(119) Diana se compadece de Ifigenia que iba á ser
sacrificada, y pone en su lugar una cierva.

FÁBULA PRIMERA.

UNA CIERVA SACRIFICADA EN LUGAR DE IFIGENIA.

El padre Príamo, ageno de que su hijo Esaco vivia, bien que transformado en ave, llorábale amargamente por muerto: asimismo Hector y los demas hermanos le habian hecho inútiles exequias en el túmulo, que solo contenia su epitafio. No asistió á estas tristes ceremonias su hermano Páris, el cual, habiendo despues robado á Elena, fue la causa fundamental de una larga y sangrienta guerra, y de que viniesen conjuradas contra Troya mil naves, y se formase una poderosa liga de toda la Grecia, la cual hubiera tomado pronta venganza, si los vientos contrarios no hubiesen impedido la salida del puerto, y la imposibilidad de navegar no hubiese detenido la escuadra en Aulide, puerto de Beocia, en que se hace mucha pesca. Aqui, segun costumbre de la patria, dispuestos los sacrificios á Júpiter, apenas ardian sobre el ara los fuegos sagrados, cuando se presenta á la vista de los griegos un dragon, que trepaba por un plátano inmediato á las aras donde se habian empezado los sacrificios, y en cuya copa habia un nido con ocho pajarillos,[1] y la madre que revolteaba en torno de sus hijuelos, á quienes juntamente con ella arrebató y engulló en su voraz vientre. Todos quedaron atónitos con este agüero; pero Calcas, adivino infalible de lo futuro, les dijo: „Alegraos, griegos, que venceremos: Troya quedará reducida á cenizas; pero nos costará mucho tiempo y trabajo el tomarla;” y para hacer creible su oráculo vaticinó que las nueve aves significaban otros tantos años que habia de durar la guerra. La serpiente, asi como estaba enroscada en las verdes ramas del plátano, se transformó en piedra,[2] que conserva su antigua figura.

El violento Nereo[3] continúa inexorable, sin permitir que la escuadra anclada en Aulide pudiese dar la vela por la furia del mar. Algunos creian que Neptuno, como que habia trabajado en la obra de los muros de Troya, queria por este medio favorecerla, é impedir su total ruina; pero Calcas, que lo sabia como adivino, dijo que para que cesase el embravecimiento del mar era preciso aplacar la ira de Diana,[4] ofreciéndola en sacrificio la doncella Ifigenia, hija de Agamenon. Despues que la causa pública pudo mas que el amor paterno, y la dignidad Real mas que el ser su padre, los sacerdotes con las lágrimas en los ojos pusieron junto al ara á Ifigenia para sacrificarla, con lo cual se dió por satisfecha Diana,[5] y ocultándola en una espesa nube; se cuenta que mientras se hacian las ceremonias y preces del sacrificio sustituyó en su lugar una cierva, que fue por ella inmolada; y con esto calmó la indignacion de Diana, y juntamente con ella la del mar; y las mil naves, despues de haber padecido tanto, llegaron viento en popa á las playas troyanas.

Hay en medio del universo un lugar situado entre la tierra, el mar y las regiones celestes,[6] en el cual concurren y se juntan las extremidades y confines de aquellas tres partes: desde este lugar se divisa lo que pasa en todas ellas, aunque esté muy distante, y desde él se oye y penetra la voz á los oidos de todos. La Fama lo habita, y tiene su mansion ordinaria en la parte mas elevada del alcázar, en que por todas partes se hallan innumerables entradas y salidas hasta en el mismo techo; los umbrales no tienen puerta alguna con que cerrarse. De dia igualmente que de noche está abierto: toda la casa es de metal sonoro, en el que resuenan y se aumentan las voces,[7] volviéndolas hácia fuera el eco, el cual redobla y repite lo que se le confia. Dentro no hay descanso ni silencio en ninguna parte; pero con todo no es formal clamor, sino un rumor de un sonido tenue y sordo, como el que hacen las olas del mar oidas desde lejos, ó como los truenos cuando las nubes estan muy retiradas. Una multitud de personas sin interrupcion ocupa los pórticos del palacio, y el vulgo novelero é inconstante va y viene sin cesar, y á cada instante se divulgan mil patrañas confundidas con la verdad,[8] que no puede sacarse en limpio por la confusion y desórden de las palabras, con las que los unos llenan de noticias á los oidos desocupados, y los otros repiten en otra parte lo que han oido contar: crece el número de ficciones, y el último á cuyos oidos llegan las abulta con alguna cosa nueva que les añade. Alli residen la necia credulidad y el temerario error, la vana alegría y el infundado sobresalto, la sedicion que cunde y los susurros,[9] cuyo orígen no se puede averiguar.

