„Débiles mortales, les diré, atónitos con el miedo de la muerte, ¿por qué temeis la Estigia y el reino tenebroso, vanos nombres, suplicios imaginarios,[137] inventados por los poetas? Sea que la llama reduzca los cuerpos á ceniza, ó sea que la podredumbre los consuma, se acabarán con ellos los males, y no tendrán que padecer otros algunos. Solo las almas son inmortales, y cuando dejan su primer asiento van á habitar y vivir en otros cuerpos. Yo,[138] que os hablo, me acuerdo que en tiempo de la guerra de Troya fuí aquel Euforbo á quien Menelao atravesó el pecho con una lanza; y há poco tiempo que conocí en Argos en el templo de Juno el escudo que yo llevaba entonces. Todas las cosas se mudan; nada perece, y el espíritu anda vagante de allá acá y de acá allá animando diversos cuerpos: desde los de las fieras pasa á los humanos, y desde estos á los de las fieras, sin perecer en ningun tiempo.[139] Y asi como la blanda cera, aunque siempre sea una misma, recibe varias figuras, y se la transmuta de unas en otras, deshaciendo la anterior y dándola otra nueva, del mismo modo y por este egemplo os hago entender que el espíritu siempre es uno mismo; pero va emigrando de unas figuras en otras. En este supuesto (mirad que os desengaño) lo que conviene es que no atropelleis la piedad por la gula y apetito de saciar el vientre: absteneos de hacer que con una muerte nefanda salgan y emigren de sus antiguos cuerpos los espíritus con quienes acaso tengais algun parentesco,[140] y no alimenteis vuestra sangre con otra sangre.
„Ya que me he engolfado en este gran mar de tan secretos misterios, y navego en él á toda vela, sabed que nada hay en todo el mundo que permanezca en un estado fijo: todas las cosas caminan á su destruccion, y todas las figuras varían y vagan de unas en otras. Las mismas estaciones del tiempo corren lentamente, no de otro modo que las aguas de un rio; y asi como estas no pueden estar paradas ni un solo momento, porque una ola impele á la otra, y es impelida de la que viene detras, del mismo modo huyen y corren los tiempos, y se suceden unos á otros, renovándose siempre,[141] pues lo que fue antes ya pasó, viene lo que no habia sido, y los instantes y momentos siempre se van renovando. Bien veis como la noche se alarga y va caminando hasta el punto del amanecer, en el que la resplandeciente luz del dia sucede á la oscuridad, y que el cielo va mudando su aspecto y color, pues es diferente el que nos presenta á media noche cuando todo está en silencio, y los vivientes entregados al sueño, del que tiene cuando el lucero de la mañana sale en su carro tirado de caballos blancos, y despues vuelve á mudar el color cuando la Aurora, hija de Palante, precursora de la luz, baña al mundo con su resplandor, y le prepara para la venida del sol. El orbe y cuerpo de este está rubicundo cuando por la mañana, montando el horizonte, se va elevando de la tierra, y cuando al ponerse se esconde debajo de ella, y cándido y resplandeciente cuando está en medio de su carrera, porque alli está mas puro el aire, y menos cargado de los vapores de la tierra. La luna, presidenta de la noche, tampoco conserva y tiene una misma figura, pues si está en creciente, es hoy menor que será mañana, y mayor hoy que mañana si está en menguante. Ademas de esto ¿no observais cómo el año va variando sus cuatro estaciones, que sucediéndose unas á otras, imitan las cuatro edades de nuestra vida?