En un lado da voces un palanganero de pino, diciendo:

—¡Aquel es mi amo! Yo le hacía la toilette cuando era escribiente... ¡Desde el día en que me dejó, no ha vuelto á cantar al tiempo de lavarse!

En otro lado las cómodas descerrajadas tiran de la levita á los ladrones desconocidos.

La palmatoria que presenció los ensueños del poeta, le hace guiños, como trayéndole á la memoria los instintos sublimes de su adolescencia...—Pero el poeta es diputado á Cortes, y pasa de largo...

Alfombras, cuadros, pupitres, cepillos, tenazas, confidentes, lavabos, atriles, armarios, baules..., todos saben algo, todos reconocen á alguna persona, todos representan una ingratitud, una injusticia, una decepción, una desgracia, un escándalo, una ruina!—¡Y todos dicen muy principalmente aquella gran verdad de que Madrid es una casa de huéspedes, donde no hay familia, ni hogar, ni casa, ni recuerdos, ni veneración, ni tradición, ni costumbres, ni religión... en el sentido lato de la palabra!

¡Oh, jóvenes recién llegados á la corte! Tratad superficialmente á vuestros muebles;—yo os lo aconsejo.—No toméis cariño ni á vuestra cama, ni á vuestro sillón, ni á vuestro escritorio: no intiméis con el sofá ni con las sillas: no contéis vuestros pesares al espejo: no selléis con vuestra sangre ningún bronce: no derraméis lágrimas sobre ningún mármol! ¡No améis nada en Madrid! ¡Nada!! (entiéndase siempre que hablo de objetos inanimados). Saludad á la ligera la portière y la cortina: tocad con el filo de los labios la taza en que tomáis el té y el vaso en que bebéis el agua; mirad con la misma indiferencia la chimenea que os conforta y el baño que os refresca; no depositéis vuestra confianza ni en la carpeta en que escribís, ni en la caja de palo-santo donde guardáis la ceniza que se os va cayendo del corazón...

¡Sed finos y corteses (¡y nada más!) con el estuco y el cerezo, con el hierro y el oro, con el alcornoque y el cristal, ó temed, si les tomáis cariño, encontrarlos de venta en las ferias del año venidero!

1858