La Fama, á quien nada está oculto de cuanto pasa en el cielo, mar y tierra, antes bien averigua lo que sucede en todo el orbe, habia divulgado que los griegos iban á atacar á los troyanos con una poderosa escuadra y tropas escogidas; con cuya noticia no se hallaban estos desprevenidos, sino que tenian fortificadas las playas, puertos y avenidas, recibiendo á los griegos con las armas en la mano, de forma que Protesilao,[10] que fue el primero que se atrevió á poner el pie en tierra, fue muerto á manos de Hector, trabándose una batalla tan sangrienta, que costó á estos la muerte de aquel y de otros esforzados capitanes, sin haberse conocido hasta entonces el valor de Hector. Los troyanos por su parte experimentaron lo que podia y hasta donde rayaba el valor de los griegos á costa de no poca sangre, con la que estaban ya teñidas las playas sigeas,[11] pues Cigno, hijo de Neptuno, habia por su mano quitado la vida á innumerables; y por otra parte Aquiles desde su carro[12] con su lanza arrollaba á cuantos se le ponian por delante, y buscando furioso por medio de las huestes á Cigno ó á Hector, se encontró con aquel, porque á este le reservaban los hados hasta el año décimo de aquella guerra, y aguijando á los blancos caballos de su carro, lo dirigió contra el primero, y blandiendo su lanza con denuedo y valentía, le dice: „Quien quiera que tú seas, ó jóven, sírvate de consuelo en tu muerte el saber que vas á fenecer á manos de Aquiles.” Esto dijo, y al mismo tiempo le acomete con la lanza; pero aunque le acertó con ella, solo le hizo una ligera contusion en el pecho. Entonces Cigno responde á Aquiles: „Hijo de Tetis (pues ya tiempo há que la fama me dió noticias de tí), ¿por qué te maravillas (y es cierto que se admiraba) de no haberme herido? Este morrion y este escudo que ocupa mi siniestra mano mas me sirven de adorno que de defensa, á la manera que los plumages sirven de gala y adorno á las armas de Marte. Vaya sin embargo todo fuera, que yo pelearé sin estos auxilios, y no por eso conseguirás herirme. Es mucha ventaja el no ser yo hijo de una Nereida,[13] sino de aquel que gobierna á Nereo, á sus hijas y á todo el mar.” Dicho esto, enristró la lanza contra Aquiles con tan gentil denuedo, que traspasó el bronce que debia detener el golpe, y penetró los nueve primeros cueros del escudo, quedando detenida en el décimo. Sacóla Aquiles, y arremetió á su enemigo con el mismo brio; pero de la misma manera resaltó del cuerpo de Cigno sin hacerle herida alguna;[14] ni á la tercera embestida pudo tampoco conseguirlo, aunque Cigno se presentaba á cuerpo descubierto. Se enfureció no de otro modo que cuando el toro en el espacioso circo se ve irritado cuando le da en los ojos el color de las vestiduras de púrpura, embiste y se halla burlado. Aquiles registra la punta de la lanza para reconocer si se le habia caido el hierro, y viendo que estaba fijo en ella, dijo: „¿Con que esto consiste en la debilidad de mi brazo, y este ha perdido todo el valor que antes tenia, pues ciertamente le tuvo, ya cuando arruiné las murallas de Lirnesa, ya cuando inundé á Tebas y Ténedos con la sangre de sus soldados, ya cuando hice que el Caico corriese tambien teñido con la sangre que vertieron los que moraban en sus orillas, y ya cuando Telefo fue herido dos veces con mi lanza? y aun aqui en este mismo lance es valerosa mi diestra, y lo ha sido con la muerte de tantos troyanos como se hallan y veo amontonados por la playa.” Esto dijo, y poco confiado en sus anteriores hazañas, probó á arrojar su lanza contra Menetes, soldado plebeyo de Lidia, y traspasándole la malla, le atravesó el pecho, y cayendo moribundo sobre la tierra, le sacó la misma lanza de la herida, y dijo: „Esta sí que es mi diestra, y esta la lanza vencedora. Me he de valer de estas mismas armas contra este enemigo, y quiera Dios tenga el mismo éxito.” Dicho esto acomete á Cigno, y sin errar el golpe le hiere en el hombro izquierdo; pero lo rechaza como si hubiera dado en un duro peñasco. Sin embargo se veia sangre en donde habia recibido el golpe: Aquiles se alegró; mas duró poco su alegría. La sangre era de Menetes y no de Cigno. Enfurecido y ciego de cólera salta ligero de su carro, y acometiendo á su enemigo con su reluciente espada, advierte que esta penetraba la parma[15] del escudo y el yelmo, pero no su duro cuerpo. No siguió mas con este modo de acometerle, sino que volviendo al contrario la espada, descargó muchos golpes con el pomo de ella en las sienes y cabeza. Atolondrado Cigno con los golpes se retiraba, siguiéndole Aquiles, de modo que unas veces le hacia tropezar y otras caer, sin dejarle ni permitirle ningun descanso. Llenóse Cigno de pavor; se le anubló la vista, y cuando se retiraba andando hácia atras, tropezó en una piedra que habia en medio del campo, y sobre ella le derribó Aquiles con grande ímpetu, dejándole tendido boca arriba. Entonces oprimiéndole el pecho con sus fuertes rodillas, le aprieta á la garganta las ataduras del yelmo, y le ahogó, cortándole á un tiempo la respiracion y la vida. Se disponia á despojar al vencido; pero ve solo las armas sin el cuerpo, porque el Dios del mar lo habia transformado en una blanca ave[16] del mismo nombre que antes tenia.

