Dediqueme, pues, a coordinar mejores preguntas, y viendo que no se me ocurrían, me puse a reflexionar.
¿Por qué había subido aquella mujer en el primer relevo de tiro y no desde Granada?
¿Por qué iba sola?
¿Era casada?
¿Era viuda?
¿Era...?
¿Y su tristeza? ¿Quare causa?
Sin ser indiscreto no podía hallar la solución de estas cuestiones, y la viajera me gustaba demasiado para que yo corriese el riesgo de parecerle un hombre vulgar dirigiéndole necias preguntas.
¡Cómo deseaba que amaneciera!
De día se habla con justificada libertad... mientras que la conversación a oscuras tiene algo de tacto, va derecha al bulto, es un abuso de confianza.