Entretanto, en palcos y butacas salían de entre los pliegues de sus capuchones mil elegantísimas damas, como otras tantas flores que abrían su caliz al primer gorjeo de los pájaros (alusión á los violines), para tomar el sol (alusión al gas) revelador de su hermosura.

Y todo fué durante aquel cuarto de hora reconocimientos, sorpresas, saludos, apretones de mano y miradas de azúcar derretido...

El uno venía de Alemania, la otra de Suiza, fulana de París, mengano de los Pirineos...

En esto comenzó el preludio de la Traviata.

1858.