Pero no creo haberme despedido lo bastante de la Puerta del Sol, y retrocedo sobre mis pasos para decirle:

—¡Adios, nueva Palmira; fruto precioso de la revolución de Julio; cascajal perdurable; Proteo geográfico, tan pronto laguna como pantano, hoy montaña si ayer derrumbadero; Maelstrom de los coches; digno atrio del ministerio de la Gobernación de España; moderna Troya, en cuyo centro mueren los Ministros demasiado arrogantes; barricada eterna, en que los menestrales acechan á los ministriles; manzana, no de casas, sino de la discordia, entre académicos, ingenieros y capitalistas; Puerta Otomana, que has dado margen á toda una guerra, que empezó por donde concluyó la de Oriente (por la demolición de algunos edificios), y terminará Dios sabe cómo!—¡Adios!—¡Quieran los cielos que, cuando yo vuelva, te hayas convertido en un lago como Pentápolis!

IX.
EL OTOÑO EN LA CORTE.

(Carta que el «Madrileño» recibió, ó más bien supuso haber recibido, estando en el campo.)

¡No nos escribas más cartas acerca de los valles y montañas de Santander!—¿Qué pueden interesar ya á los suscritores de La Epoca las delicias del campo, ni los baños de Ontaneda, ni los de mar, ni los saltos de los pasiegos, ni las apuestas de los barreneros de esas minas, ni las proezas de los tiradores de barra, ni los triunfos de los jugadores de bolos, si el verano puede darse por concluido, si pasado mañana principia el otoño, si nadie piensa ya en los placeres de la naturaleza, si todos suspiran ya por los placeres del arte, si no hay quien desee salir de Madrid; si, por el contrario, los que salieron están preparándose á volver, y si tú mismo comienzas á aburrirte y á echar de menos la vida de la sociedad?

¡Vente, pues, mi querido amigo! ¡Vente á este mare-magnum, que ya principia á encrespar sus olas! ¡Ven, que ya amanece el año madrileño de 1859!... ¡Ven, y lánzate á este torbellino de ambiciones, de novedades, de espectáculos, de peligros, de grandezas, de miserias y de locuras, fuera del cual no podemos vivir un año entero los que ya lo conocemos á fondo!—Y es que Madrid se parece á esas coquetas encantadoras que despreciamos tanto como las apetecemos, y que abandonamos para siempre todas las noches, sin perjuicio de volver á buscarlas todos los días.

A la hora en que te escribo, ya se empiezan á hacer los preparativos de la feria, y da gusto andar por el paseo de Atocha entre pilas enormes de exquisitas frutas.

Me dirás á esto que tú las tienes ahí más exquisitas, y colgadas de los árboles como su madre las parió, y yo te replicaré que aquí las frutas sirven de fondo á un cuadro animadísimo de muchachas como se preciso..., ya que no muy comm' il faut; pero muchachas, al fín, muy bonitas y elegantes, entre las que figuran A... E... I... O... U... y otras varias y diversas, que ya han regresado de Chamberí, el Molar, Carabanchel y demás residencias veraniegas... de tercera clase.

¡Oh! ¡sí! Las diligencias y los correos vienen atestados hasta los topes, es decir, hasta los cupés...

El Prado se puebla de emigrados que ostentan las últimas modas de París, Lóndres y Viena...