Es jugadora.

Casi siempre avara.

Algunas veces maestra de miga... (de amiga dicen los que hablan en toda regla.)

Viste muy oscuro.

Cuenta mil aventuras amorosas de su juventud.

Es muy atendida de los clérigos y de las madres de familia.

Va de tertulia á la oración, á casa de las vecinas, y nadie va á su casa.

Da días, y no los recibe.

Envejece sin haber vivido, como otoño sin primavera.

Muere, y nadie la llora.