—Sabes lo que se quiere que sepas, y algo más, ¿no es verdad? Pero te aconsejo que trates de olvidar lo último.

—Será como Vueseñoría mande.

—Bueno: así debe ser. ¿Y qué piensas de todo esto?

—Señor, nada: yo no pienso más que cuando mi amo me lo manda.

—¡Hipócrita! ¿Hasta conmigo quieres conservar tu máscara? Déjate de gazmoñerías, y di tu parecer.

—Una vez que Vueseñoría lo manda...

—Al grano, al grano.

—Pienso que ese moro no es desconocido al conde de Lara.

—Muy bien pensado: veamos ahora el fundamento de tus acertadas conjeturas.

—Si no me engaño, Vueseñoría ha vivido en Sevilla no hace siglos, y según he llegado yo a entender, hubo en aquella ciudad una cierta mora llamada Zulema, hija de Hamet, que dice el recién venido es también su padre, que...