—El Labi.
—¡El Labi!
—Sí, señores...; el Labi..., aquel torero empírico, aquel gran poeta, aquel político consumado. ¡Y la ingrata prensa no ha escrito su necrología!—El Labi fué uno de los españoles más españoles que ha producido España. El fué quien exclamó en Bayona, enojado de los sarcasmos que le dirigían algunos franceses: «¡Yo desprecio á Vds. y á todos los extranjeros que hay aquí!» El fué quien, en un convite célebre, improvisó aquellos versos:
Un hombre bien comido, bien bebido y bien querido,
Se mete en la cama y se queda dormido.
¡El fué quien se hizo querer de una famosa criatura «por lo bruto y lo solificante que era»(fueron sus palabras!) ¡El, quien pisó sombras y se lavó con ponjas! ¡El, quien citó á un bicho de la ganadería de cierto canónigo, diciéndole: ¡Embiste, presbítero! ¡El, quien brindó en Bayona, dirigiéndose al Prefecto, antes de matar un toro: ¡Por VOUS, por la mujer de VOUS, por los amigos de VOUS, y por el VOUS de todos los franceses! ¡El fué, en fín, quien en Julio de 1856 acompañó á Espartero en su paseo póstumo por las calles de Madrid, y le dió en la del Prado famosísimos consejos, que hacen olvidar los de D. Quijote á Sancho!—¡Ah! este hombre (Manuel Diaz (a) Labi) conoció que no cabía en la caduca Europa, y partió á la virgen América en busca de nuevos horizontes.—¡Ha muerto; sí!... Pero de él puede decirse lo que Chateaubriand dijo de Napoleón:—«Ninguna estrella ha faltado á su destino: la mitad del cielo alumbró su cuna, y la otra mitad ilumina su sepulcro.»—¡Dios le tenga en su gloria!
—¿La señora ha llamado?
—El té.
—Aquí tenemos al Barón...
—¿De dónde tan tarde?
—Vengo del Príncipe, de ver el drama nuevo.