Para averiguar si la proteccion puede ser conveniente á un pais cualquiera, y sobre todo á un pais abundante, fertil, rico, é inesplotado aun por la mano del hombre, la primera idea que ocurre es, saber si ese pais cuenta ó no con producciones valiosas, capaces de ofrecer sus productos sin ocurrir á los medios artificiales.
Que Buenos Aires tiene inmensas producciones espontáneas, valiosísimas, nadie puede dudarlo. Basta echar una mirada sobre nuestras vastas llanuras, y recorrer con la vista la espontaneidad con que la naturaleza vírgen ofrece todos sus frutos, y como se reproducen en sus vastas campañas esas inumerables masas de ganado que nacen, se crian y mueren al aire libre, para comprender que esa tierra de bendicion no necesita que la mano del hombre vaya con sus trabas absurdas, á abrir diques artificiales para hacer correr la fuente espontánea de sus producciones por un camíno ficticio.
Cual es, pues, la conveniencia de un pais vírgen que tiene aun inmensas riquezas inesplotadas, ¿dejar á esas riquezas que sigan su libre curso, consagrándose à su esplotacion—ó forzar á la naturaleza empeñándonos en hacerle producir los productos que puede recibir del extrangero mas baratos y que no le son espontáneos.
Esta es para nosotros la gran cuestion.
El empleo de brazos y capitales empleados en la manufactura de producciones artificiales, por que asi designamos las que no se ofrecen espontáneamente, por sí mismas en el pais, no importa otra cosa que el retiro de esos mismos brazos y capitales de la esplotacion de los productos espontáneos. El importe ó costo de estos mismos brazos, ó capitales empleados, vendrá al fin á darnos por resultado que el derecho proteccionista, con que va gravada la industria artificial implantada en el pais, que tendrá que pagar el consumidor, vendrá á resultar en su liquidacion siendo una pérdida real que habrá sufrido este, porque la diferencia entre el mismo artículo comprado al estrangero y el costo que tendrá el elaborado en el pais, será justamente el monto de la pérdida que habrá sufrido la elaboracion nacional que pudo haberse efectuado, si el empeño de producirlo nosotros mismos no nos arrastrase á distraer nuestros capitales del verdadero empleo á que debieron ser destinados.
Asi, pues, esta operacion absurda es á toda luz contraria á los sanos principios de economía política. Para comprobar este aserto, veamos lo que á este respecto dicen los mas célebres economistas.
Mr. Courcelle Seneuil, hablando de la proteccion con que ha sido favorecida la fabricacion de los algodones en los Estados Unidos, nos presenta un ejemplo práctico, que puede muy acertadamente aplicarse á Buenos Aires, con tanta mas razon cuanto que es aquel un pais igualmente nuevo, y rico en sus producciones.—Hé aquí sus palabras:—
“Los Estados Unidos, han favorecido allí, estableciendo una tarifa protectora, la planteacion de manufacturas de algodon: hoy las poseen. ¿Han hecho una buena ó una mala operacion económica? Desde el establecimiento de la tarifa cada ciudadano americano ha pagado mas caros los objetos de algodon fabricado, de que tiene necesidad. ¿A quién ha aprovechado esa diferencia de precio? A nadie, ó cuando mas á algunos fabricantes, pues no es dudoso que el elevado precio asegurado á los productos no ha multiplicado allí las fabricas á punto que ellas no den ganancias mas elevadas que las otras empresas industriales del pais.
“Sino se hubiese establecido la tarifa, todo el trabajo empleado en fomentar y esplotar las manufacturas de algodon hubiera podido ser aplicado á desentrañar las tierras, ò á mejorar las tierras ya removidas, ó á toda otra industria productiva, y todos los capitales absorvidos por la diferencia del precio, resultante de la tarifa, hubiese podido ser empleado en fecundizar los trabajos agrícolas. De cierto ni la poblacion ni la riqueza del pais, serian menos; pero llegaria un dia en que las empresas agrícolas, ó de otra especie, tornándose menos fáciles ó productivas, se calcularia lo que cuesta la venta y el transporte á Inglaterra ó Francia del algodon en lana, la venta y el transporte del algodon fabricado, de Europa á América, y en que teniendo tanta inteligencia, actividad y capitales como los europeos, se emprenderia la fabricacion de los algodones, fundados en la fé de la prima del estímulo que resulta de los costos de transporte, asi como de la mayor facilidad en las relaciones. Ese dia la fabricacion del algodon se habria establecido por sí misma en los Estados Unidos, y hasta aquel momento era inútil que ella se estableciese.”
“El régimen protector podria encontrar una escusa en un pais viejo que ensayase por este medio de estimular á una poblacion apática, ó de cambiar una distribucion inícua y viciosa de las riquezas: pero de todos los pueblos de la tierra, el de los Estados Unidos es el que menos lo necesita, y por consecuencia el que mas pierde con él.”