¿Y qué he de ser yo, desdichado? ¿Qué he de ser?
Y nosotros nos iremos,
y no volveremos más.
¡Ah! yo no quiero irme: yo quiero volver: inmolo demasiado en la contienda para no salir victorioso: triunfaré en la vida y triunfaré de la muerte... ¿No ha de tener recompensa esta infinita angustia de mi alma?
Es muy tarde.
La copla de la difunta sigue revoloteando sobre mi cabeza.
La Noche-buena se viene...
¡Ah! ¡sí! ¡Vendrán otras Noches-buenas!—me he dicho, reparando en mis pocos años.
Y he pensado en las Noches-buenas de mi porvenir.
Y he empezado á formar castillos en el aire.
Y me he visto en el seno de una familia venidera, en el segundo crepúsculo de la vida, cuando ya son frutos las flores del amor.