(120) Combate sangriento entre Centauros y Lapitas
suscitado en las bodas de Piritóo.
FÁBULA II.
COMBATE DE LOS CENTAUROS Y LAPITAS.
„Habia casado Piritóo,[24] hijo del atrevido Ixion, con la bella Hipodamia, y convidó á los fieros Centauros á la boda, la cual se celebraba en una cueva cercada de arboledas, y los hizo sentar á las mesas que estaban puestas por órden. Asistieron á ella los próceres de Tesalia, y yo tambien era uno de los convidados.[25] La confusa multitud de ellos hacia en la estancia un alegre ruido: cantóse el himeneo, humeando entre tanto las aras con las aromas que se quemaban. Presentóse despues la novia mas hermosa que todas, rodeada y acompañada de un gran número de casadas y doncellas. Todos dimos la enhorabuena á Piritóo, y le felicitamos por su union con muger tan hermosa. Pero salieron vanos los anuncios que le hicimos de su felicidad; porque en aquel momento Eurito, el mas fiero de los Centauros, enardecido asi con el vino que habia bebido como con la vista de la recien casada, poseido de la embriaguez mezclada con la lascivia, echó á rodar las mesas del convite, y arrebató con violencia á Hipodamia, asiéndola por los cabellos. Cada uno de los demas Centauros robó la que se le antojó ó la que pudo, de manera que parecia el saqueo de una ciudad tomada por asalto, y en la casa no se oia otra cosa que mugeriles lamentos. Al punto nos levantamos todos, y Teseo, tomando la palabra el primero, dijo: „¿Qué locura, ó Eurito, te enagena para atreverte á maltratar asi á Piritóo, estando yo con vida? ¿Ignoras acaso que á un mismo tiempo ofendes en una á dos personas?” Para hacerle ver que sus amenazas no eran vanas aparta á los que le detenian, recobra y le quita la novia que habia robado. El Centauro quedó suspenso y sin poder articular palabra, porque á la verdad ningunas tenia, ni menos razon alguna para sostener el insulto que habia cometido; pero apelando á los hechos, acometió con sus furiosas manos al rostro de Teseo, recuperador de Hipodamia, y le descargó un furioso golpe en el pecho. Por casualidad habia alli inmediato una gran copa antigua, en cuyo metal estaban sobrepuestas de bajo relieve muchas figuras que hermoseaban su superficie, y aumentaban su rigidez y aspereza; y tomándola Teseo, la tiró con furia al rostro de Eurito, con cuyo golpe empezó á arrojar por la herida y por la boca borbotones de sangre y vino y gran parte de los sesos, y de este modo cayó en tierra boca arriba. Los demas Centauros, enardecidos con la muerte de su hermano, empezaron todos á gritar á una voz: „Al arma, al arma,” infundiéndoles mayor aliento el vino que habian bebido. Al principio de la pelea volaban los vasos, cántaros y calderos que se tiraban los unos á los otros, haciendo armas para la guerra de lo que solo era á propósito para los convites. Amico, hijo de Orfion, sin respetar al templo cogió un enorme candelero de muchos mecheros ardiendo, y levantándolo en alto, como la segur del sacrificio que va á herir el blanco cuello de un toro, le deja caer sobre la frente del Lapita Celadon, y le quebranta los huesos del rostro, de modo que de desfigurado no es conocido; cuyo golpe le hizo saltar los ojos, la nariz se introdujo en la boca, y quedó pegada al paladar. Belates Peleo le derriba en tierra, quedándole la barba pegada al pecho, con un pie que arrancó de una mesa de acebo, y al segundo golpe le hizo escupir los dientes mezclados con negra sangre, y le envió á las oscuridades del tártaro. Grineo, mirando con rostro airado al altar junto al cual estaba de pie, dijo: „¿Por qué no echamos tambien mano de estas aras en esta refriega?” Al mismo tiempo arrebata el altar que humeaba, y lo arroja al medio del escuadron de los Lapitas, y aplana á dos de ellos, á Broteo y á Orion: este era hijo de Micale, famosa maga, quien por medio de sus encantos tenia el poder de hacer bajar á pesar suyo á la luna de la órbita por donde discurre. „No quedarás sin castigo si encuentro alguna arma con que darte,” dijo Exadio; y tomando las astas de un ciervo que estaban colgadas por voto de una alta viga, acometió á Grineo, y le sacó los ojos con las puntas, parte de los cuales venia envuelta en ellas, y parte mezclada con la sangre que le corria por la barba.
