ARGUMENTO.

Siguióse Numa; el cual hizo viage á la ciudad de Crotona para inquirir su orígen y antiguo rito, donde supo que las piedras negras se habian convertido en blancas; y alli mismo oyó á Pitágoras, que disputaba de las perpetuas transformaciones de las cosas. Despues Egeria, llorando la muerte de Numa, sin admitir consuelo de Hipólito que le contaba sus transformaciones, se convierte en fuente. Esto no es menos admirable que el haberse transformado la lanza de Rómulo en árbol, y que á Cipo le naciesen cuernos. Julio César finalmente fue convertido en una estrella despues de su muerte.

(137) Miscilo, absuelto por un singular prodigio, va
á Italia y funda la Ciudad de Crotona.

FÁBULA PRIMERA.

MISCILO ABSUELTO POR LA TRANSFORMACION DE LAS BOLAS NEGRAS EN BLANCAS.

En tanto se busca quien pueda sostener el peso de tanta magnitud, y que sea digno de suceder á tan gran Rey como á Rómulo, la fama, pronosticadora de la verdad, destina á Numa[129] para el gobierno de la ciudad de Roma. Este hombre grande no se contenta con conocer bastantemente los ritos de los sabinos, sino que concibe cosas mayores en su capaz ánimo, é inquiere cuál sea la naturaleza de las cosas. Este anhelo y cuidado le habian hecho dejar á Cures su patria, y caminar hasta á aquella célebre ciudad que tomó su nombre de Croton, aquel que recibió á Hércules en hospedage. Alli preguntando y queriendo averiguar quién fuese el que fundó en Italia aquella colonia ó ciudad griega, le satisfizo su deseo y curiosidad un viejo instruido de las antigüedades de su patria, diciéndole lo siguiente:

„Hércules, enriquecido con la presa de los bueyes de España que habia tomado á su Rey Gerion, se cuenta que navegando desde el Océano Atlántico, aportó felizmente á las playas y al promontorio de Lacinia, donde saltó en tierra, y dejando los ganados que traia que anduviesen errantes y apacentándose en la tierna yerba, fue admitido en hospedage por Croton, que alli egercia la hospitalidad, en cuya casa descansó de las fatigas de su largo viage; y al despedirse de él le dijo que en el futuro tiempo de sus nietos y descendientes en el mismo sitio en que estaba la casa en que le habia hospedado seria edificada una célebre ciudad, como asi lo comprobó despues el siguiente suceso: „Hubo un tal griego llamado Miscilo, el cual fue hijo de Alemon, y era el mas acepto á los Dioses entre todos los de su tiempo. Á este apareció Hércules en lo mas profundo de un sueño, y le dijo: „Despierta, deja tu casa y tu patria, y marcha al punto á establecerte y fijar tu mansion junto á la corriente pedregosa del remoto rio llamado Esar.” Esto le dijo, y le amenazó con muchas y muy temibles desgracias si asi no lo egecutaba. En esto recordó Miscilo, desapareciendo á un tiempo Hércules y el sueño; se levantó, y reflexionando entre sí lo que habia soñado, estuvo mucho tiempo indeciso y vacilante y sin resolverse á obedecer, pues aunque la deidad se lo mandaba, habia una ley que lo prohibia, y que imponia pena de muerte al que intentase emigrar y dejar la patria. Despues de algun tiempo tuvo una noche otro igual sueño, en el que le pareció que veia al mismo Hércules que le volvia á mandar lo mismo, y le amenazaba con muchas mas y mayores desgracias si no obedecia. Con este segundo sueño se llenó de temor, y empezó á prepararse y á dar las disposiciones de abandonar su patria y emigrar á otra region, transfiriendo y llevando consigo los Dioses Penates, y lo mas precioso que tenia en lo interior de su casa. No fue esto tan oculto que no llegasen á penetrarse sus designios, y á hablarse de ellos en la ciudad. En su consecuencia fue acusado de transgresor de la ley: se sustanció su causa, y sin necesidad de testigos ni otras pruebas se hizo patente su delito por su propia confesion. Él en el asqueroso trage y estado de reo,[130] alzando su rostro y manos hácia el cielo, dijo: „Divino Hércules, á quien doce célebres trabajos elevaron á deidad, ruégote que me des socorro, pues tú eres la causa y el autor de mi delito.” Era antigua costumbre en Argos cuando iban á juzgar á un delincuente echar en una urna bolas blancas si pensaban absolverlo, y bolas negras para condenarlo. Segun este rito se dió contra Miscilo la sentencia condenatoria, echando todos los jueces bolas negras en la urna; pero al vaciarla para contar los votos se halló que todas habian mudado el color de negro en blanco, y que la sentencia dada contra Miscilo se convirtió en favorable por favor y beneficio de Hércules. Dió á este gracias por ello, y luego que el viento se presentó favorable, se hizo á la vela, atravesó el mar Jonio; y despues de haber pasado la ciudad de Tarento, que debia su orígen á los lacedemonios, á Sibaris, el rio Neeto, de los salentinos, el golfo de Turios, á Temese, los campos de Calabria, y recorrido con mucha dificultad y peligro todas estas costas, llegó por último á la embocadura del rio Esar, donde el destino le habia señalado su asiento. Habiendo hallado cerca de alli el sepulcro del célebre Croton, edificó una ciudad, conforme á la órden que habia recibido de Hércules, y le puso el nombre del sepultado.[131]” Tal era la tradicion del pais sobre esta famosa ciudad, que los griegos habian venido á edificar á las costas de Italia.

