El viejo cacique se presentò á nuestro campo á las 10 de la mañana, con el semblante alterado, y un chasque que habia llegado del cacique Neclueque: hizo llamar al intérprete, y dijo á la Comision: que en consonancia con los principios que habia manifestado, no podia menos que exaltarse al comunicar la noticia que por media de aquel chasque le participaba el cacique Neclueque. Que los caciques Ranqueles disidentes, combinados todos, habian determinado reunir sus fuerzas y formar divisiones, para hacer una incursion á la frontera y atacar á la Comision, y vengarse de los procedimientos del Gobierno y de los de ella misma: que al efecto habian marchado las divisiones cada una á su objeto particular: que unas se dirigian á las guardias del Salto, Rojas y Pergamino, y otras á cortar la retirada de la Comision; y que al efecto se hallaban apostadas en varios puntos del tránsito que debia hacer: que las quemazones de la campaña, y los humos que al N se veian, manifestaban como telégrafo, que las divisiones iban pasando de la sierra para efectuar sus planes. Que la Comision no siguiese mas adelante por ningun motivo: que hiciese chasques al Gobierno con oficios, dando cuenta de lo acaecido, y pidiendo auxilio: que mientras tanto ella permaneciese en su casa: que él y los suyos la defenderian, si fuese atacada por los disidentes á costa de su existencia; que si los Ranqueles eran muchos en su número, ellos eran pocos, pero valientes: que les haria conocer que no eran menos guerreros que sus rivales, y que el cacique Lincon sabia ser consecuente en su amistad indisoluble con el Gobierno y la Comision. Que él como cacique principal de las tribus Pampas, haria convocar á todos sus caciques y les ordenaria que se preparasen para defendernos con sus fuerzas, demostrando sus principios y amistad que habian proclamado no hacia mucho tiempo en la reunion general: que él y su gente velarian desde aquel momento sobre su seguridad. En efecto, el bravo cacique se puso en precaucion: mandó chasques á todos los caciques para que al dia siguiente se reuniesen en su casa, y determinasen lo que debia observarse: es decir, quienes debian remitirse de chasques, el número de tropa que debia pedirse de auxilio, y como y hasta donde debia conducirse; y mientras tanto, los auxilios que debian prestarse por todos, si eran invadidos sus territorios contra la Comision por los disidentes. Nosotros nos pusimos en precaucion en nuestro pequeño campo, atrincherándonos con nuestros carruages.
Esta noticia, lejos de sorprendernos y causarnos agitacion, la recibimos con serenidad, á pesar del peligro; porque la pronosticábamos anteriormente como un resultado de la conducta que habian manifestado, principalmente con la Comision, y porque veiamos demorar su ejecucion, esperándolos à la retirada. Ellos no hubiesen surtido efecto, porque era de esperar que, ignorantes de su movimiento, nos hubiesemos puesto en marcha sin auxilio ninguno: pero sabiendo lo contrario, nunca creimos que por venganza hubiesen de abrir una guerra con la tribu aliada, lo que les hubiese originado muchos males: esperábamos por consiguiente, que desistirian de su empresa cuando supiesen el amparo y proteccion que nos dispensaban los caciques adictos á ella. Así la Comision se propuso dar cuenta al Gobierno de todo lo acaecido, desde su llegada hasta lo ocurrido en la fecha, como lo efectuó, esperando el resultado de la reunion del dia siguiente, para dar cuenta igualmente de lo resuelto por ella en órden á los mismos asuntos, y disposiciones que se diesen para la forma de remitir los oficios.
El oficio número 1, que se tenia preparado, en donde se daba cuenta desde los primeros acontecimientos del 24 de Abril hasta la fecha, estuvo pronto para remitirlo, y el número 2, que igualmente se remitiria, debia encerrar las disposiciones de la reunion que se iba á efectuar. [{142}]
El intérprete de la Comision arribó á las 5 de la tarde, y confirmó la noticia remitida segunda vez por el cacique Neclueque. El cacique Lincon tuvo su gente toda la noche sobre las armas en número de 300 hombres, y á cada moment mandaba órdenes á nuestro campo para que hiciesen salvas y descargas. Estas peticiones extravagantes eran cosa de risa: pero era menester agradecerlas.
