—¡Qué horror!
—Humilde criado de Vueseñoría.
—Espera..., ¿y no hay otro medio? Escucha, Lope, no te vayas.
—Veo a Vueseñoría hecho un ermitaño, y me retiro a rogar a Dios que dé más fuerza a su brazo de la que tiene su espíritu...
—¡Malvado! ¿No conoces más medio que un asesinato?
—Hombre muerto no habla.
—Ni el que está en un calabozo puede hablar, al menos de modo que se le oiga.
—Pero puede salir de él, y entonces...
—Entonces prefiero correr ese riesgo a cargar mi conciencia con un crimen horrible.
—¡La conciencia del señor conde!