„En ella habitaba, continuó el anciano, un hombre de la isla de Samos,[132] que se habia desterrado voluntariamente de su patria por el odio que tenia á los tiranos que habian usurpado su dominacion. El cual, aunque en el mundo y distante del cielo, se remontaba á él con la contemplacion de las cosas divinas, y vió con el ingenio lo que no podia con los ojos del cuerpo, enseñando todo aquello que habia alcanzado por medio de sus meditaciones y vigilantes especulaciones: él explicaba á sus discípulos, que hasta cierto tiempo guardaban silencio, y no hacian otra cosa que oir con admiracion su doctrina, los principios y creacion del mundo, las causas de las cosas, qué cosa era la naturaleza, qué era Dios, de dónde provenian y se formaban las nieves, cuál el orígen de los rayos, si era Júpiter ó la nube que se rasgaba la que formaba y causaba los truenos, qué lo que conmovia las tierras y causaba los terremotos, cómo y por qué leyes hacian sus giros y círculos los planetas y los astros;[133] en suma él enseñaba cuanto antes habia estado oculto é ignorado. Él fue el primero que reprendió como abuso la costumbre de comer carne de los animales, y argüia contra ella con estas doctas, pero no creidas razones:

„Absteneos y guardaos, mortales, decia el samio Pitágoras, de ensuciar vuestros cuerpos con manjares abominables: teneis y deben bastar para vuestro alimento las semillas que contienen y producen harina, las sabrosas manzanas, que con su peso agovian las ramas de los árboles, y en las vides las uvas llenas é hinchadas de su gustoso zumo: hay yerbas y plantas que pueden comerse crudas: hay otras que se hacen sabrosas cociéndolas al fuego: no se os prohiben la leche, el queso y la miel, que huele á la flor del tomillo. La próvida naturaleza os contribuye sus riquezas, y la tierra os provee de delicados alimentos, y os proporciona abundantes comidas, sin que tengais que encrueleceros en la matanza y derramamiento de la sangre de los animales. Las fieras y los brutos son los que sacian su hambre con carne, aunque no todos, porque los caballos, las ovejas, los bueyes y vacas se alimentan paciendo yerba: solo los animales fieros y crueles, como son los armenios tigres, los furiosos leones, los lobos y los osos se ceban en manjares mezclados con sangre. Ciertamente es una cosa delincuente y horrorosa que unas entrañas se sepulten en otras, y que un cuerpo hambriento sacie su hambre y engorde con otro cuerpo, y que un animal viva y se mantenga á costa de la muerte de otro animal. Ciertamente entre tantos dones como cria la mejor madre la tierra ¿es posible que no hay otros que os agraden que los horrorosos, y que para comerlos es menester ensangrentar los crueles dientes en las heridas, é imitar la crueldad de los Ciclopes? ¿Es posible que no halleis otro medio de saciar vuestra hambre, y llenar vuestro voraz vientre, habituado á la hartura, de otro modo que á costa de perder y destruir á otro animal? Bien veis que aquella antigua edad que se llamó de oro fue feliz, manteniendo á los hombres con las frutas de los árboles y con las plantas que producia la tierra, y no manchaban su boca con sangre de los animales. Entonces las aves volaban seguras por los aires; la liebre corria sin temor por medio de los campos, ni la credulidad habia expuesto al pez á ser cogido con el anzuelo: el universo tranquilo no conocia las asechanzas ni engaños: todo estaba en paz; pero despues que aquel perverso y dañoso autor (cualquiera que fuese), ansiando por otros alimentos, inventó llenar el hambriento vientre con manjares de carne, abrió con esto el camino á la maldad: yo creo que lo primero en que se ensangrentó el hierro fue en la muerte de las fieras: en esto no creo hubo delito, y soy de opinion que sin ofensa de la piedad podian matarse las fieras que traian expuesta nuestra vida; pero aunque para asegurarla se mataban, no por eso se comian. Desde aqui dió otro paso mas adelante la maldad, y empezó á matarse y á ofrecerse en sacrificio el cerdo, porque arrancaba las semillas y mieses con su corvo hocico, y desvanecia y quitaba la esperanza de las cosechas.