¡Y la mejor protectora de los mozos! A la edad que ya tiene, cobra un maternal afecto á los galanes de las muchachas nuevas; se deja llamar fea por ellos, y les ayuda en sus empresas amorosas, con tal que sean lícitas y honestas.
Llora en los duelos de todo el mundo.
Vuelve á amar su talento, y explota sus habilidades de niña para subsistir.—¡Sus padres han muerto! ¡Sus hermanos se han casado!
Se hace querer por su docilidad, por su amable trato, por sus buenas costumbres, por su bondad exquisita.
Se vuelve filósofa; pero filósofa cristiana.
Aspira al cielo, donde no hay feas ni bonitas.
Ama á Dios, porque sabe que para Dios su fealdad es un mérito.
«¡Bienaventurados los que lloran!» dijo el Salvador del Mundo.
Visita mucho las iglesias.
Va á misa mayor á la catedral, si hay catedral, y, si no, á la colegiata, y, si tampoco hay colegiata, al templo más concurrido.