Las caballadas y ganados de la poblacion y los nuestros se pusieron en movimiento á la novedad de la explosion: se armó una confusion horrorosa en toda la poblacion, á la bulla y disparadas de algunos millares de caballos, yeguas, &c. &c. La nuestra se hubiera perdido toda, si antes de hacer la descarga no la hubiesen custodiado. Todo el dia, y á cada instante volvia á repetir sus insinuaciones el cacique. Es imponderable el placer que sentia al oir un tiro de fusil ó de cañon.
El 10[52] por la mañana, se reunieron algunos caciques de los convocados, y el principal, Avouné, para tener la conferencia. Este se presentó á la Comision, y le manifestó el disgusto que tenia al observar la mala fé de los Ranqueles, y al ver demorada su retirada: que ellos iban á tomar una determinacion para que fuesen infructuosos sus esfuerzos. A las 10 se reunieron los caciques siguientes.--
Lincon, Pichiloncoy, Ancaliguen, Chanabilú, Neculpichuí, Pitrí, Avouné, Huilletrur, Llanqueleu, Chanapan, Epuan, Califiau, y cinco ó seis capitanejos.
Presididos por el primero, dió cuenta este á la asamblea de todo lo acaecido, invitándolos con arrogancia á poner un pronto remedio, y cumplir con los hechos lo que de palabra se habia asegurado tantas veces. Acordaron unanimemente que se remitiesen dos chasques al Gobierno por la Comision, con una relacion circunstanciada de lo ocurrido, pidiendo auxilio de 200 hombres; que permaneciese mientras tanto en la posicion en que se hallaba: que los dos caciques partirian el 12, porque era menester que se proveyesen de víveres para el viage: que el uno traeria la contestacion del Gobierno con lo resuelto, y el otro conduciria la fuerza hasta un cierto punto que la Comision eligiese; hácia el cual marcharia escoltada por un cierto número de hombres que cada cacique daria, para completar un número imponente á cualquiera fuerza enemiga que se hallase apostada en el camino. Que previniese la Comision al Gobierno que se cuidase, de que las partidas que traficaban en la frontera no fuesen confundidas con las enemigas, y que se advirtiese al cacique en rehenes, Cayupilquí, que las reconociese, y si se encontraban algunas enemigas, se ordenase su prision, que ellos estaban igualmente prontos á la primera señal á prestar sus auxilios.
Concluida la conferencia arribó un chasque de los caciques Huilliches, que habian entablado relaciones con la Comision, y consecuentes á ellas, ofrecian cooperar con sus fuerzas á mantener el órden. La Comision les agradeció sus recuerdos, dejando la contestacion á la asamblea. Digeron que estuviesen alerta para acudir á la primera órden que se les comunicase. La Comision reiteró sus agradecimientos á las buenas disposiciones y sentimientos que todos los caciques habian desplegado en esta ocasion. Los oficios quedaron preparados para cuando los chasques saliesen.
Al dia siguiente 11[53] el cacique Lincon comunicó á la Comision que iba á remitir un chasque al cacique Neclueque, dándole cuenta del resultado de la asamblea, y que, si aprobaba lo resuelto, podia prestar el auxilio que creyese por su parte ser suficiente: para que, reunido al que él daria y los demas de su departamento, la Comision marchase bien escoltada, sin necesidad de pedir auxilio, ni de remitir chasques que causarian una demora considerable. Que la Comision, guiada por buenos baqueanos, extraviaria camino por diferente rumbo del que habia traido, para burlar de este modo la astucia de los enemigos, y salir á otro punto mas á la costa de la frontera, pues que se repetia que los enemigos se dirigian á atacar á Navarro, Lobos y Areco, y que retirándonos á la Guardia del Monte no habria nada que temer. Con el resultado de la mision que esperamos al dia siguiente, creimos ponernos en movimiento, aunque no muy fiados en la custodia prometida.