—Maldito seas, ¿de dónde sabes tú todo eso?

—Yo estaba al servicio del difunto conde, y veía con frecuencia las cartas de Vueseñoría fechadas en Sevilla...

—Y poco te bastó para ponerte al corriente. Pues bien, es cierto: Zulema era bella; yo joven; ella crédula...

—Vueseñoría astuto.

—Lope, cuidado con la lengua. Zulema sucumbió; Alí viene a vengarla; si se sabe esta historia soy perdido.

—En efecto, doña Urraca no es mujer que sufra rivalidades.

—No; y además el virtuoso don Gómez sacaría gran partido de una aventura que en sí no es nada.

—¿Qué ha de ser? Seducir a una mora y después abandonarla, ¿qué significa?

—No te hagas el escrupuloso.

—Lejos de eso, soy de la misma opinión de Vueseñoría: la cosa nada vale.