[134] El cabron, porque pacia los tiernos retallos de las vides, fue llevado por víctima á las aras de Baco. Su culpa acarreó este justo castigo á entrambos; pero ¿en qué habeis pecado vosotras, inocentes ovejas, ganado útil y apacible, que sirve para defender á los hombres de las inclemencias del tiempo, y que proveyéndonos del néctar de vuestra leche, y de vuestras lanas para vestirnos, nos sois en vida mas útiles que despues de muertas? ¿En qué han pecado los bueyes, animales sencillos, en quienes no se halla dolo ni fraude, que ningun daño hacen, y sirven para el continuo trabajo? Es un ingrato é indigno del don y fruto de las mieses el que se atreve á matar un buey, quitándole del yugo y del arado, y recompensándole asi el trabajo y beneficio de haberle labrado sus campos; y lo es tambien el que se atreve á descargar la destructora segur sobre la cerviz maltratada con el yugo, y con la que tantas veces habia cultivado y renovado los campos, y habia proporcionado tantas cosechas. Y el caso es que no para en esto la malicia y gravedad de la atrocidad, sino que quieren los hombres disculparla, atribuyéndola á las mismas deidades, las que suponen y creen se huelgan y complacen con la muerte y sacrificio de un laborioso novillo, y en esta creencia eligen el mejor y mas elegante, sin vicio ni defecto (que esto es lo que le perjudica), y adornándole con oro y cintas victimales,[135] le conducen y ponen ante las aras, donde sin entenderlas oye las deprecaciones del sacrificante, y ve que le rocían las astas y la frente con la salsa mola,[136] compuesta de las mismas semillas que sembró y cultivó, y que al darle el mortal golpe salta su sangre y tiñe el cuchillo, que como si fuese en un espejo acaso habria visto poco antes en el agua preparada para el sacrificio. Aun sin acabar de morir le abren y miran con cuidado sus entrañas y fibras para rastrear y adivinar por ellas la voluntad de los Dioses. ¿De dónde ha venido á los hombres tanta y tan insaciable hambre de manjares prohibidos? ¿Cómo teneis, mortales, valor y atrevimiento para saciarla con ellos? Yo os requiero no lo hagais, y que fijando vuestra atencion en mis advertencias al tiempo que vayais á satisfacer vuestra hambre con los miembros de los animales que para ello matais, reflexioneis y conozcais que os comeis los cuerpos de vuestros colonos, y dais esta recompensa á los que han trabajado para vosotros; y pues se mueve mi boca por superior inspiracion, seguiré al Délfico Dios que me la mueve, os abriré el mismo cielo, y os manifestaré los celestiales oráculos. Grandes y hasta aqui ocultas é ignoradas cosas os tengo que explicar, que nunca penetraron los ingenios de nuestros antepasados, y para ello quiero tener el deleite de remontar mi discurso hasta los altos astros, y elevado como por una nube, dejando la tierra y su habitacion, sobreponerme á los hombros del robusto Atlante, y desde alli miraré con desprecio la tierra y los hombres, que descaminados y destituidos de la antorcha de la razon vagan sobre ella, animaré con mis exhortaciones á los que tiemblan y temen la muerte, desenvolviéndoles y explicándoles la serie y órden de su destino.