¡No: no la veía!... Quise buscar un reflejo de sus facciones en el rostro de nuestros hijos, y el hogar empezó á apagarse.
Y cuando se apagó completamente, yo seguía viéndolo...
¡Era que sentía su calor dentro de mi alma!
Entonces murmuré por última vez:
La Noche-buena se va...
Y me quedé dormido..., quizá muerto.
Cuando desperté, se había ido ya la Noche-buena.
Era el primer día de Pascua.
1855.