„Reto, tomando de en medio de las aras el mayor tizon, deshizo á Carax toda la sien derecha, cubierta de su rojo cabello, que empezó á arder con la llama voraz del modo que arden las secas aristas, y quemándose la sangre que le salia de la herida, dió un grande estallido, como el que suele dar el hierro encendido, el cual, sacado de la fragua y metido en el agua por el herrero con las tenazas, silba y rechina. Viéndose herido Carax, sacudió el fuego voraz de sus encrespados cabellos, y cargando sobre sus hombros un umbral que arrancó de la tierra, y que apenas podria llevarle un carro, no podia tirarle al enemigo por su enorme peso, y dejándole caer, lo aplanó á él y á Cometes su compañero que estaba á su lado. Reto, que no podia contener el gozo que le causaba este suceso, dijo: „¡Plegue á Dios que suceda lo mismo á todos los demas de tu partido, y se defiendan con la valentía que tú!” Y menudeando golpes con el tizon medio encendido, le rompió las vertebras del cuello y parte de la cabeza, y los huesos quebrantados nadaban entre los sesos. Ufano con la victoria, se dirigió contra Evagro, Corito y Drias; y habiendo muerto á Corito, que aun no tenia pelo de barba, le dijo Evagro: „Por cierto que es una grande hazaña el haber dado la muerte á un muchacho.” Reto no le dejó hablar mas, pues metiéndole el tizon por la boca, se lo introdujo hasta el pecho.
„Á tí tambien, ó Drias, te acometió fuertemente con el mismo tizon en torno de tu cabeza; pero no fue con el mismo suceso, porque tomando otro mayor tizon, que ya no humeaba, rechazaste el ímpetu del que estaba orgulloso con tantas muertes, y le fijaste con él un golpe en la cerviz, que le hizo dar un gran gemido, y costándole dificultad el sacar el tizon, cuyos pedazos se le habian introducido entre los huesos, echó á huir bañado en sangre. Tambien huyeron Orneo, Licabas y Medon, herido en el hombro derecho, asi como tambien Pisenor, Taumas y Mermeros, que aunque en la carrera superaba á todos, le estorbaba el correr una herida que habia recibido. Igualmente huyeron Folo, Melaneo, Abas, diestro cazador de jabalíes, y el adivino Astilo, que en vano pretendia disuadir á los suyos de la refriega. Viendo este que tambien huia Neso por temor de ser herido: „No huyas, le dice, ni tengas miedo, porque tú estas destinado[26] para ser muerto con las flechas de Hércules.” Aunque tambien huian Eurinomo, Lícidas, Areo é Imbreo, no por eso dejaron de morir á manos del valeroso Drias: igualmente Ceneo recibió una herida de consideracion cuando iba huyendo, porque volviendo la cabeza, le dio Drias un fuerte golpe en el entrecejo.
„Tanto alboroto y confusion no basta á despertar al embriagado Afidas, el cual tenia en una mano asida débilmente una copa, y estaba tendido sobre una piel de oso en profundo sueño. Forbas, viéndole en aquella disposicion, le abrió la boca con los dedos, y le dijo: „Conviene que mezcles el vino con agua de la laguna Estigia,” y al mismo tiempo sin decir otra palabra, arrimándose á él, le lanzó un dardo que le atravesó la garganta, dejándole en la postura que yacia. La sangre salpicó sobre la piel y la copa que tenia; muere sin sentir su muerte, y sus ojos se cerraron para siempre.
