Solo un camino nos resta en la solucion de esta cuestion, y este es, la mediacion amistosa.
Desde nuestra emancipacion política jamas se ha presentado una ocasion mas favorable para que la República Argentina ponga el peso de su influencia y su valer en una cuestion en que se debaten intereses puramente americanos. La mision que el órden actual de los sucesos le ha señalado no ha podido ser ni mas digna, ni mas adecuada al rango que ocupa entre las naciones Sud-Americanas.
Si la República tiene el derecho, y debe negar el paso á la Escuadra Brasilera, ella puede á su vez prestar sus buenos oficios al Brasil y al Paraguay, ofreciéndoles su amistosa mediacion, é interponiendo toda su influencia cerca de ambos gobiernos, para llegar á poner termino, de una manera honrosa para ellos, á las cuestiones pendientes.
En esto la República habria dado un paso digno de su posicion, y habria salvado su propia conveniencia, sin esponerse á sufrir hoy los resultados de la política que el Brasil ha desplegado constantemente en el Rio de la Plata, que como hemos demostrado ya, ha sido siempre de absorcion y engrandecimiento á costa de la desmembracion y aniquilamiento de las repúblicas Sud-Americanas.
Los gobiernos de la República habrán ganado consideracion respecto á los Estados vecinos, puesto á cubierto su dignidad y sus intereses y llenado un honroso deber de humanidad.
VI.
De la neutralidad.—Derechos y deberes.—Violacion del territorio por los beligerantes.—Presas ilegales.—Estacion de los beligerantes en las embocaduras de los rios, bahias, &a.—Restitucion de presas.—Tribunales.—Adjudicacion.—Prisioneros.—Salida de los buques beligerantes de los puertos neutrales.
Ya sea por medio de un permiso especial, ya por una violacion del territorio, la internacion de la Escuadra Brasilera, en el corazon de nuestros rios interiores, es un hecho incontestable.
El misterioso silencio, que forma el credo político, del Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores, y con el cual se cubre, como con un velo, el dolce far niente, continúa conservándonos aun en la grata ignorancia, sobre un asunto de tan grave importancia, y al volver sobre la cuestiòn, solo podemos hacerlo internándonos en el intrincado laberinto de las congeturas.