—¿Quién?

—El conde de Lara.

—¿Qué decís?

—La verdad.

—¿Quién os lo ha dicho?

—Mis ojos; Castilla entera.

—Os han engañado, conde don Gómez. ¿Queréis más? Doña Urraca desciende a daros satisfacciones: ved si aprecia vuestros servicios.

—Si pudiera persuadirme...

—Persuadíos pues...

—Vuestra Alteza tiene demasiada bondad con un frenético indigno de ella; pero es preciso que yo deje León.