Fué seguramente una casualidad muy feliz la de haber descubierto y adquirido relaciones con los tres hermanos caciques, situados en los puntos mas interesantes, que son las primeras tolderias de las fronteras del oeste en la laguna de Salinas y paso de las cordilleras á Penes. La disposicion que manifiestan para allanar con los doce caciques, sus deudos y confederados, la plantificacion de poblaciones en aquellos puntos, aleja muchas dificultades, que sin esta favorable circunstancia deberian tocarse.

El gobierno ha oido de boca de estos mismos caciques las repetidas protestas de ser consecuentes en sus ofertas. No entremos ahora á investigar el derecho con que pueden hacerse las poblaciones y ocupar estos terrenos. Todos los hombres le tienen de la naturaleza para poblar y cultivar las tierras que les han de mantener. Los hombres en sociedad han establecido los suyos, y sin vulnerar aquel primer derecho, obligan á que han de avecindarse á las poblaciones que formaron, á cultivar las tierras que antes ocuparon, á que guarden un cierto órden que les afiance la tranquilidad de sus posesiones. Nosotros no podemos tener una garantia segura de las tribus salvages: sus intereses estan en contradiccion con los nuestros. Ellos viven en el ocio y no conocen mas derecho ni mas ley que la fuerza para sustentarse del fruto de nuestros trabajos: asi es que la conservacion de nuestras vidas y propiedades, parece que nos autoriza para defenderlas con un cordon bien situado de fronteras, y oponer una fuerza á otra.

Pero los indios amigos nos ahorran estas disputas. Si el infestar un país, ó el poder de correrlo libremente, dá un derecho de propiedad como el de Blasco Nuñez de Balboa en el mar del sur, nadie negará que los caciques podrán tratar libremente con nosotros y celebrar pactos valederos. Los caciques Quinteleu, Epumur y Victoriano nos ofrecen sus tierras, desean formalizar tratados, estos no contendrán ninguna condicion irritante, serán igualmente provechosos á los interesados. ¿Quién, pues, nos disputará la facultad de efectuarlos legítimamente? ¿Quién negará la justicia con que podemos rechazar las agresiones de cualquiera tribu que intente perturbarnos en el goce de los derechos adquiridos por un legítimo y solemne pacto con los caciques amigos? Nosotros desconocemos ese derecho que se dice de conquista, los indios no temerán verse esclavizados ni privados de sus bienes, de su tiempo y del fruto de su trabajo. El convencimiento de su propio bien será quien los decida á mesclarse con nosotros, y á entrar en nuestra sociedad: entonces participarán proporcionalmente de las cargas que sufrimos, así como gozarán de nuestras comodidades; y esta convencion será perfectamente libre y espontanea.

Me persuado que no llegará el caso de usar de la fuerza, porque la dulzura y la sagacidad triunfaràn del caracter feroz y suspicaz que manifiestan comunmente, y que á veces ostentan con estudio por ver si sorprenden à quienes no los conocen. Desean con ardor muchos de nuestros artículos, y no será dificil que por el estimulo de algunos regalos los decidamos á entrar en contratas ventajosas. Como son naturalmente desconfiados é insubsistentes, es preciso que luego sin detencion se proceda á ocupar los terrenos que nos cedan; y para esto se necesita una fuerza respetable que no solo les imponga, sino que aleje toda esperanza de cometer con suceso una perfidia. Son idólatras de sus ganados y propiedades, pasan á la posteridad cualquiera injuria inferida á sus personas y á las de sus hijos ó deudos: jamas perdonan, y la venganza dura tanto como la existencia de las generaciones de agraviados y agresores. Por esta razon el gobierno debe poner el mayor cuidado en la eleccion de gefes y oficiales subalternos que se destinen á esta obra: al paso que la misma division de tribus y la perpetua enemistad en que viven, abren un camino facil para conseguir los objetos que se proponen.

El interes, que los indios conocen y defienden, les hará entrar en sociedad, y se presentarán gustosos al servicio por el competente estipendio: cuando adviertan que las pieles de sus caza, los tejidos ordinarios de su industria, los vellones esquisitos de ovejas tienen facil expendio en cambio de los artículos de su lujo ó de sus necesidades, se haràn mas aplicados, intimarán sus relaciones, y luego serán unos miembros útiles del estado, que tendrán un mismo idioma, costumbres y religión que nosotros. Esta conducta, observada religiosamente, hará mas conversiones que los misioneros de propaganda.

Para proceder con seguridad en la empresa son necesarios 1,000 hombres de tropas regladas, con la correspondiente artilleria, que subsistirán en la frontera hasta que un igual número de pobladores les pueda subrogar. Estos, cuya primera obligacion será instruirse en el manejo de las armas, estarán regimentados, y servirán alternativamente por un corto estipendio.—Como ellos deben ser propietarios y vecinos, defenderán mas ahincadamente sus bienes, y serán los soldados mejores para este género de guerra.

Las conducciones de familias, tropas, útiles, armas, bageles y cuanto mas es necesario, estoy seguro que costará poco al erario, pues los hacendados y labradores de estas campañas, en quienes inmediatamente refluye el beneficio de su seguridad, los harán gratuitamente ó con la mayor equidad posible. Ellos desean con ardor ver realizada esta empresa, y muchos me han ofrecido generosamente todo cuanto pueden, por contribuir á un objeto tan interesante.

Los demas gastos cuantiosos de este ramo de poblaciones y su subsistencia pueden facilitarse con cargo de reintegro de los fondos que á este efecto, sin gravámen de las provincias y vecindarios, se establescan. Con esta consideracion, ademas de las ya referidas, he propuesto la primera poblacion y cuartel general de Salinas, porque desde ella han de ir adelantándose las demas, en proporcion de los fondos y facultades que adquiera, los cuales no dudo sean luego muy considerables.

Nada se presenta mas facil que pobladores, asi de los que lo desean, que son muchas familias de la campaña, como de aquellas á quienes se les hace un bien en trasplantarlas desde ella y la ciudad, donde yacen en la miseria y sirven de pesada carga á la sociedad, sin producir cosa alguna.

Las provincias de Córdoba y Cuyo nos daràn tambien pobladores, y cooperarán con nosotros, por el interes que tienen en establecer poblaciones y extender sus fronteras para asegurar sus campañas y las haciendas de sus vecinos: por ultimo el mismo reino de Chile nos dará numerosas familias que vendrán gustosas á situarse en esta parte de su cordillera, siempre que el gobierno sepa presentarles el aliciente de una pronta y conocida utilidad.