[142] En la primavera, semejante á la niñez, es el año tierno y como lactante: entonces las yerbas y plantas hermosas con su verdor, aunque debilitadas y sin vigor, crecen y alientan la esperanza de los labradores. Entonces todo florece, y el campo se rie, y nos presenta un aspecto agradable con la variedad de los colores de las flores, aunque todavía no tengan vigor y firmeza las hojas. Pasa el año con mas robustez de la primavera al estío, en el que ya imita á un esforzado jóven y á la edad de la juventud, que es la mas robusta, y en la que mas abundan y se enardecen los humores y las pasiones. Al estío sigue el maduro y sazonado otoño, semejante á aquella edad apacible entre jóven y viejo, en la que apaciguado el ardor de la juventud, está el hombre en un temperamento medio, y empiezan á encanecérsele las sienes. Últimamente sigue el invierno, semejante á la vejez erizada y de trémulo paso, la que ó despoja al hombre de sus cabellos, ó se los encanece. Nuestros cuerpos tambien se van del mismo modo trocando y mudando sin cesar ni parar en ellos un momento el lento estrago,[143] y asi no seremos mañana lo que fuimos ayer ni lo que somos hoy. Hubo un cierto dia en que habitamos y existimos en el vientre de nuestras madres, no hombres aun, sino un embrion inanimado, y una primera esperanza de llegar á ser hombres. La naturaleza aplicó á nosotros sus diestras y formadoras manos, y despues que nos tuvo ya formados y animados, y en sazon de nacer, no quiso estuviésemos mas tiempo comprimidos y encarcelados en el vientre de nuestras madres, que ya no podia dilatarse mas, y de aquella estrecha cárcel nos sacó á respirar el aire libre.[144] Despues de nacer, sin tener fuerzas para sostenernos, pasamos el tiempo de la lactancia echados en la cuna ó en el regazo de nuestras madres. Cuando ya tenemos algun mas vigor empezamos á movernos, y á andar con pies y manos como los animales de cuatro pies, á lo que se sigue el esforzarnos á ponernos y estar en pie, temblando con débiles piernas, y empezar á echar los pasos, sostenidos y apoyados en algun arrimo. Adquiriendo poco á poco agilidad y fuerzas, llegamos á la juventud, cuya robusta edad se nos pasa con ligereza,[145] y con la misma corre tambien el tiempo de la edad media, y como cuesta abajo nos resbalamos y precipitamos á la vejez caduca y consumidora, que nos quita y debilita las fuerzas de todo el tiempo anterior, y nos conduce á la muerte. Milon ya viejo[146] lloraba al mirar flojos y débiles sus brazos, en otro tiempo tan robustos y nerviosos como los de Hércules. Elena tambien lloraba en su vejez al mirar en el espejo su rostro lleno de arrugas, y se admiraba entre sí misma de ver en lo que habia parado su singular hermosura, por la que habia sido dos veces robada.[147] El tiempo consumidor de todas las cosas, y tú tambien, odiosa vejez, todo lo destruis y arruinais, y desmoronando y corrompiendo todas las cosas con los estragos y dentelladas del tiempo,[148] las haceis perecer con una lenta y pausada muerte. Aun aquellas cosas que llamamos elementos no estan exentas de vicisitudes, ni permanecen en un ser: escuchadme con atencion, y os explicaré y manifestaré las mutaciones que suceden en ellos.
„El mundo desde su orígen contiene cuatro primeros cuerpos, que son el principio de que proceden todos los seres. Los dos mas pesados, la tierra y el agua, son llevados á lo inferior con su propio peso: el aire y el fuego, mas puro que el aire por carecer de gravedad, ocupan la region mas elevada, los cuales, aunque distantes uno del otro por su situacion, no obstante entran en la composicion de todos los cuerpos, y estos se resuelven y convierten últimamente en ellos. La tierra se resuelve y convierte en agua; el agua al disiparse se vuelve aire; el aire, habiéndose descargado de lo mas grosero que tenia, se sutiliza y toma la naturaleza del fuego, y por medio de una revolucion enteramente contraria el fuego que se condensa se convierte en aire; este aire vuelve otra vez á ser agua, y el agua que se espesa vuelve á tomar la consistencia y la solidez de la tierra. En el mundo ninguna cosa conserva su primera forma; y la naturaleza, novadora de todas las cosas, repara unas formas con la destruccion de otras. En todo el universo (creedme) ninguna cosa perece ni se aniquila, sino que solo varía, muda y renueva su antigua figura: llamamos nacer el empezar á ser otra cosa que lo que era antes, y morir el dejar de ser lo que antes, y tomar otra nueva forma: aunque haya estas variaciones, y las cosas de acá se truequen en las de allá, y al contrario, lo que es los seres permanecen constantes, y nunca perecen. Vivo en la cierta creencia de que no hay cosa alguna que permanezca mucho tiempo sin mudar de forma ni perder su antigua figura. Debe bastaros para persuadiros de esto el observar que por las continuas vicisitudes desde el dichoso siglo de oro habeis venido á parar poco á poco é insensiblemente en el de hierro, y que tantas veces habeis visto mudarse y trocarse la faz de la tierra y unos sitios en otros. Yo he visto reducidas á mares y ocupadas por las aguas las que antes fueron tierras sólidas y firmes, y por el contrario reducido á tierras lo que antes fue mar, y que asi lo demuestran las conchas marinas, y las viejas áncoras que suelen hallarse en lo empinado de los montes. Vemos tambien que lo que antes fue un llano campo hoy está reducido á un valle por el ímpetu y corriente de las aguas, y que desmoronadas las montañas con las avenidas, se convirtieron en amenas y apacibles llanuras, y las tierras que antes fueron pantanosas estan ahora áridas con las secas arenas, y las que antes fueron de secano abundan ahora en humedades, y estan hechas estanques de agua. En unas partes la naturaleza ha brotado nuevas fuentes, y en otras se han secado y cerrado los antiguos manantiales; en unas partes al ímpetu de los terremotos nacen y salen nuevos rios, y en otras al mismo ímpetu suspende su corriente, y se cierran y secan los que antes habia. Asi ha sucedido con el rio Lico,[149] á quien se sorbió una grande abertura que hizo un terremoto, y le transmutó y mudó su nacimiento y corriente á otro sitio muy distante. El Erasino[150] unas veces corre sobre la tierra, y otras escondiéndose debajo de ella, va por último á renacer y salir en los campos de Argos. Del Caico, rio de Misia, se cuenta tambien que mudado su nacimiento y antigua corriente, corre ahora por otra muy diversa. Tambien el Amaseno, rio de Sicilia, algunas veces corre con arenosas aguas, y otras se queda en seco por cerrársele sus manantiales. El agua del rio Anigro,[151] era antes buena para beber; pero hoy es peligroso hasta el tocarla, despues que (si no es que los poetas han mentido) los Centauros la inficionaron y envenenaron, lavándose en ella las heridas que les habian hecho las flechas de Hércules. La del rio Hipanis,[152] que baja de las montañas de la Escitia, habiendo sido antes dulce, está hoy corrompida con una amargura salobre. Antissa, Paros y Tiro en otro tiempo fueron islas; hoy estan unidas á la tierra firme: al contrario Léucada,[153] que estaba unida al continente, se ha separado despues, y se ha hecho una isla. Tambien se dice que Zanclea[154] estuvo unida á la Italia hasta que el mar la cercó y separó de la tierra. Si preguntas qué se han hecho Helice y Buris, ciudades de Acaya, las hallareis sumergidas en las aguas; y todavía los marineros suelen mostrar los pueblos que fueron sumergidos con sus murallas. Cerca de Trecene, patria de Piteo, hay un monte algo empinado y sin árboles algunos, el cual habiendo sido antes una llana campiña, ahora es una montaña, porque (causa horror el referirlo) el ímpetu de los vientos encerrados en las cavernosas entrañas de la tierra, luchando en ellas y buscando salida, como no la encontrase, ni hubiese abertura alguna por donde salir el aire libre, extendió é hinchó la tierra[155] del modo que el soplo de la boca suele hinchar una vejiga ó una piel de cabron. El sitio permaneció y permanece aun en forma de un elevado collado, que se endureció y petrificó con el transcurso del tiempo.
