestilente del pais, dejándose á un lado muchas ciudades, dirigieron su derrota hácia los puertos de Italia. Levantóseles una terrible tempestad,[73] que los agitó é hizo arribar á un puerto de las islas Estrófades, donde les incomodó y amedrentó la Harpía Hello, que habitaba alli con las otras sus hermanas, y tuvieron que hacerse á la vela prontamente. Despues de haber pasado á Duliquio, Itaca y Samos, islas del mar Jonio, que componian el reino del pérfido Ulises, llegaron á la altura de Ambracia, célebre por la disputa que en ella tuvieron los Dioses, conocida hoy por estar dedicada á Apolo Actiaco. Vieron tambien una piedra llamada Indice, en la que habia sido convertido el árbitro de la tal contienda. Asimismo dejaron atras á la ciudad y selva Dodona, cuyas encinas estaban dotadas de habla, y daban oráculos y respuestas, y pasaron tambien el seno Caonio, donde los hijos del Rey Moloso, huyendo de un incendio, fueron transformados en aves.

FÁBULA IV.

POLIFEMO.

Siguiendo su navegacion, pasaron por la isla de los Feacienses,[74] cuyos campos eran abundantes en toda especie de delicadas frutas. Despues aportaron á Epiro y á Butroto, donde reinaba el adivino Heleno, hijo de Príamo, y habia edificado esta ciudad á semejanza de Troya. Desde aqui, advertidos por Heleno de las cosas que les habian de suceder, todas las cuales les pronosticó fiel y exactamente, navegaron á Sicilia, cuya isla se avanza en el mar por tres promontorios: el uno llamado Pachino á la parte del mediodia; el otro Lilibeo al occidente, y el último Peloro al norte. Por este entraron los troyanos, y con el auxilio de los remos y favorable marea dieron fondo ya de noche en las aguas de Zanclea.[75]

(125) Despues de haber cantado Polifemo las alabanzas
de Galatea la ve que se entretenia con Acis.

Á la derecha de esta costa está el escollo de Escila, y á la izquierda el de Caribdis, que son dos remolinos que hacen peligrosa la navegacion, porque el de Caribdis arrebata y se traga las naves, y á largo trecho las vuelve á vomitar. El de Escila es de figura de una doncella, cuyo vientre está ceñido de perros fieros, y (si es que no han mentido los poetas) en algun tiempo fue verdadera doncella la tal Escila,[76] y tuvo muchos pretendientes; pero despreciándolos á todos se iba á las Ninfas del mar, de las cuales era en extremo querida, y les contaba las burlas y desprecios que hacia á sus enamorados pretendientes. Galatea, una de dichas Ninfas, en ocasion de estar entregada á ella para que la peinase y adornase sus cabellos, la dijo interpolando suspiros: „Tú á lo menos, hermosa doncella, eres apetecida de gallardos y civilizados amantes, y puedes sin riesgo alguno, segun que asi lo haces, corresponderles con desprecios y desvíos; pero yo soy mas desgraciada, pues siendo Ninfa, hija de Nereo y de la cerúlea Doris, y hermana de tantas Nereidas que me acompañan y defienden, no pude evadirme del importuno amor del monstruoso Ciclope Polifemo[77] sino por medio de las olas.” Al decir esto las lágrimas la impidieron el continuar su narracion. Limpióselas Escila con sus blancos dedos, y procuró consolarla diciendo: „Cuéntame, querida, tus cuidados; yo te soy y te seré fiel; no me ocultes la causa de tu dolor.”

Galatea alentada con esto dijo á Escila lo siguiente: „El jóven Acis, hijo de Fauno y de la Ninfa Simetis,[78] era las delicias de su padre y de su madre; pero mucho mas bien era el embeleso mio, porque aunque hermoso y apetecido de otras muchas, habia puesto solo en mí su cariño: era de diez y seis años, y empezaba á apuntar la barba en sus tiernas mejillas. Yo sin moderacion alguna correspondia al amor de este jóven, y el Ciclope me importunaba á mí sin término con sus amores; y si me preguntas cuál fue en mí mayor si el odio del Ciclope ó el amor de Acis, te responderé que eran iguales, porque aborrecia tanto al uno como amaba al otro. ¡Ó Venus, cuán grande es el poder de tu imperio! Este fiero Ciclope, horror de las mismas cuevas y selvas, y de ningun peregrino visto sin castigo, y menospreciador del alto Olimpo con sus Dioses, siente en sí el amor y sus efectos; y cautivo de mi cariño, se abrasa por mí, y olvida sus ganados, y las cuevas donde acostumbraba habitar antes. Entonces empezó á tener algun cuidado de su compostura y de agradarme. Ya se peina con un rastrillo los ásperos cabellos: ya se corta la barba larga con una hoz, y se mira con complacencia en la cristalina fuente, haciendo de ella espejo para componer su fiero semblante. El amor le hizo ablandar su crueldad, su fiereza y la inmensa sed de derramar sangre, y en esta suspension iban y volvian las naves con seguridad por lo largo de la costa. En este intermedio Telemo,[79] hijo de Eurimo, célebre adivino y diestro en los agüeros, y que nunca se engañaba en ellos, vino á las cuevas del monte Etna de Sicilia, y encontrando en ellas al terrible Polifemo, le dijo: „Ulises será el que te saque el único ojo que tienes en medio de la frente.” Rióse de ello Polifemo, y le respondió: „Necio adivino, tú te engañas en tu pronóstico, porque ya otra me lo ha robado.” Asi desprecia el enamorado Ciclope al que en vano le avisaba su verdadero peligro; y, ó andando á paso precipitado huella aquellas playas, ó cansado se vuelve á su oscura cueva. Hay un collado que con su larga punta se avanza dentro del mar, y por ambos lados está cercado de olas. Subióse á él Polifemo, y se sentó en medio, siguiéndole su rebaño, que habia dejado atras y sin cuidar de guiarle, y poniendo junto á sus pies el pino que tenia por báculo, y que pudiera servir de mástil de un navío, tomó su flauta compuesta de cien cañas, y se puso á tocar. El sonido de su pastoril instrumento atronó todo aquel monte y las vecinas playas, y las hizo estremecer. Yo estaba escondida en el cóncavo de una piedra, y sentada en el regazo de mi querido Acis, desde donde oí y conservo en mi memoria que cantó al son de su flauta lo siguiente: