Ahora, pues, nos resta tan solamente ocuparnos de los Estados Unidos, donde la proteccion ha sido el alma de su sistema comercial. Para apreciar lo que este sistema importa en la Union Americana, oigamos al redactor en gefe del Journal des Economists, que hemos citado anteriormente.

“El sistema protector, dice, ha sido llevado siempre adelante en la Union Americana, por los representantes de los Estados del Norte, en los cuales únicamente, se han establecido algunas fábricas de géneros de algodon ó de lana. Pero al proteger las fábricas interiores, traban necesariamente la introduccion de las mercancias estrangeras, y los estrangeros cuentan con otros tantos medios menos de pagar el algodon, el arroz, el tabaco que están dispuestos á estraer de los Estados Unidos. Así es que los Estados del Sud, que son esencialmente agrícolas, se han mostrado siempre muy opuestos á las medidas restrictivas, reclamadas por los distritos manufactureros del Norte. De ahi nace la antigua y gran cuestion de la tarifa, que ha amenazado la ruptura del pacto federal y la separacion de los Estados del Sud con los del Norte y del Nordoeste, querella que no dejará de aparecer con motivo de las nuevas medidas propuestas.”

Para terminar transcribiremos aun una cita de Mr. Dunoyer, tanto mas oportuna cuanto ella alude especialmente á nosotros.

“Si Portugal, dice, hubiera rehusado recibir los productos de las fábricas Inglesas, y los nacientes Estados de Sud América hubieran rechazado con sus aduanas los artículos manufacturados por la industria Europea, esto no habria, de cierto, bastado para hacer de esos pueblos paises manufactureros. Creo se puede, sin mucha temeridad, desafiar á los sostenedores del sistema prohibitivo á citar ejemplo de poblaciones abatidas, á las que ese sistema haya tenido el poder de despertar su actividad, ó de naciones verdaderamente activas á las que la libre comunicacion con las sociedades industriosas y ricas haya hecho caer en el abatimiento.”

Despues de cuanto dejamos espuesto, nuestros lectores podrán valorar lo que importan las teorías, destituidas de todo fundamento, que se han sacado á luz, y si hemos ó no tenido razon para decir, que para pulverizar tales argumentos no necesitabamos de otro espediente que el de apelar á la historia económica de las principales naciones comerciales.

Se nos ha dicho, como argumento muy irrecusable, por el proteccionista, que nuestros artículos le causan fastidio, cosa que à la verdad no es de estrañar, pues nada hay mas fastidioso y cansado que el ocuparse de la lectura de aquello que no entendemos. Sin embargo de esto, continuaremos en adelante desarrollando nuestras ideas en otros artículos, hasta dejar satisfechas sus dudas y rectificados sus errores.

Si de esto resultase un aumento de fastidio por su parte, por la nuestra, habremos tenido la satisfaccion de haberle hecho comprender el refran español, que, refiriéndose á ciertas cosas y á ciertos casos, dice—Peor es meneallo.


III.
¿Es conveniente al Estado de Buenos Aires seguir el rumbo que desertan hoy las naciones envejecidas en el comercio?—La proteccion hace perder el equilibrio á las producciones naturales de un pais.—El verdadero interés esta en fomentar lo que se ofrece espontáneamente.—La conveniencia no consiste en la diversidad de frutos, sino en el monto que representan.—Inconveniencia del sistema proteccionista al Estado de Buenos Aires.—Jornales que ganan sus trabajadores.—Efectos que ha producido la proteccion.—Ventajas que ha ofrecido el libre cambio.—Cual es la verdadera proteccion que conviene á los paises nuevos.—Deducciones generales.

Todo cuanto sirve al hombre para alimentarlo, animarle, vestirle, fortalecerle y consolarle, viene á ser (bajo el sistema proteccionista) objeto de un precio adicional, agregado al natural, para elevarlo todo, hasta la misma vida, á una altura que esté fuera del alcance del mayor número.
Lamartine.