—¿Me amas?

—Con toda mi vida.

—Pues vete y ¡vuelve! Adiós...

Dijo y me suplicó que la dejara y que partiese sin perder momento.

Despedime de ella, y partí a *** aquel mismo día.

III

Llegué a ***.

Preparé mi casa para recibir a mi esposa; solicité y obtuve, como sabes, otro mes de licencia, y arreglé todos mis asuntos con tal eficacia, que al cabo de quince días me vi en libertad de volver a Sevilla.

Debo advertirte, que durante aquel medio mes no recibí ni una sola carta de Blanca, a pesar de haberle yo escrito seis. Esta circunstancia me tenía vivamente contrariado. Así fue que, aunque solo había transcurrido la mitad del plazo que mi amada me concediera, salí para Sevilla, adonde llegué el día 30 de abril.