„En esta situacion ví á Petreo, que se empeñaba en arrancar una grande encina, y cuando estaba abrazado á ella forcejeando á un lado y á otro para sacarla, Piritóo le atravesó por las espaldas con su lanza, y penetrando el pecho, se quedó clavada en el tronco de la encina. Decíase que el valor de Piritóo habia dado muerte á Lico y á Cromis; pero se grangeó menos lauro con esto que matando á Helops y Dictis. El primero fue muerto de un saetazo, que atravesándole las sienes por el lado derecho, vino á parar en la oreja siniestra; Dictis, que corria la cuesta abajo huyendo con temblor de Piritóo, cayó de un despeñadero, y tronzando con el peso de su cuerpo un gran quejigo, se quedaron en él pegadas las tripas. Salió á tomar la venganza Afareo; y cuando iba á tirar á Piritóo una gruesa piedra que habia arrancado de la montaña, se puso delante Teseo con un pesado palo de encina, y dándole con él un terrible golpe, le quebró el brazo, y contento con dejarlo inútil para el combate, no cuidó de quitarle la vida por falta de tiempo; y saltando con ligereza sobre las espaldas del Centauro Bianor, no acostumbrado á llevar mas carga sobre sí que á sí mismo, le aprieta las costillas con las rodillas, y sujetándole con la mano izquierda la cabellera, le desfiguró á palos el rostro y la boca amenazadora, y le quebrantó las sienes. Con el mismo palo de encina echó á tierra á Nedimo y á Licotas, diestro en el dardo, á Hipason, cuya barba larga le cubria el pecho, y á Rifeo, que habitaba las encumbradas selvas, á Tereo, que solia llevar á su casa los osos vivos, cazados en los montes Hemonios.
„Demoleon, envidioso de que Teseo pelease con tan buen suceso, hizo esfuerzos para arrancar de un espeso bosque un viejo pino, y no habiendo podido, tiró contra su enemigo el pedazo que se habia quebrado; pero Teseo, inspirado de la Diosa Palas, ó á lo menos asi queria hacerlo creer, hurtó el cuerpo y evitó el golpe; pero no dió en vago, porque separó el hombro y el brazo izquierdo del cuello de Crantor. Este habia sido, generoso Aquiles, escudero de tu padre, y Amintor, Rey de los Dolopes, vencido en la guerra, se lo habia dado en prenda y seguridad de la paz que habia hecho con él. Viéndole este desde lejos despedazado, le dijo: „Recibe, querido Crantor, el mas agraciado de todos los jóvenes, esta ofrenda que te hago en vez de las exequias;” y enardecido con el mayor furor tiró su lanza con toda su fuerza á Demoleon, la cual le rompió y atravesó el costado, y quedándose clavada en los huesos, en ellos se veia blandear. Demoleon, haciendo mil esfuerzos para sacársela, solo pudo arrancar el asta, porque el hierro se habia quedado clavado en el pulmon. El dolor le daba fuerzas y acrecentaba el valor, y aunque herido se levanta contra su enemigo, y le sacude coces con sus pies de caballo; pero Peleo, oponiendo su morrion y escudo, y asiéndolos fuertemente, recibió en ellos las patadas, y defendió de ellas su cuerpo; y arremetiendo al enemigo, de un solo golpe le atravesó entrambos costados de hombre y de caballo. Antes de esto habia dado muerte á saetazos y desde lejos á Phlegron y á Hilas, y en combate y lucha trabada á Hifinóo, á Clanis y á Dorilas, que llevaba cubierta su cabeza con una piel de lobo, armada con unas astas de buey, y teñida en sangre de los muertos que habian caido en el combate. Yo,[27] á quien el enemigo aumentaba las fuerzas, le dije: „Ahora verás cuan inferiores son tus astas á mi lanza,” tirándosela al mismo tiempo con el mayor denuedo: el Centauro para evitar el golpe opuso su mano derecha, defendiendo con ella la frente; pero traspasándola la lanza, se quedó clavada en ella. Este golpe le hizo dar un grande grito; y Peleo, que estaba mas cerca que yo, viéndole que temblaba, y que estaba rendido con la cruel herida, le metió la espada por medio del vientre. Dió el Centauro un gran salto, con el cual se le cayeron las tripas al suelo, y se las pisaba y hacia pedazos, y enredándosele entre los pies, le impedian el andar, hasta que por último, quedándosele vacío el vientre, cayó en el suelo muerto.