El pequeño cálculo que presentamos del número de los reunidos y de la poblacion de los arroyos, no inclusa toda la que no observamos en las faldas del Curumualá, Guaminí y lagunas del NO, se puede decir que de la primera fuè hecho con alguna exactitud, pero de la segunda talvez nó, porque las poblaciones se estendian por las costas de los arroyos, y estos no fueron reconocidos sino à una corta distancia de cada uno: es decir, lo que se pudo sin que fuesemos vistos. Daremos solamente en esta parte lo que vimos.

Por noticias de desertores ó indígenas, sabemos que la poblacion es inmensa, y no interrumpida por toda la costa ó faldas de la sierra hasta Salinas, inclusos los rios Guaminís que desaguan en la laguna de San Lucas, los que se hallan poblados por la tribu Ranquel. El número de los reunidos pasaba de 1,300 hombres, segun el total que formaban las divisiones siguientes.

Hombres. Sables. Lanzas, &c.
La del cacique Neclueque.30018100
La del id. ranquel, Culeclen.3201950
La del id. id. Salomon.100325
La del id. id. Necul.120"32
La del id. id. Llangretaun.3801654
La de los Huilliches, cuyo nombre del cacique no se conoce.150"62
1,37056323

En el primer arroyo Quetro-eique se encuentran 24 toldos, y su po[{135}]blacion se calcula de 400 almas, hombres capaces de llevar armas 92. En el segundo Malloleufú se hallaban situados[44] en ambas riberas del arroyo 28 toldos, y su poblacion se calcula de 560 almas, en las que hay 120 hombres capaces de llevar armas. En el tercero, Ingles-mahuida se cuentan las tolderias del cacique Neclueque y otros: en ambas riberas se encuentran 59 toldos, y su poblacion se compone de 1,200 almas, de las que, 290 hombres en estado de hacer la guerra. El número de ganados es considerable, ellos se multiplican mas allá de todo cálculo, abandonados á ellos mismos; porque aun cuando es manso y continuamente en rodeo, sus amos no los consumen, porque aprecian mas la carne de potro que la de esta especie. Lo mismo sucede con el caballar y lanar.

La observacion que se hizo de la latitud en el punto de parada en el arroyo Quetro-eique, dió por resultado, hecho el cálculo de latitud, 37° 50' latitud austral, 56° 20' longitud occidental del meridiano de Cadiz, ó 16' 10" de diferencia de longitud occidental del meridiano de Buenos Aires, como punto de partida, y á cuyo meridiano se refieren las diferencias de latitud y longitud contraidas durante el viage, conforme se expresan en el estado general al fin de esta obra.

En algunas cartas hemos visto representada la Sierra de la Ventana en los 37° 55': pero como nuestra observacion no fué hecha en la falda del cerro, y sí á 5-½ millas mas al oriente, en la costa del arroyo, la diferencia de 5' es precisamente en lo que influye la distancia en millas que se ha dicho habia de un punto á otro, y entonces solo resultan 28" de diferencia: á no ser que la distancia no haya sido bien calculada, como es probable que así sea. La longitud es la misma, con la diferencia de 48", de la que se establece en las cartas que estan construidas con respecto al meridiano de Londres, al que se halla arreglado el de Buenos Aires que rige las longitudes de los demas puntos de la Provincia. En lo que solamente se encuentran algunos puntos del interior del sud, es en la esférica de Espinosa y Bausá, trazada por el meridiano de Cadiz, que regla la longitud de Buenos Aires[45].

Dia 6. Claro, brisa fuerte del SO, frio. Por la mañana volvimos al mismo alboroto: toda la gente del dia anterior la tuvimos en nuestro campo, redoblando sus esfuerzos para salir ganando. En este dia descubrieron mas el velo de su pirateria, dándose cada una de ellos á adquirir lo ageno contra la voluntad de su dueño: procuraban hacerlo á todas luces; lo veiamos pero teniamos que hacernos ciegos, porque no eran aquellos momentos para reclamaciones, ni quiebras de lanzas. Era insufrible la presencia de esta horda desenfrenada.

Se invitó al cacique y demas capitanejos á tener una corta conferencia para concluir algo de lo que habia pendiente, y emprender nuestra retirada, si podiamos. Reunidos, tuvimos una corta parla con ellos, en la que se suscitaron largas altercaciones sobre los mismos objetos que habian tenido lugar el dia anterior, relativo á la plata encajonada que se les tenia guardada y no se les repartia. Los capitanejos, que acompañaban al cacique en cuestion, eran los que interrumpian y renovaban las peticiones sobre la cócora guardada. En estas altercaciones se pasaron mas de dos horas: se entró en composicion, pero la composicion era con preliminares de conveniencia para los contratantes. El cacique, presidente, no se contentaba aun con lo que habia arrancado, sino que hacia propuestas para lo futuro, y estas las renovaba cada uno de los que le oian, obligando la Comision á que así lo cumpliese á su llegada á Buenos Aires. Querian que se les remitiesen, si posible era, las mismas promesas supuestas, á mas de los infinitos encargos que cada uno hacia particularmente: de modo que, todas las entradas de la Provincia de un año, no eran suficientes para remitir lo que pedian á la vuelta de la Comision, si se habia de cumplir lo que exigian.

Entretanto se actuaba en estas cuestiones de pedir de boca, la gente buscaba la ocasion, ya por las carretas, ya por nuestras tiendas, de conseguir alguna cosa. Por conclusion volvieron á fijar precios á todos los artículos de consumo que compraban en la frontera y en la ciudad, como á la yerba, tabaco, azucar, &c., &c., poniéndolos á su antojo, y que así se les vendiese en lo sucesivo, como base de la paz: y tambien sobre las condiciones que debian ponerse á los corraleros, ó casas en donde paran y depositan sus efectos, para la seguridad de estos y de los intereses que continuamente perdian en la capital y en la frontera; en fin los mismos reclamos que en la primera conferencia hicieron los otros. A todos los caciques y capitanejos se les dió patentes de paz, para que pudiesen arribar libremente á cualquier punto de la frontera que quisiesen, con recomendaciones particulares, para evitar cualquiera hostilidad que se intentase.

Se dispuso todo para emprender en el momento la retirada á la poblacion del amigo Lincon. A las 2 de la tarde nos despedimos de todos ellos, y rompimos la marcha. Toda la reunion se fué igualmente con su cacique, pero no sin dejar de cometer alguna tropelia para no faltar á sus principios. No habiamos avanzado 6-½ cuadras del arroyo, cuando arribó desnudo a nuestro alcance un pobre miliciano, que con interes de hablar con el cacique que iba en retirada, habia pasado el arroyo para proponerle nuevamente el rescate de un hijo que tenia en su poder. Antes de arribar á èl, lo abordaron tres de los que se retiraban con su Señor, lo desnudaron completamente, y escapó, amenazándoles que daria parte al cacique: contestaron, que lo hiciese, y entonces perderia mas: que se retirase, pues le tendria mas cuenta. El miliciano nos abordó desnudo, dando parte de lo acaecido, y siguió conformándose por no haber perdido mas.