—Advierta V. al Sr. Salas, que en los Conciertos Religiosos de esta Cuaresma no olvide el Miserere de nuestro ilustre compatriota el maestro Palacios, composición célebre en toda Europa y desconocida en Madrid.
—Anuncie V. la llegada de la Guy-Stephan.
—Proteste V. contra ese empréstito de 30 millones de duros que piensan votar los yankees para comprarnos la isla de Cuba. ¡Diga V. que si esa cantidad se repartiera entre todos los actuales poseedores de la perla de los mares, nos corresponderían dos napoleones por cabeza, y que aquí no sabemos de ningún español que venda tan baratos á millón y medio de hermanos suyos!
—Hable V. del Circo Gallístico, que tan animado está los domingos y los jueves...
—Describa V. el magnífico espectáculo que ofrecía la otra tarde El Ariel, donde lo mejor de Madrid presenció la gran partida de pelota entre Visimodu y los hermanos Pello.
—Y diga V. que Madrid entero... que toda España... ha soltado una carcajada homérica al saber que los granadinos han silbado el Cid de Fernández y González, drama aplaudido en todos los teatros de la Península, representado treinta noches en Madrid y elogiado por trescientos periódicos. Haga V. notar que Granada es la patria de Fernández y González, y que, por consiguiente, han sido sus amigos, sus compañeros de la infancia, los que han protestado contra una gloria tan legítima, contra un triunfo tan indisputable. Pregunte usted á aquel público si se cree más literato y mejor crítico que los demás públicos de España, ó si sólo tuvo presente aquella noche la frase de Jesucristo: nadie es profeta en su tierra. Dígales V. que este rasgo de malignidad lugareña, que esta calumnia de vecindad, que esta conjuración de comadres es indigna de un pueblo culto,—así como propia de gentes degradadas y ociosas, sin ambición ni porvenir, impotentes y nulas para todo lo grande y generoso. Dé V. las gracias, en fín, á los periódicos de aquella desventurada ciudad, por la nobleza con que se han alzado contra semejante miseria y mezquino proceder, y añada V., por mi parte, que muchos granadinos nobles é ilustrados me han escrito llenos de vergüenza y de indignación, pidiendo que su voto conste con el de la minoría.
—¡Gracias Vizconde; gracias por esos arranques de corazón!—Ahora, con permiso de ustedes, me retiro á mi casa, á fín de poner en orden todos los materiales que me han dado.—Beso las manos á las señoras, y que me besen los piés los caballeros.—He aquí mi saludo y mi programa.
1859.