„Entre las muchas cosas que me ocurren, y que vosotros habreis conocido ú oido decir, os añadiré y referiré algunas pocas. Hasta las aguas padecen vicisitudes, y mudan sus cualidades y figuras. La que mana en la fuente que está junto al templo de Júpiter Ammon al medio dia está fria, y caliente al salir y ponerse el sol. En los pueblos Atamanes[156] se cuenta haber una fuente, la cual cuando la luna está en su menor luz enciende y hace arder los maderos que arrojan en ella. Los Cicones[157] tienen un rio, cuya agua petrifica las entrañas del que la bebe, y convierte en piedra lo que con ella se rocía ó toca. El rio Crati y el Sibari,[158] que no está muy distante de estas playas, tienen la virtud de volver los cabellos color de oro ó ámbar. Pero lo que es aun mas de admirar es que hay aguas que no solo mudan los cuerpos, sino tambien los ánimos. ¿Quién no ha oido hablar de la fuente Salmacis,[159] que vuelve afeminados á todos los que se bañan en ella? Tambien hay un lago en Etiopia, en el cual si alguno bebe, ó se enfurece, ó padece un sueño de maravillosa pesadez. Cualquiera que bebe el agua de la fuente de Clitorio[160] aborrece el vino, solo le gusta abstenerse de él, y beber agua pura; lo que procede ó de que hay en dicha fuente alguna virtud contraria al calor del vino,[161] ó de que, segun lo cuentan los naturales de aquel pais, el hijo de Amitaon,[162] despues que por virtud de los encantos y las yerbas curó y libertó de la locura y furor á las hijas de Preto, arrojó en aquellas aguas los humores de que las purgó el celebro, con lo que contrajeron la virtud y eficacia de aborrecer el vino. Las aguas del rio Lincesto[163] corren con una virtud contraria á las de la fuente Clitorio, pues el que bebe con abundancia de ellas se emborracha como si hubiera bebido vino puro. En Arcadia hay un lago, que los antiguos llamaban el lago de Feneo, cuyas aguas son perniciosas bebidas de noche, y de dia no hacen daño. Á este modo los lagos y los rios tienen diversas y opuestas virtudes. En lo antiguo la isla llamada Ortigia[164] andaba flotando sobre las aguas como una nave, y ahora está inmóvil y fija. El navío Argo temió en otro tiempo á las Simplegades, esparcidas con el concurso de las quebradas olas, las cuales ahora son islas firmes, y capaces de resistir á toda la impetuosidad de los vientos. El Etna, que arde y arroja erupciones de azufre encendido, no arderá siempre, porque no siempre hubo en él fuego ni estuvo encendido. Porque bien sea que conceptuemos á la tierra un grande animal que vive y respira llamas por algunos sitios, puede trocar cada vez que se conmueve las bocas y caminos de su respiracion, cerrar las antiguas cavernas, y abrir en otras partes otras nuevas. Bien sea que opinemos que los vientos encerrados en las mas profundas cavernas de la tierra agitan las piedras unas con otras y las materias inflamables, y con estas agitaciones las encienden, luego que llegue el tiempo de que dichos vientos se aplaquen y apacigüen, cesará el fuego, y las cavernas subterráneas se quedarán frias: y por último bien sea que opinemos que los fuegos subterráneos se ceban y nutren por los betunes y azufres que hay en la tierra, luego que estos se consuman con el largo tiempo, y falte la materia y alimento á las llamas consumidoras, faltará el fuego, y se apagará él mismo por falta de materia en que cebar su hambre devoradora. Se dice que los que habitan en el monte Palene, que está en la region de los Hiperboreos,[165] si se bañan nueve veces en el lago Triton, se les puebla de plumas todo el cuerpo. No tengo por creible lo que acabo de referir, ni tampoco lo que se cuenta de las mugeres de Escitia, que untándose con el zumo de ciertas yerbas venenosas sus cuerpos, les nacen plumas, y se convierten tambien en aves. Pero no por esto se ha de dejar de dar crédito á las cosas que califica la experiencia, la cual nos está manifestando que al paso que los cadáveres de los animales se van corrompiendo con el tiempo y por su cálido humor, se convierten en gusanos y otros insectos. Haced la experiencia en un novillo (cosa es que está bien conocida por repetidos egemplares); matadle, y despues tenedle guardado y encerrado hasta que se corrompa, y de él nacerán y saldrán laboriosas abejas,[166] que siguiendo la inclinacion del padre de quien nacieron, frecuentan los campos, recogen el rocío de las flores, y se apresuran á la conclusion de su obra, trabajando con la esperanza de su alimento y de la multiplicacion de su especie. Los tábanos tambien nacen del cadaver del guerrero caballo, si se le sepulta y esconde en la tierra. Si quitais los brazos á un cangrejo, y cubris de tierra el resto del cuerpo, saldrá un escorpion con aquella cola tan temible. Es cosa conocida entre