En la trasnochada de esta noche, y camino hecho esta mañana, llegamos á las 10 al parage nombrado los Monigotes, donde à poco rato vino á visitarme el cacique Epumur, su hijo y toda la familia. Allí nos dió las últimas pruebas de su amistad y honradez. Entregó toda la hacienda que se le habia dejado en guarda, con solo la falta de un buey que se murió el dia que se le entregaron, y conservó el cuero y osamenta, que presentó á su dueño en comprobante. Se le satisfizo su trabajo, y gratificó del modo posible, manifestando quedar contento. Me dió puntual noticia del estado de la indiada: me ratificó cuanto me habia mandado decir acerca de los parlamentos tenidos entre ellos, y la necesidad de caminar con cuidado hasta Palantelen, sin embargo del mucho miedo que tenia Lincon en vista del movimiento de tropas españolas en la frontera, receloso de que se dirigian á castigarle por las anteriores ocurrencias. Me pidió de nuevo olvidase las cosas de Lincon, y le ofrecí hacerlo.
En estas circunstancias llegó mensage de este, insistiendo en que le permitiera entrar à hablarme á la Cruz de Guerra: lo cual le concedí á vista de Epumur. A las 3 de la tarde llegó al campamento Casimiro Leiva y su padre, que despaché á la frontera despues de haber recibido á Antenau, y las contestaciones del gobierno referentes á lo ocurrido en Salinas. Por él supe el estado de nuestra frontera, ademas lo que me espresaba el comandante general de ella, y su retirada á Palantelen, á virtud de aviso que les comuniqué por el mismo Leiva, para evitar gastos: resultando de todo doblemente oportuna esta diligencia, y mayor el motivo de agradecimiento en los indios de Epumur y Quinteleu, que acompañaron á Leiva y Casimiro su hijo. A las 5 de la tarde se despidió Epumur, y nos pusimos en marcha hasta las 11 de la noche, por haberse roto el ege de una carreta.
Al este del parage de los Monigotes, como á legua y media y á sus márgenes, hay una tolderia, la cual nos surtió de agua para la hacienda en esta jornada; y aunque la resistian los indios, se les contentó con cuatro reales. En este dia ha sido fuerte el sol: el viento por el nord-este. Se halla atrasado en su tropa el capitan Morales, y la retaguardia al cargo del capitan D. Manuel de Represa le auxilia hasta la Cruz de Guerra, en donde hará alto para el descanso de la hacienda, reparo y reunion de las carretas.
16, DOMINGO.
Habiendo continuado la marcha en esta noche, llegamos á las 3 de la mañana à la Laguna de la Cruz de Guerra, en donde hemos parado todo el dia para que se compongan las carretas, y repongan los animales con los pastos y aguas, despues de una tan larga travesía. Hice reseña de las carretas, y se halló que las tropas atrasadas eran las del capitan Morales, Juan Manuel Rodriguez y D. N. Lascano: aunque estas últimas en poca distancia, y la primera en los Monigotes, donde al tiempo de la marcha se detuvo para dar algun descanso á sus animales, que encargó particularmente al cacique Epumur. El capitan de retaguardia le instó á su marcha, y se resistió diciendo, no necesitaba ya de convoy. Mandé gente de refuerzo, y òrden para que sin mas demora, estando refaccionadas las carretas, marchasen á reunirse. En esta tarde se ha presentado con su gente el cacique Lincon, muy sumiso y atento: se le otorgó que alojase á poca distancia esta noche, y quedamos amigos. El viento ha estado por el oeste nor-oeste, sin haber ocurrido mas novedad.
17, LUNES.
Reunidas todas las tropas, nos pusimos todos en marcha á las 4 de la tarde, continuando como dos leguas, en donde permanecimos hasta las 3 de la mañana en que seguimos: cuya jornada han hecho todas las tropas de carretas, menos la de Morales, á quien despaché la tarde antes tres carpinteros, y órden de avisarme si necesitaba bueyes, para remitirlos con el aviso que me diese el capitan de retaguardia; quien me dió parte quedar todo remediado. El dia ha estado de mucha calor y ardiente por el oeste nor-oeste, sin haber ocurrido mas novedad.
18, MARTES.
A las 3½ seguimos nuestra marcha, y á las 10½ paramos una legua mas al nord-este que las lagunas nombradas las Hermanas. A las 3 de la tarde marchamos, y á las 6½ llegamos al nord-este de la Laguna de Palantelen, como 1,500 varas. En este dia tuvimos la pèrdida de una carreta del tropero Nicolas Villamayor, por una fuerte quemazon del campo que nos tomó en este tránsito, y de la cual no pudo separarse esta carreta, por haberse encajado en una viscachera, huyendo del fuego que la alcanzó y redujo á cenizas: habiendo librado con la mayor felicidad las demas tropas de carretas, en fuerza de las mas activas diligencias.