Á esta primera batalla sucedió una larga tregua, y las dos partes, cansadas de la pérdida que habian sufrido, depusieron las armas. En tanto que los troyanos guardan sus muros y los griegos sus trincheras, llegó el dia festivo en que Aquiles, vencedor de Cigno, hizo un sacrificio á Palas con la sangre de una novilla adornada con cintas.[17] Luego que puso sobre las aras las entrañas que habia de consumir el fuego, y el olor agradable á la Deidad se difundió por el aire, se separó una parte de la víctima para los sacerdotes, y otra para la mesa de los asistentes.[18] Sentáronse á comer los próceres en sus lechos convivales, saciándose de carne asada, y con el suave vino olvidaron sus cuidados y apaciguaron su sed. No hubo en este banquete cántico que realzase ni la cítara[19] ni la flauta, sino que durante el banquete y de sobre mesa se engolfaron en conversacion, siendo la materia de ella el valor y los sucesos de las pasadas refriegas, complaciéndose en referir cada uno los peligros á que se habia arrojado y de que habia salido. ¿De qué otra cosa podia hablar Aquiles, ó qué conversacion podia suscitarse mas á propósito delante de él? Sobre lo que rodó mas la conversacion fue sobre el último certamen con Cigno. Á todos pareció cosa admirable que el cuerpo de este jóven fuese impenetrable é invulnerable, é hiciese rebotar el hierro de las lanzas y demas armas. El mismo Aquiles se maravillaba de esto, y tambien los griegos, cuando Nestor[20] les habló asi: „Es verdad que en vuestro tiempo Cigno fue el solo despreciador del acero, á quien no ofendió hierro alguno; pero yo mismo ví en otra ocasion á Ceneo, que se le parecia en eso de no ser herido. Ceneo Perrebo,[21] repito, que, famoso por sus hazañas, habitó en el monte Otris;[22] y lo que mas causaba admiracion en él era haber nacido individuo del otro sexo.” Esta nueva monstruosidad excitó la curiosidad de los circunstantes á rogarle contase este suceso, y entre ellos Aquiles le dijo: „Sabio y elocuente anciano, prudencia de nuestro siglo, dí ¿quién fue ese Ceneo (pues todos tenemos deseos de saberlo), y cuál la causa para mudar de sexo? ¿En qué guerra lo conociste, y qué hazañas lo han hecho célebre? En una palabra ¿quién fue su vencedor, si es que pudo ser vencido?”

„Aunque el largo tiempo, respondió Nestor, haya borrado de mi memoria el recuerdo de muchas cosas que ví en mis primeros años, no obstante me acuerdo de otras infinitas; pero de todo cuanto he presenciado en paz y en guerra no hay cosa que se me haya quedado mas impresa que la historia que me preguntais; y si mi larga edad me hace recomendable en la referencia de las muchas cosas que en ella he visto, he vivido ya doscientos años, y estoy entrado en el tercer siglo. Cenis, hija de Elato, fue la mas bella de las doncellas de Tesalia, cuya hermosura avasalló y despreció el corazon de muchísimos pretendientes por las ciudades circunvecinas y por las tuyas, porque fue, ó Aquiles, tu prima: quizá el mismo Peleo la hubiera tambien pretendido; pero ó estaba ya casado con tu madre,[23] ó á lo menos contratado el matrimonio con ella. En suma Cenis no quiso casarse; y paseándose un dia por la solitaria playa del mar, fue violentada por Neptuno, segun asi se decia públicamente, y para recompensar la injuria de haberla desflorado le dijo: „Pide lo que te acomode, que todo te será concedido.” Asi tambien lo aseguraba la fama. „Esta injuria que me has hecho, replicó Cenis, me hace desear una cosa grande y singular, y es que me concedas el dejar de hoy en adelante el ser muger para que no me vuelva á suceder semejante desgracia en lo sucesivo: este don equivaldrá á todos cuantos me puedas conceder.” Articuló estas últimas palabras con un sonido mas grave y bronco, y podia su voz equivocarse con la de hombre, como que ya efectivamente lo era, pues el Dios del mar le habia otorgado su peticion, y sobre esto, que no pudiese ser herido ni morir á hierro. Despidióse Ceneo alegre con tales dones, y pasaba su vida juvenil en las ocupaciones y egercicios propios del hombre, recorriendo las campiñas de Tesalia, donde adquirió mucha reputacion.”