los labradores que los gusanos de seda se convierten en mariposas. El cieno de las lagunas contiene en sí semillas que producen las verdes ranas, y las engendra truncadas de pies, los que despues les van saliendo acomodados para nadar, y los posteriores son mas largos que los brazos para que puedan saltar con mas facilidad. El oso recien nacido solo es una masa de carne; la madre lo forma en miembros[167] lamiéndolo, y le da la forma que le vemos. Es cosa sabida que las abejas que nacen en aquellas celditas hexágonas[168] que hacen en los panales, no están al principio bien formadas, y que los pies y las alas les vienen algun tiempo despues. ¿Quién creeria á no verlo que de la yema que esta en medio del huevo pudiesen formarse y nacer la ave dedicada á Juno, cuya cola está sembrada de estrellas, el águila de Júpiter, las palomas de Venus, y en una palabra todo género de aves? Hay quien cree que corrompida la medula del espinazo de un cadaver humano encerrado en el sepulcro, se convierte en una culebra. Todas las referidas transformaciones traen su principio de otros seres; pero hay una ave, que los asirios llaman el Fénix, que se repara y renueva á sí misma: esta ave no se mantiene de yerbas ni granos, sino de las lágrimas del incienso y del jugo del amomo. Luego que cumple los quinientos años de su vida fabrica con su duro pico y sus uñas un nido en las ramas de una encina ó en la copa de una palma, y poniendo en él aristas de canela, de nardo, de cinamomo con mirra, se echa sobre todo, y concluye su vida en medio de olores aromáticos. Aseguran que de él renace otro pequeño Fénix para vivir otros tantos años. Luego que este tiene bastantes fuerzas para llevar peso, carga con el nido que le sirvió de cuna y de sepulcro á su padre, y despues de haberlo llevado hasta la ciudad del sol,[169] deja este precioso depósito á la puerta del templo de este Dios. Si en el número de estas maravillosas novedades debe entrar y contarse la de la alternacion de sexos, tambien debemos maravillarnos de lo que se cuenta de la hiena, que unas veces es hembra y otras macho. El camaleon, que se mantiene del aire, va mudando su color, segun el que tienen las cosas que toca. Baco trajo los linces de la conquistada India, cuya orina, segun se dice, se convierte en piedra luego que sale de la vejiga, y se congela al punto que toca el aire. Se concluiria el dia, y el sol llegaria al término de su carrera antes que yo acabase de referir rodas las cosas que se han transformado en nuevas especies. Vemos que con el tiempo todo se va trocando, y que unas naciones se robustecen y fortalecen, y otras se destruyen. La gran ciudad de Troya, que en algun tiempo fue famosa y abundante en poblacion y riquezas, y que á costa de mucha sangre pudo defenderse por el tiempo de diez años, ahora destruida y arrasada solo presenta en lugar de sus riquezas algunas ruinas y restos de su antigüedad y los sepulcros de sus antepasados. Esparta antigüamente fue una ciudad célebre; Micenas, Atenas y Tebas florecieron igualmente, y en el dia Esparta está reducida á un campo despreciable; Micenas se halla destruida; Tebas, corte de Edipo, ¿qué otra cosa es hoy que una fábula? y de Atenas ¿qué ha llegado hasta nosotros sino el nombre? Ahora dicen que empieza á elevarse la troyana Roma, que edificada junto á la corriente del Tíber, pone su gran mole por cimiento para fundar un grande imperio. Esta pues aumentándose cada dia, va mudando su forma, y llegará tiempo en que sea la capital de todo el orbe. Asi se cuenta que lo predijeron los agoreros y los oráculos; y segun hago memoria, Heleno, hijo de Príamo, cuando Troya fue destruida consoló á Eneas que lloraba y desconfiaba del remedio, diciéndole: „Hijo de la Diosa, si tienes alguna confianza en el arte de leer en lo por venir que yo poseo, puedo predecirte que Troya no será enteramente destruida en tanto que tú vivas. El hierro y el fuego te abrirán camino, y llevarás contigo las tristes ruinas de Ilion, hasta que halles en una tierra extrangera un establecimiento, donde serás mas dichoso que en tu patria. Ya estoy viendo una gran ciudad que deben edificar tus descendientes, tal que no hay ni habrá, ni se ha conocido otra igual en los pasados siglos. Sus próceres y principales la harán poderosa por mucho tiempo; pero un descendiente tuyo y de tu hijo Ascanio[170] la elevará á señora y cabeza del mundo. Despues que haya acabado su carrera, los Dioses se lo llevarán de la tierra para colocarlo en el cielo, que le está destinado.[171]” Esta fue la prediccion que hizo Heleno á Eneas. Hoy que empieza á cumplirse estoy contento de los progresos de una ciudad que está aliada con Crotona, y veo con gusto que ha sido útil á los troyanos el haber sido vencidos por los griegos.
