Tras de Moratín vino Larra, cuya educación en el extranjero, su estudio de nuestros escritores y su genio propio marcaron en inmortales obras un nuevo progreso para el habla de Cervantes, en que por primera vez se pensaba libremente y se expresaba el resultado del pensar bajo la garantía del derecho del hombre.
La prensa periódica, al mismo tiempo que con la grosería del obrero señalaba por medio de giros extraños la falta de costumbre en el lenguaje para decir ciertas cosas, indicaba, sin embargo, al hablista culto una necesidad que era preciso satisfacer, dentro del caracter genérico y tradicional del idioma, y sometida la lengua á esta revolución diaria, si se corrompía por un lado con el uso de extraños giros, ganaba por otro con el culto que se rendía á la verdad y á lo gráfico de la expresión, sacrificando, si se quiere, tradicionales fórmulas y conceptuosas y pueriles sentencias, perífrasis y regímenes que están reñidos con la ideología universal.
Además, sería en muchos casos difícil, si no imposible, decir cuándo, entre idiomas del mismo origen etimológico y gramatical, es extraña en el uno la irrupcion del otro, ó cuándo se verificó esta, habiendo estado recíprocamente sometidos entre sí á influencias poderosas.
Palabras y giros hay en francés y en italiano que son españolicismos en dichos idiomas, al paso que arcaismos en el nuestro, y lo mismo puede decirse en contrario sentido.
Así como las personas se diferencian, no por las partes de que están compuestas, sino por la fisonomía general, así, á mi modo de ver, los idiomas congénitos se distinguen por su sintaxis y su prosodia, más que por su etimología. Conste, pues, que es arriesgado tildar de galicismo el uso de una palabra, que por no existir ó por haber caido en desuso, deja de representar una idea de necesaria emisión, al referir un concepto.
Con lo expuesto basta para deducir que, así como España necesitaba unirse por su política y por sus costumbres al ideal de la civilización de que había estado separada, hacía falta al idioma esa libertad de acción, esa moralidad, esa honradez con que la forma debe servir á la idea, no como esclava sumisa ni como señora imperante, sino como hermana dulce y bondadosa compañera.
A poco que se examinen los escritos de Alarcon, vése en ellos una genialidad propia, una felicidad de expresión, una tan natural y suave manera de ir sirviendo con el lenguaje á las ideas más espirituales ó á las transiciones más bruscas, que, aparte de lo que se dice en ellos, sus artículos vivirán siempre como una nueva eminencia que señala moderno adelanto en el idioma. No conocemos escritor compatriota que disponga de una forma más ductil y exacta para expresar de pronto y con rapidez pensamientos más distintos. Si la pereza del trabajo material no se apoderase de nuestra mano, citaríamos en montón trozos de riquísima prosa, en que con la rapidez del relámpago pasa una idea brillante, una observación cáustica, un gemido seco, una alegría infantil, sobre el tranquilo reposo de un periodo, ajeno á tales sensaciones por el objeto que describe ó el sentimiento que analiza.
Son, pues, estos trabajos, no sólo museo exquisito de cosas que fueron, sino expresión exacta del modo mejor de escribir, más artístico y más en consonancia con su tiempo y con la prosa castellana en mitad del siglo XIX: si defectos tienen son los de su época, como sus bellezas y sus giros. Habrá escritores más correctos que Alarcon, pero no más contemporaneos; que, si mérito tiene hoy quien esculpa una estatua de Júpiter Olímpico, no le vá en zaga el escultor que logre representar fielmente la grandeza de un Washington, de un Nelson ó de un Cavour.
Si se me tacha de exagerado, responderé con Chanford: «Acúsaseme de alabar á mis amigos; ¡como si antes de ser amigos mios no se hubieran conquistado mi amistad con esas mismas cualidades que en ellos alabo, y que no conocía!»
Lo que sí puedo asegurar, sin temor á que la experiencia me haga arrepentirme, es que el lector puede abrir este libro por cualquiera de sus páginas, sin miedo á hallar una vulgaridad de pensamiento ó una grosería de estilo.