—¡No ha habido ofensa! Sólo ha habido alusión... Y, á propósito: diga V. en La Época que ya es tiempo de que acaben los hombres necesarios en política y las mujeres necesarias en amor...—¡No más ídolos! ¡No más fetichismo! ¡No más señorita B. y señorita H.!
—¡Yo no puedo decir eso en un periódico ministerial!...
—Pues diga V. al Gobierno que ya es hora de desamortizar á las mujeres...
—¡Cuidado con el fiscal, señoras!
—Que no queremos residir en manos muertas...
—Matilde, en nombre del concilio de Trento, le quito á V. la palabra.
—Que estamos cansadas de ser bienes de propios.
—Eso no es exacto. Yo sé de algunas que son males de ajenos.
—Que queremos que se nos devuelvan las garantías constitucionales.
—Señoras, la constitución de Vds. no ofrece garantías...