„Pero volviendo á mi asunto, y al fin y término que me he propuesto, y del que me he apartado algo, habeis de saber que el cielo y cuanto se contiene debajo de él, y asimismo la tierra y lo que se encierra dentro de ella, va mudando cada dia su forma. Nosotros, que somos una parte del mundo (porque no somos solamente cuerpos, sino tambien almas espirituosas, que pueden transmigrar á las fieras y á los ganados), dejemos que vivan seguros y tranquilos aquellos seres en quienes pueden residir los espíritus de nuestros padres, hermanos y parientes, ó en fin, de los hombres cualesquiera que sean: no metamos en nuestros estómagos manjares y cenas como la de Tiestes. El que degüella á los inocentes novillos, y oye insensible sus tristes bramidos, ¡qué mala costumbre adquiere, y cómo se habitúa á derramar con impiedad la sangre humana! Lo mismo sucede al que se atreve á degollar á un cabritillo, que da gritos semejantes á los de un niño, y á comerse una ave que él mismo ha cebado. En todas estas cosas ¿qué es lo que falta para una completa maldad? Y ¿adónde se pasará y hará tránsito desde la impiedad de matar á los animales? El buey sírvanos para arar hasta que envejecido se muera. La oveja suminístrenos el defensivo contra el frio; y las cabras nos sirvan solo para ordeñarlas y sacarlas su leche. Dad de mano á las redes y lazos; no egerciteis las artes engañadoras; no useis de la liga para engañar los pajarillos, ni de las flechas para los ciervos y demas animales de los montes, ni tampoco de los anzuelos escondidos bajo del cebo para los incautos peces. Perseguid y destruid á los animales que son dañosos; pero no hagais mas que matarlos, y no os sirvais de ellos para comer, sino contentaos con los alimentos proporcionados y conducentes.”
Instruido Numa con estos y otros semejantes documentos, se cuenta que volvió á su patria, y que habiendo sido rogado y solicitado, sucedió á Rómulo, y tomó el gobierno del pueblo y reino latino. Este Rey, por los sabios consejos de Egeria su muger y de las Musas que consultaba, tuvo la felicidad de inspirar á un pueblo feroz, y que solo respiraba guerra, sentimientos de paz, afabilidad y equidad, y de instruirlo en las ceremonias de la religion. Reinó hasta una extrema vejez, y su muerte causó y costó lágrimas á las matronas romanas, al pueblo y á los senadores. Su muger, habiendo dejado á Roma, se retiró á la selva de Aricia, donde interrumpió muchas veces con sus gemidos y quejas los sacrificios que se ofrecian á aquella Diana que Orestes habia llevado alli. ¡Ah! ¡cuántas veces las Ninfas de los bosques y de los lagos la persuadieron que no llorase, procurando consolarla con sus palabras consolatorias! ¡Cuántas veces Hipólito, viéndola bañada en lágrimas, le dijo: „¡Pon fin á tu llanto! No pienses que tu suerte es sola digna de llorarse; reflexiona las desgracias que acaecen á otros, y sufrirás con mas paciencia las tuyas! Mis calamidades bastarán á consolarte, y ¡ojalá que no tuviese yo en mí mismo egemplares que proponerte para templar tu dolor! Pues puedo referirte los sucesos de aquel Hipólito que algunas veces habrá llegado á tus oidos, y que fue víctima de la credulidad de su padre, y de la calumnia y engaño de su madrastra. Te causará admiracion, y con dificultad podré inclinarte á la creencia; pero tengo de ello tales pruebas, como que soy el mismo Hipólito á quien la hija de Pasifae,[172] en despique de que desprecié sus ruegos é instancias amorosas, me acusó á mi padre, fingiendo y suponiendo que yo me habia atrevido contra su honor, y atribuyéndome lo que ella habia intentado y querido, recriminando contra mí su propio delito, ó por recelo de que yo no lo descubriese é hiciese creer á mi