Todo lo que este deseaba ó temía se ha verificado ya. La modesta linea, cuya inauguración describía en el artículo De Alicante á Valencia[1], es una red de ferro-carriles, y los doce años de silencio que median entre las profecías del autor y la publicación de este libro, son el cable submarino, el istmo de Suez roto, la perforación del Mont-Cenis, la caida de Francia, la formación de Italia y de Alemania, la gloria del Callao, la revolución de España, todo, en fin, lo que antes era un siglo. Vese, además, en estos artículos el tedio del soltero, su ardiente afán de descifrar un porvenir que hoy (digna recompensa á tantas penalidades) es una casa tranquila, una mujer hermosa, pura y buena, y una familia encantadora. En su estilo bullen la agitación de un hijo del siglo XIX, la tristeza de un español que no sabe de qué ufanarse, la angustia de un corazón afectuoso que llora sobre todo lo que desaparece; que en La Noche-buena clama por el hogar; en Las ferias de Madrid se resuelve contra esta vida de hotel que vamos adoptando, gimiendo sobre los muebles profanados ó las reliquias santas, vendidas al peso, y en el Mapa poético de España conduélese viendo desaparecer los varios caracteres, trages y costumbres de las provincias. La cualidad que más revela el autor en este libro, formado, como las diversas capas geológicas de la tierra, por diversas influencias é impresiones, es su idoneidad para todos los géneros de literatura.

Si queréis ver un crítico, más libre de la tutela de los preceptistas que el eminente Larra, leed los artículos sobre Fanny, Edgar Poe, Los Pobres de Madrid, La desvergüenza, Las zarzuelas[2]. En ellos, más que con el cartabón y la escuadra de los preceptos, hácese la crítica depurando en un crisol filosófico la esencia moral y social de las cosas.

Si queréis deleitaros con un espiritualismo lúcido y con un ascetismo inteligente, los veréis relucir en su Carta á Castelar, en De Villahermosa á la China y en el Año nuevo.

Los artículos Bellas Artes, La Ristori, y el viaje De Alicante á Valencia son la ejecutoria de un artista.

Como escritor analítico, son muestras de admirable observación y claridad de percepciones El pañuelo, La fea, autopsia, A una máscara, Cartas á mis muertos, etc.

Como estilista sin rival, como personalidad sin parecido en el terreno de las letras, donde brilla la figura de Alarcon con luz propia y bellísima, sirven de ejemplos constantes Las ferias, El pañuelo, los trozos del Diario de un madrileño y las Visitas á la marquesa, donde hay diálogos, descripciones y discursos que bastan por sí solos á hacer este libro una joya más de nuestra literatura, y un digno modelo para los que se dediquen en España á esta forma tan dificil y compleja, tan sin reglas y sin criterio, como que responde á la manera pública que tienen de manifestarse cosas tan difíciles de manosear, como el hogar doméstico, la fiesta de familia, la aventura galante, y todo ese mundo de acciones individuales que, por medio de la imprenta periódica, tienen su crítica constante en las columnas de los periódicos.

IV.

Clasificados ya por géneros los diferentes artículos que esta obra contiene, preciso se hace que justifiquemos nuestras alabanzas, ocupándonos de la importancia del escritor y sometiendo al análisis el conjunto de sus inspiraciones para deducir el caracter general que en ellos se revela, la resultante, por decirlo así, que producen fuerzas á tan opuestos fines dirigidas, y encontrar la unidad literaria y progresiva que dé justo título al Sr. Alarcon para figurar entre nuestros primeros escritores.

Así como el término de todos nuestros juicios son ideas absolutas, así todas nuestras acciones, por diversas y complejas que hayan sido, deben contener un fín único, invariable; y si tal cosa no se ha realizado, puede decirse del individuo que no ha vivido ó que ha derrochado su vida y dejado evaporar su espíritu entre la duda y la impotencia. Las ideas sin forma son delirios: las formas sin ideas son mecanismos del instinto animal. Arte, sin independencia, sin libertad, sin progreso, es cadaver embalsamado, marioneta, cuyos movimientos compasados y rígidos dejan traslucir lo inerte de la materia. Cuando toda la idea que del arte se tiene es prestar culto ciego á una forma antigua, el arte muere entre el ridículo de sus propias hechuras; porque lo plástico, lo material no es más que el ropaje y atavío exterior de la idea, y mal puede ésta, nueva, variable y progresiva, contenerse y adaptarse á moldes únicos y constantes. Pero así como en el progreso del cuerpo humano se llega á la pubertad, conservando todo lo integrante del niño, así en las nuevas formas que la idea se busca para manifestarse clara y artísticamente no hay que renegar de lo ya conquistado y poseido. Progresar no es destruir, sino continuar la perfección de una forma y de una idea anteriores, y esta noción tan clara y sencilla es la desesperación de los soberbios y la dificilfacilidad que sorprende á todas las multitudes.

La prosa española, á cuya formación contribuyeron afluentes tan ricos, fué poco á poco mostrándose con un carácter peculiar y propio; pero, detenida en mitad de su progreso por causas extrañas, tuvo que dedicarse á asuntos esencialmente casuísticos ó ascéticos, ó á la representación exacta de lo material y de costumbres rebajadas y groseras. Mientras tanto, la Europa continuaba su marcha, y España, que había estado á su cabeza, fué poco á poco quedándose más distante en el camino del progreso. Costumbres más francas, atrevimientos felices, asociaciones más cultas, investigaciones más profundas, especulaciones menos temerosas de la Inquisición ó del despotismo, osadías científicas, iban depositando en lenguas extrañas palabras y giros que no se implantaban al mismo tiempo en nuestro idioma. Este se hizo extravagante, después vulgar, luego rígido y severo con los preceptistas, ó libre y desenfrenado con la licencia, pero nunca natural, como el de Cervantes, ni conciso y claro como el de Melo y fray Luís de Granada, con el natural progreso de tiempos é ideas modernas y distintas.