El corazón se desploma helado en el fondo del pecho, como un cadaver en la sepultura... Prorumpe al fín la fuente de un inacabable llanto... La soledad os ahoga entre sus brazos de hierro... Vais á morir...

Entonces veis ondear á lo lejos un pañuelo blanco...

¡Es ella! ¡Es ella! ¡Ella otra vez! Es su voz, es su mirada, es su beso, es su corazón, es su alma que os visita de nuevo...

Así vivís otros fugitivos instantes...

Pero cuando el pañuelo blanco se reduzca, se achique, desaparezca completamente en alta mar... ¡perded toda esperanza! ¡Las puertas del paraiso se han cerrado detrás de vuestros pasos!

Mas, si tenéis otro pañuelo, él será vuestro paño de lágrimas.

1857.