padre, ó lo que es mas regular, ofendida y resentida de mi resistencia y desprecio. Aunque yo estaba inocente, mi padre, creyendo con ligereza la calumnia, me desterró de Atenas, y al tiempo de mi partida profirió contra mí las mas horrorosas imprecaciones. Caminaba yo á mi destierro sobre mi carro, dirigiéndome á Trecene á refugiarme de mi abuelo Piteo, que reinaba en ella. Ya llegaba á las playas de Corinto cuando se alborotó el mar, y las aguas formaron una excrescencia que parecia una montaña que por momentos se iba elevando, hasta que precediendo espantosos bramidos, se rompió en lo mas alto aquel cúmulo de aguas, del que salió un terrible becerro marino armado con sus cuernos, y levantado del medio cuerpo arriba sobre las aguas, arrojaba gran porcion de ellas por las narices y boca. Llenáronse de pavor los que me acompañaban; mas yo, á quien solo afligian el cuidado y pena de mi destierro, me mantuve en mi presencia de ánimo. En esto espantándose los feroces caballos que tiraban el carro, volvieron la cabeza y cuello hácia el mar al oir el ruido, y empinadas las orejas, y espantados á la vista del monstruo, dejaron el camino, y echaron á correr, y á arrastrar el carro por asperezas y peñascos. Yo me esforzaba en vano á detenerlos, tirando de las riendas salpicadas de las blancas espumas que arrojaban, y me inclinaba hácia atras para tirar con mas fuerza. Estas diligencias no me hubieran sido inútiles, y yo hubiera conseguido detener el ímpetu y furor de los caballos; pero tuve la desgracia de que una de las ruedas que sostienen el ege se quebró y deshizo por haber tropezado en el tronco de un árbol. Esta casualidad me hizo caer del carro, y como estaba asido á las riendas y enredado en ellas, si lo hubieras presenciado hubieras visto cómo fueron arrastradas mis vivas entrañas, cómo mis nervios y miembros se iban quedando á pedazos prendidos en los troncos y puntas de los peñascos, cómo sonaban mis huesos al tiempo que se rompian y quebraban, y cómo por último exhalé el alma ya debilitada,[173] y en fin hubieras visto que no quedó de todo mi cuerpo miembro alguno que pudieras conocer, porque todos quedaron destrozados, y todo yo era una herida. ¿Puedes ahora, Egeria, ó te atreves á comparar tu desgracia con la mia? Añade tambien que bajé al reino tenebroso; que lavé mis heridas en las aguas inflamadas del Flegeton,[174] y que jamas hubiera vuelto á ver la luz del dia, si el hijo de Apolo[175] por la virtud poderosa de su arte no me hubiese vuelto la vida.[176] Como Pluton estaba indignado del beneficio que acababa de recibir, y que mi presencia pudiera inspirar envidia á las sombras, Diana, al conducirme fuera de los infiernos, me cubrió de densas nubes; y para que estuviese seguro, y pudiera sin daño ser visto, mudó esta Diosa todas mis facciones, me aumentó la edad, y me dejó enteramente desconocido. Estuvo algun tiempo perpleja sobre si me dejaria en la isla de Creta ó en la de Delos. Y por último dejando la una y la otra, y pasando adelante, me trasportó á este pais,[177] y me mudó el nombre para que el de Hipólito no recordase mis desgracias. „Tú te llamas Hipólito, me dijo; en lo sucesivo te llamarás Virbio.[178]” Desde entonces habito en este bosque, y como uno de los Dioses menores vivo aqui oculto bajo la proteccion de Diana, y estoy dedicado y adscrito á su deidad.”
Con todo, las desgracias de Hipólito no fueron bastantes para consolar el llanto de Egeria, la cual, dejándose caer en lo mas bajo de la falda de la montaña, se deshacia en lágrimas; y conmovida Diana de la piedad y cariño conyugal que la tenian en tanta afliccion, hizo de su cuerpo una fuente, y adelgazando sus miembros los redujo á un continuo manantial.
La novedad de esta transformacion admiró á todas las Ninfas de aquel bosque, y el hijo de la Amazona[179] se quedó tan pasmado como aquel labrador de Toscana cuando vió en el campo que araba un terron que primero por sí mismo y sin impulso de otro se movia, y despues dejando la forma de tierra, tomó la de hombre, y empezó á predecir lo por venir. Los naturales del pais le llamaron Tages, y fue el primero que enseñó á los etruscos el arte de adivinar. Tambien se puede comparar la admiracion de Hipólito á la de Rómulo, cuando habiendo arrojado su lanza al monte Palatino, la vió al momento echar raices, y que ya no era lanza, sino árbol, cuya sombra admiró á los que la veian, y nunca esperaron pudiera producirla una lanza.
En fin, la admiracion de Hipólito fue tan grande como la de Cipo,[180] cuando mirándose en las aguas del Tíber, vió que tenia cuernos en su cabeza. Esta maravilla la tuvo al principio por una ilusion; pero habiendo llevado muchas veces las manos á la frente, tocó con ellas lo que acababa de ver. Esta aventura, que le sucedió cuando volvia á Roma despues de haber vencido los enemigos de la patria, le obligó á detenerse; y levantando los ojos y manos al cielo, hizo esta súplica: „¡Ó Dioses! si este prodigio es un feliz presagio, consiento que lo sea para el pueblo romano; si es de mal agüero, que no sea funesto sino á mí solo.” Despues erigió un altar de césped, sobre el cual quemó incienso, derramó vino, y despues que sacrificó dos ovejas, especuló en sus entrañas lo que los Dioses le anunciaban por este extraño caso. El adivino Tirreno,[181] que las examinó al mismo tiempo, percibió que prometian, aunque de un modo oscuro, grandes destinos á Cipo; pero luego que quitó la vista de las fibras de la víctima para levantarla á los cuernos de Cipo: „Salve, le dijo; yo te saludo en calidad de Rey. Lo que te acaba de suceder me anuncia que Roma y cuanto está sujeto á su poder te reconocerán por Soberano. Apresúrate á entrar en la ciudad que te abre sus puertas: asi lo mandan los hados. Luego que llegues á la ciudad serás coronado, y tu reinado será largo y tranquilo.” Á estas palabras Cipo retrocedió, y apartando su desagradable rostro de los muros de la ciudad, dijo: „¡Ah! ¡qué funesto presagio! ¡Arrojen los Dioses lejos tal agüero! Mas bien querré pasar en destierro el resto de mi vida, que entrar en el Capitolio con el nombre de Rey.” Dijo esto, y al punto convoca al senado y al pueblo; y habiendo tenido la precaucion de cubrirse la cabeza con una corona de laurel, se puso sobre una altura hecha por los soldados.[182] Alli, despues de haber rogado á los Dioses segun costumbre antigua, habló en estos términos: „Aqui hay un hombre que será vuestro Rey si no le echais de la ciudad. Quién sea este lo mostraré por una señal, no por el nombre. Cuernos tiene en la frente, y los adivinos le han pronosticado que si entra en Roma será Rey, y os dará leyes. Pudiera haber entrado con ímpetu por las puertas abiertas; pero yo se lo he estorbado, aunque ninguno está mas unido á él que yo. Á vosotros, ó romanos, pertenece ahora estorbarle la entrada, y si lo teneis por causa suficiente para ello, aprisionadle con pesadas cadenas, ó mas bien aseguraos de tal miedo con la muerte del tirano.” Á este discurso siguió un confuso rumor de todo el pueblo, como el que hace un torbellino cuando sopla en los elevados pinares, ó como el de las olas del mar cuando se oyen desde lejos; pero entre lo mucho que confusamente articulaba el pueblo se percibia bien que todos á una voz decian: „¿Quién es ese hombre?” En esto empezaron á buscarle, mirándose y reconociéndose las frentes y cabezas unos á otros, buscando al que tenia la señal de los cuernos, y entonces Cipo, quitándose la guirnalda que los cubria, y enseñando los dos que tenia en sus sienes, les dijo: „Yo soy; miradme: aqui teneis al que buscais.” Todos bajaron la vista, y empezaron á suspirar, no atreviéndose á mirar (¡quién lo creyera!) la cabeza de aquel que tan benemérito era á la patria; y no permitiendo que estuviese mas tiempo desairado con aquella insignia tan indecorosa, se la cubrieron volviéndole á poner la guirnalda.